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Lo mejor para el club sería que una gestora independiente, con personas de prestigio, encargaran a expertos externos el análisis y diseño de una refundación del Barça con una nueva estructura jurídica. El fútbol ha dejado de ser únicamente un espectáculo.

Hoy tengo la oportunidad de poder exponer mi opinión, pero, sobre todo, ideas que los barcelonistas deberíamos plantearnos seriamente. No podemos permitir que se nos distraiga con cambios de entrenador, fichajes u otras cortinas de humos. El problema de FC Barcelona es mucho más profundo y grave, y hay que actuar. Quede claro que este artículo no tiene para nada ni la preparación de una candidatura a la presidencia ni fomentar una moción de censura que lo único que hace es dividir y enfrentarnos a todos. En absoluto. Este documento pretende poner encima de la mesa, de una vez, la imperante necesidad que tiene el club de hacer tabula rasa, reinventarse y prepararse para un futuro, ya presente que será duro, competitivo y que nos puede desplazar según lo que hagamos a ámbitos desconocidos.

Lo que está sucediendo en el FC Barcelona, no va sólo de futbol, va de mucho más, va de gestión, de estructura jurídica y social, de economía y, sobre todo, de gobernanza. El FCB debe decidir qué quiere ser en el futuro: un club puntero que cada año sea candidato a ganar títulos importantes y por ende genere ingresos suficientes para estar en la élite del fútbol mundial; o, por el contrario, ser un club, como tantos hay, que compita por títulos esporádicos o secundarios... Ambas opciones son muy respetables y loables, pero requieren acciones y decisiones muy distintas.

Seguimos con la falacia de que el club es propiedad del socio/a. Esta es una afirmación que no se corresponde con la realidad. El socio no tiene acciones, es un asociado y el día que deja de serlo, no tiene vínculo alguno con el club. El asociado tampoco asume responsabilidad ni obligación con la parte correspondiente de la deuda del club, ni pierde ninguna inversión realizada, pues, sólo paga por el servicio a través de su cuota anual y puede desvincularse en el momento que lo desee sin vender nada. En el peor de los casos, si hubiera un deterioro económico, cabría la posibilidad de que la junta directiva propusiera una derrama que debería ser aceptada por toda la masa social, algo que en los momentos actuales se presenta harto difícil. ¿Así pues, quién tiene la propiedad real del club? Seamos realistas y, a la vez, obvios, lo son oficiosamente los principales patrocinadores y los grandes proveedores de la industria de la comunicación, que son quienes ostentan el poder y su influencia en las decisiones relevantes y estratégicas.

Por lo tanto, el FCB, que es una entidad jurídica, denominada asociación, tiene unos estatutos desfasados, totalmente anticuados para ser eficientes en el tremendo, audaz y competitivo mundo del fútbol actual. Ya no es un deporte, ha dejado de ser únicamente un espectáculo, ahora es una industria, un negocio que mueve unas cantidades de dinero sonrojantes en un ámbito sostenido y reglado por unas normas y mecanismos jurídicos anticuados. Una muestra de ellos son las decisiones de extraordinario calado que no pasan por la asamblea de compromisarios; teóricamente, el órgano soberano del club.

Es más, se adoptan decisiones de enorme trascendencia, como renovaciones o fichajes de jugadores, sin consultar a nadie, y ésas sí son relevantes económicamente. No se puede soplar y sorber al mismo tiempo y eso es lo que se hace desde hace demasiados años. También es cierto que este órgano asambleario está desfasado, es ineficiente e inadecuado.

También deberíamos pensar en desmitificar el “més que un club”. Lo digo en sentido positivo, porque, si lo tomamos en el negativo, quizás sí que lo somos… ¿Queremos mantener las secciones? La respuesta es evidente: sí. Ahora bien, lo que no queremos seguro es que el Barça sea propiedad de un Estado, de un oligarca, de alguna multinacional poderosa o de algún fondo de inversión que lo manejen a su antojo. El FCB debe ser una institución arraigada a su territorio con abierta socialmente y con vocación universal y esto está fuera de toda duda. En cambio, sí querríamos hallar la fórmula mágica que nos permitiera disponer de los mejores recursos en todos los ámbitos para alcanzar nuestro propósito.

Pues, quizás, habrá que buscar vías intermedias que nos permitan gestionar en plano de igualdad frente a los clubs más poderosos. ¿Como? Hace tiempo que algunas personas predecíamos que el club no podría seguir compitiendo en igualdad de condiciones con equipos, cuyos requerimientos financieros les permiten sufrir muchísimo menos pues disponen de recursos casi ilimitados. ¿Se imaginan que la Fundació Barça tuviera entre el 50-60% de la propiedad del club? Ello requeriría unos estatutos reforzados que permitieran que la propiedad no cayera en manos ajenas y, además, tuviera el control de la gobernanza y gestión profesional de la institución. No estoy hablando de inventos extraños.

Pongamos un ejemplo: La Caixa lo ha hecho con CaixaBank, adaptándose a la peculiaridad del sector bancario. Su fundación tiene un peso muy específico en la gestión de CaixaBank; por otro lado, la propia Fundació La Caixa, a través de una gestión eficiente de sus inversiones, genera recursos para aplicar a la actividad social y solidaria de su entorno y de la comunidad. Modelo que, con las particularidades necesarias, podría trasladarse al FC Barcelona, no sólo en la gestión usual del club con la explotación del futbol y otros deportes profesionales que deberían dar resultados positivos, sino también en el mantenimiento y apoyo de las secciones no profesionales y los deportes minoritarios pero necesarios pedagógicamente para el bienestar y la equidad de nuestra sociedad. También se trabajaría en la integración social de personas con todo tipo de dificultades a través del deporte y, cómo no, con acciones solidarias como las que ya realiza ahora la Fundació Barça. Con este soporte institucional, se podrían encontrar socios comprometidos con el club, que asumieran de forma efectiva los objetivos y valores de la institución, por cierto, demasiado olvidados especialmente, en estos últimos tiempos.

Sea como fuere, lo que quizá no admite discusión es que sólo alrededor de 10.000 socios, de los casi 200.000 que tiene el club, decidan quién va a gobernar la institución. A lo que cabe añadir las campañas electorales basadas en palabras y promesas no sólo sin consistencia, sino también, inconcretas y hasta en algún caso falaces o soñadoras, pero irrealistas.

Es inaceptable que un candidato se presente a unas elecciones sin tener los avales que la ley requiere y que luego, de cualquier forma, estos lleguen por las vías más inesperadas e inescrutables, cuando debería ser exactamente al revés: esto es, primero los avales, y luego las elecciones ¿Creen que es lógico que personas o instituciones que no forman parte del órgano de gobierno del club detenten el 50% de los avales? Cómo se entiende, cómo se gestiona y qué implicaciones puede llegar a tener. En ese contexto, a nadie se le escapa que pueden surgir fuertes y delicados conflictos de intereses, con unas indiscutibles consecuencias deportivas, económico y financieras. A lo anterior se debe añadir el daño reputacional para del club y para su prestigio, tal y como, lamentablemente, estamos sufriendo actualmente.

Como decía al principio, esto no va sólo de futbol y de si el equipo es mejor o peor. Ni de entrenador, ni de fichajes, ni de salarios ni de amor al club. El amor lo tenemos aquellos que cada año, con más o menos esfuerzo, nos rascamos los bolsillos para poder disfrutar de nuestra pasión, apelar a nuestras raíces, agarrarnos a nuestros sentimientos a través de nuestros colores. Estoy seguro de que algunos jugadores sienten la camiseta, aunque no todos juegan por amor a unos colores y es lógico. El futbol, hoy en día, es una profesión. Muy loable, por cierto, aunque algunos no lo entiendan así o, simplemente, no lo asuman. Creo que, en cierto modo, es comprensible que a un joven de 20-30 años le resulte difícil soportar la terrible presión que significa ser jugador de fútbol pues hoy eres “Dios” y al cabo de unos días estás condenado a los infiernos. Por otro lado, son pocos los elegidos que, por si fuera poco, tienen que velar por sus propios intereses.

Además, si en algún momento de la historia, el destino decide que aparezca y recale en nuestro club un Messi, que llega con 12 años y sólo con su voluntad, empeño y talento para triunfar -que somos capaces de identificar y luego darle la formación que necesita tanto personal como deportiva- logra luego ser el mejor de la historia; y que se mantiene en el club 21 años, pudiendo haberse marchado como hicieron otros con muchísimas mejores condiciones; desprenderse de él de la forma en que se ha hecho es vergonzoso a todos los niveles, porque Messi, como se está demostrando en el PSG, ha amortizado ya su reciente fichaje. Por otro lado, añadir que, aunque pocos lo han dicho, sin su presencia, los ingresos mermarán y no me refiero únicamente al merchandising, que nadie nos engañe con populismos baratos y demagógicos. El Barça con Messi, vale muchísimo más y que no nos expliquen historias.

Si no se remedia, el Barça de los próximos lustros será un equipo más y sólo los vídeos nos harán recordar lo que fuimos y lo que tiramos por la borda. Es por ello que deberíamos huir de luchas cainitas, tan usuales y arraigadas en nuestros lares. Si queremos volver algún día a la elite, hemos de diseñar una entidad que proteja las raíces, valores, historia del club pero que, a la vez, nos permita competir con los mejores para continuar siendo una gran institución de referencia mundial. Además, sin un Barça potente, pierde LaLiga y también los rivales. Pierde el fútbol, la afición y el deporte en sí.

Seguir así, tal cual estamos, es decir, con demagogia, con mensajes populistas, con palabrería vacía, con egos desmedidos, con luchas de poder absurdas y, quizás, también demandas y pleitos de todo tipo, será la decadencia definitiva, el descenso a unos infiernos que las jóvenes y no tan jóvenes generaciones jamás llegaron a imaginar.

El mejor acto de servicio y amor cierto al club sería que el presidente y junta actual se apartaran y dieran paso a una gestora provisional independiente con personas de prestigio, reputación y, por supuesto, sin dobleces, que, a su vez, y con implicación y eficacia, encargaran a expertos externos e independientes el análisis y diseño de una refundación del club con una nueva estructura jurídica que pudiera ser aprobada con diligencia, con agilidad para empezar a enhebrar y reconstruir el gran club que debería ser el FC Barcelona.

No podemos contaminarnos de un entorno tóxico, al contrario. Construyamos unidos y juntos el Barça que todos queremos y con el que alcanzar de nuevo los sueños de tantos millones de seguidores que tenemos por todo el mundo. No dilapidemos lo conseguido hasta ahora. Depende de nosotros. Esto no va de amor, ni de gestos. Va de hechos, audacia, inteligencia, de anteponer los intereses del club a los propios. ¿Lo conseguiremos? Tengo grandes dudas, es muchísimo más fácil destruir, criticar a diestro y siniestro que construir, pero ojalá estas líneas sirvan, como mínimo, para que los culés de todo el mundo lo meditemos, bien antes de decidir si nos quedamos tal cual estamos o si, por el contrario, nos atrevemos a reconstruir un Barça moderno, innovador, admirado, respetado y líder, pero también solidario y social. Está en nuestras manos.

 

Gabriel Masfurroll, exvicepresidente del FC Barcelona

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