Gobernanza y negocio: el pulso de poder por el control del fútbol

Desde la crisis de la FIFA en 2015 hasta el control económico de los clubes, el deporte rey cierra una década de transformación radical y nuevos retos a corto plazo: un calendario sostenible para todos y una optimización en la distribución de ingresos.

infantino trump fifa mundial de Clubes 2025

En mayo de 2015, la detención de altos cargos de la FIFA en Zúrich hizo tambalear los cimientos de la industria del fútbol. Diez años después, el ecosistema ha mutado por completo. Quedan asuntos por tratar y políticas de gestión por mejorar, pero las instituciones deportivas han tenido, en su mayoría, que transformarse en corporaciones fiscalizadas, las ligas han adoptado mecanismos de supervivencia financiera, y los clubes más poderosos han disparado su negocio. En ocasiones, intentado, sin éxito, independizarse del sistema tradicional.

Tras el FIFA Gate, que señaló a gestores y personas influyentes que utilizaron el fútbol para su propio beneficio, el organismo rector del fútbol a nivel global quedó muy debilitado. Aquellas detenciones y las graves acusaciones de corrupción lanzaron al aire una pregunta que giraba por todos los estadios y palcos del fútbol hace justo diez años: “¿Puede una organización tan comprometida gobernar un deporte de esta escala? La respuesta, a lo largo de la década siguiente, no fue ni simple ni completa. Fue un proceso”, resume el informe Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas’, desarrollado por World Football Summit (WFS) con motivo del décimo aniversario de la celebración de su primer evento.

Se crearon comités de auditoría, se sumaron nuevas regulaciones para las candidaturas a ser sede de los Mundiales, se trabajó en separar el brazo político del ejecutivo en la organización y, como uno de los proyectos estrella de aquel entonces, se lanzó el programa FIFA Forward, con el que se buscó que las asociaciones miembro –y en particular, las más pequeñas o de menores recursos– pudieran acceder a fondos que fueran directamente invertidos en desarrollar el fútbol en sus países. Fatma Samoura, la que fuera primera mujer secretaria general de la FIFA, así recordaba aquella época en el WFS Madrid 2017: “Dedicamos 2016 a cambiar la FIFA para que la organización pudiera estar en una mejor posición para trabajar en lo que necesita ser cambiado en el fútbol”.

 

Fatma Samoura, primera mujer secretaria general de la FIFA (2016-2023).

 

Fueron tiempos convulsos para la FIFA y su gobernanza, que, como si de algo cíclico se tratara, vuelve a ser noticia hoy. Tras el controvertido Mundial 2026 de Norteamérica, con injerencias políticas de la administración Trump en decisiones deportivas y una nueva política con el ticketing, que disparó los precios de las entradas a costa de multiplicar los ingresos del torneo, el organismo que dirige el fútbol está salpicado por el intento de su presidente, Gianni Infantino, de vender una parte del negocio del Mundial a fondos privados. Un cambio en las reglas del juego que se ha topado con la oposición frontal de la amplia mayoría de players de la industria del fútbol; y en especial, con el de la UEFA.

 

El arma de doble filo del FIFA Forward

Casualmente, Infantino ha utilizado en su defensa del proyecto, que valoraría el negocio comercial de la organización en 20.000 millones de dólares (17.400 millones de euros), un fuerte incremento en las aportaciones al FIFA Forward, que empezó dando apenas un millón de dólares por ciclo –que son de cuatro años porque van ligados al Mundial–. De ahí se pasó a cinco millones de dólares rápidamente. En este nuevo proyecto, Infantino prometía elevar de 8 millones a 20 millones de dólares las aportaciones que percibe cada una de las 211 federaciones, sin importar su tamaño y actividad. Para el cuatrienio 2035-2038, la cifra ya alcanzaría un tope de 24 millones de dólares (21 millones de euros).

 

 

Es decir: la federación de fútbol de las Islas Cook pasaría a contar, sólo por esta partida, con un presupuesto mayor que el de muchos clubes de LaLiga Hypermotion. El voto del presidente de ese organismo tiene el mismo valor que el de los grandes países en decisiones de este calado. El proyecto se ha caído en pocos días ante la presión de la UEFA, que agrupa a la mayoría de grandes selecciones y que lidera, por ahora con el apoyo de CONCACAF, una corriente de opinión y denuncia contra la gestión actual de la FIFA.

 

La UEFA y su papel de ‘controller’

Y es que en Europa, la gobernanza del fútbol en esta década ha estado intrínsecamente ligada a la sostenibilidad y la transparencia. Un buen gobierno en el viejo continente se entiende por un gestor que cierra los ejercicios en números negros. La burbuja del gasto que ha vivido la industria en las grandes ligas, principalmente, ha empujado en algunos casos, y obligado en otros, a implementar normativas en esta materia que impidieran que los clubes generaran grandes pérdidas y, con ello, deudas impagables a posteriori. La quiebra del fútbol europeo no estuvo lejos hace diez años.

En España, los equipos de LaLiga debían más de 500 millones de euros a Hacienda y 23 estaban en concurso de acreedores, recuerda el informe de WFS. La urgencia era máxima y, por ello, en 2015 se creó el control económico. Bajo el liderazgo y los conocimientos de Javier Tebas y Javier Gómez, respectivamente, la competición innovó y consiguió que actualmente sea, junto a la Bundesliga, una de las más sostenibles en el mundo del fútbol. La clave: trabajar con un sistema preventivo que impide, a priori, grandes desequilibrios. Todo lo contrario que en la Premier League, donde se multa a posteriori, con lo que suceden casos como el del Everton FC y el Burnley FC. Este último club llevó a su rival a tribunales porque se sintió perjudicado al perder la categoría en el campo mientras el Everton incumplía el fair play financiero inglés en los despachos. La Justicia ha dictaminado recientemente que los toffees deberán pagarle 40 millones a los clarets por el perjuicio deportivo y económico derivado de esta situación normativa.

 

En el centro, Ceferin (UEFA), escoltado por Infantino (FIFA) y Al-Khelaïfi (EFC, antes denominada ECA).

 

La UEFA sabe de las pérdidas multimillonarias de los equipos ingleses, así como de los franceses e italianos, con déficits generales en sus clubes por diferentes motivos, y creó tras la pandemia el squad cost ratio. La gobernanza europea decidió asimilar su modelo al de LaLiga y también controla ya con topes los costes a través del mayor gasto que tiene un club: su plantilla deportiva. El límite en este punto se fija respecto a los ingresos totales del club, con un máximo del 70%. Quien supere este umbral es sancionado, y si no equilibra su situación financiera, puede incluso ser vetado de competir en Europa. Ahí reside uno de los retos de UEFA: que su control se limita a los clubes que participan en sus torneos. Pese a todo, el sistema de control financiero de la UEFA permitió con su lanzamiento pasar rápidamente de unas pérdidas agregadas de más de 1.700 millones de euros a un beneficio neto de 600 millones entre los clubes europeos.

 

La Superliga, la distribución de ingresos y el papel del futbolista

Asimismo, el fútbol se ha convertido en los últimos años en un activo muy atractivo para la inversión. Si antes copaban los palcos empresarios locales con motivaciones diversas, al calor de la fama y la influencia que ha ofrecido siempre el fútbol a nivel social, hoy en muchos de ellos se sientan ejecutivos de amplia trayectoria que representan a fondos de inversión –privados y estatales– o grandes corporaciones, así como inversores de todo el mundo que no tienen por qué tener un apego particular por el club que han adquirido. La profesionalización del fútbol se evidencia también en este aspecto.

La globalización acelerada de este deporte ha traído consigo también la importación a Europa de conceptos y modelos que parecían lejanos. El concepto de ligas cerradas es uno de ellos. El estudio de World Football Summit destaca el impacto que tuvo el anuncio de la Superliga, una competición privada, promovida por y para los grandes clubes, que rompía con el statu quo histórico del fútbol europeo. El plan se derrumbó ante la presión de las aficiones y los Gobiernos, con especial hincapié en Inglaterra, que contaba con la mitad de los doce clubes fundadores del proyecto. Pero las consecuencias colean todavía. Los clubes desean tener cada vez más poder de decisión y escucha en la mesa del fútbol. Por ello, la UEFA creó una joint venture (UC3) que trabaja junto a ellos en la comercialización de la Champions League, entre otras competiciones.

 

Javier Tebas, presidente de LaLiga y una de las figuras que lideraron la oposición a la Superliga.

 

A esta mesa ahora se quieren sumar también los futbolistas de forma directa. Con calendarios estresantes y nuevos torneos que nacen cada año, los jugadores, protagonistas del deporte, quieren ser escuchados y poner límites a temporadas en las que disputan más de 75 partidos en algunos casos. Como explicó la exfutbolista Sarah Gregorius, vicepresidenta deportiva de NWSL, en WFS Europe 2021, “si tienes una decisión que afecta tan profundamente a un determinado grupo y no lo has involucrado legítimamente en el proceso, entonces el resultado no es legítimo”.

 


Sobre ‘Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas’

Este análisis forma parte de la serie de contenidos elaborada a partir del informe Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas, desarrollado por World Football Summit. El desafío que afronta el fútbol mundial para alcanzar un modelo de gobernanza que satisfaga a todas las partes será uno de los ejes centrales del programa de WFS Madrid 2026, que se celebrará los días 15 y 16 de septiembre en La Nave. Los lectores de 2Playbook tienen un 15% de descuento en entradas Delegate a través de este enlace.

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