En un sector construido sobre el compromiso con las personas, atraer y retener talento se ha convertido en el desafío más urgente -y más humano- de nuestra industria.

Hay una paradoja que, aunque nos empeñemos, resulta difícil de ignorar en nuestra industria: somos expertos en motivar a las personas para que cuiden su cuerpo y su mente, pero llevamos años con dificultades para motivar a los profesionales que hacen posible esa promesa.

El sector de la actividad física y el bienestar vive un momento de expansión extraordinaria. Los datos de penetración de mercado crecen, la conciencia sobre la salud preventiva se consolida y la demanda de servicios especializados no para de aumentar. Y, sin embargo, detrás de cada empresa brillante, los directores de centros, los responsables de RRHH y los gestores de equipos comparten en voz baja la misma preocupación:

No encontramos a las personas que necesitamos y, en ocasiones, las que tenemos se van sin poder retenerlas.

No es un problema exclusivo de nuestro sector, pero en él tiene una dimensión especialmente dolorosa. Porque aquí no hablamos solo de cubrir una vacante. Hablamos de preservar algo mucho más frágil: el vínculo entre el profesional y la persona que confía en él para transformar su vida.

Durante años hemos convivido con la dificultad de contratar como si fuera una turbulencia temporal del mercado o un problema de ciclo. Algo que se resolvería solo. Los datos de 2025 nos dicen otra cosa. El 89% de las empresas en España reporta dificultades para encontrar talento cualificado, según la Guía del Mercado Laboral de Hays, un dato que ha crecido ocho puntos en un solo año. Y lo que resulta aún más revelador: hace apenas una década, ese problema era reconocido solo por el 3% de las organizaciones. En diez años, la contratación ha pasado de ser un trámite a convertirse en el mayor obstáculo estratégico para la mayoría de las empresas de servicios.

 

 “Una organización que promete bienestar al mundo no puede permitirse ignorar el bienestar de quienes lo hacen posible cada día”

 

En nuestro sector, esa escasez además adopta formas propias. Los buenos perfiles de entrenador personal, fisioterapeuta, técnico en actividades acuáticas o instructor especializado son difíciles de encontrar. Y además, algunas peculiaridades como los contratos parciales, los horarios fragmentados, la complejidad para visualizar una carrera profesional y el escaso reconocimiento institucional forman parte del cóctel que aleja a los mejores perfiles antes incluso de que lleguen a la entrevista.

Si captar talento es difícil, mantenerlo lo es todavía más. La dificultad para retener empleados ha pasado del 12% al 22% en solo un año, según Hays, lo que refleja que las organizaciones han empezado a entender algo que deberían haber asumido mucho antes: atraer sin retener es como llenar una bañera con el tapón abierto.

El dato de Gallup es quizá el más inquietante de todos: solo el 9% de los trabajadores españoles se siente realmente comprometido con su trabajo. Nueve de cada cien. En un sector donde el compromiso no es opcional —donde la calidad del servicio depende directamente de la energía, la presencia y la autenticidad del profesional que lo entrega— ese número debería encender todas las alarmas.

Cuando los profesionales del sector se animan y explican por qué se van —o por qué no llegan— el dinero pocas veces aparece en primer lugar. Hablan de sentido de pertenencia, de no sentirse vistos, de organizaciones que les dicen que son su mayor activo y luego los tratan como un coste variable.

Y por si fuera poca complejidad, llegó la digitalización, y con ella muchos profesionales se plantean poder trabajar para centros de bienestar premium en cualquier parte del mundo sin salir de casa. U otros formatos que están en plena definición. Competimos, queramos o no, con propuestas que nunca hubieran sido posibles hace diez años.

 

“Un profesional de este sector que no cree en lo que hace no puede generar adherencia en el cliente. El bienestar se transmite. Y también la ausencia de él”

 

La cultura organizacional —ese intangible que tantas veces se presenta con entusiasmo en una diapositiva y poco más— es hoy el factor diferenciador más poderoso que existe para atraer y fidelizar talento. El 66% de los responsables de RRHH lo identificaron como su prioridad número uno para 2025. Una cultura que se construye en el día a día, en cómo se resuelve un conflicto de horarios, en si el equipo siente que tiene voz, en si el responsable de zona reconoce el esfuerzo de sus instructores o solo gestiona incidencias.

En el sector del bienestar, esto tiene una dimensión añadida: nuestros profesionales han elegido este camino por vocación. Vienen con una energía que vale oro. El trabajo de las organizaciones no es crearla —ya la traen— sino evitar apagarla.

Las organizaciones del sector que están consiguiendo atraer y retener a sus mejores profesionales comparten algunas características. No son necesariamente las que más pagan. Son las que ofrecen una propuesta de valor integral —formación continua, proyección real de carrera, autonomía profesional y pertenencia a algo con propósito claro— que va mucho más allá del número en la nómina.

En ese sentido, merece la pena subrayar el papel de la formación continua. No es un lujo; es una herramienta de retención de primer orden. Los profesionales del bienestar quieren crecer. Quieren especializarse. Quieren que su organización invierta en su desarrollo con la misma convicción con la que ellos invierten su energía en los clientes. Cuando eso no ocurre, se van a buscarlo donde sí encuentran esa oportunidad.

Y por encima de todo: el liderazgo cercano. En el sector del bienestar, más que en ningún otro, las personas no abandonan empresas; abandonan a sus responsables. Un coordinador que escucha, que reconoce, que defiende a su equipo ante la dirección y que entiende que su función es hacer crecer a las personas que tiene a su cargo —nunca se trató solo de gestionar clases y turnos— marca una diferencia radical en la rotación.

La magnífica noticia es que el sector tiene algo que muy pocas industrias pueden ofrecer: un propósito genuino y poderoso. Trabajar en bienestar, en salud y en transformación de vidas no es un argumento del plan de marketing. Es una realidad que, bien cultivada, se convierte en el imán más potente para atraer a profesionales que quieren que su trabajo tenga sentido.

Como resumen ejecutivo: el talento en el sector del bienestar no se gestiona. Se cultiva.

 

Alfonso Arroyo es adjunto a la presidencia de GOfit y profesor URJC.