La tecnología se ha convertido en una aliada para facilitar el acceso al entrenamiento de fuerza y favorecer la inclusión en los centros deportivos. Un ejemplo es la transformación que llevó a cabo el CEM Joan Miró, en Barcelona. Allí, el avance digital ha permitido reducir las tradicionales barreras de entrada al gimnasio: la complejidad de ajuste o el temor de los socios a no saber utilizar el equipamiento han quedado atrás de la mano de EGYM Smart Strength. Prueba de ello es que el 40% de sus abonados se ejercita con este sistema. Gracias a esta transición, entrenar en la sala de fitness ha dejado de generar respeto o inseguridad, dando paso a una comunidad de socios mucho más diversa y amplia.
“En 2018, no había ninguna sala de fitness en España equipada al completo con este sistema”, explica Nacho Puig García, responsable técnico del CEM Joan Miró. “Por aquel entonces contábamos con equipamiento de la marca Gym80, unas máquinas de placas de calidad a nivel técnico y biomecánico, pero el socio medio no las utilizaba”, añade. A principios de 2018, la sala de fitness del Joan Miró sustituyó las 11 máquinas de Gym80 por 17 máquinas de EGYM y un Fitness Hub. Tras la pandemia, el CEM instaló diez más, por lo que actualmente cuenta con 28 equipos de EGYM. “Recuerdo que en aquel momento existía cierta incertidumbre o miedo a lo electrónico, cuando en realidad todo eran facilidades”, señala Puig.
“Existía cierta incertidumbre o miedo a lo electrónico, cuando en realidad todo eran facilidades”
Años atrás los instructores debían configurar máquina por máquina los ajustes de cada socio. Ahora, mediante el Fitness Hub -una pantalla inteligente que asiste tanto a los profesionales como a los abonados a optimizar entrenamientos, evaluar progresos y configurar el equipamiento del gimnasio-, se miden las posiciones una sola vez y todas las máquinas se configuran automáticamente.
Cambios en la demanda: más público silver, joven y femenino
Antes de la implantación de este equipamiento, la disciplina de fuerza estaba centrada en un perfil que buscaba hipertrofia y, según Puig, las máquinas se pasaban la mayor parte del día vacías. El cambio producido en 2018 permitió que otros grupos se acercaran a una práctica que hasta entonces no formaba parte de su rutina. “Logramos que tanto los más jóvenes, de 15 o 16 años, como la población sénior empezaran a entrenar fuerza, algo que no hacían antes”, destaca el responsable.
La evolución resulta especialmente visible entre las personas mayores. “Hace 20 años, el público mayor de 65 solo entrenaba en la piscina; hace diez años empezaron a hacer algo más, y hoy en día la sala de fitness por la mañana está llena de personas de entre 65 y 80 años”. Por lo que respecta a las mujeres, la mayoría ya trabajaba la fuerza, pero lo hacía en clases dirigidas: “También se produjo una incorporación masiva del público femenino al trabajo de fuerza en sala. Antes, las mujeres lo hacían casi de forma exclusiva en clases dirigidas con mancuernas muy ligeras; con EGYM, en cambio, dieron el paso definitivo”.
“Hoy en día la sala de fitness por la mañana está llena de personas de entre 65 y 80 años”
Actualmente, la sala de fitness del centro dirigido por Salva Cereceda acoge a más mujeres y personas mayores que nunca. El 51% de los socios que entrenan con EGYM son mujeres y aproximadamente el 16% de las personas que entrenan en el complejo municipal barcelonés tienen más de 60 años. El grupo de edad que más utiliza las máquinas de la marca se sitúa entre los 30 y los 35 años, y la mediana de edad de sus socios es de 39 años.
¿Por qué el ecosistema de EGYM favorece el crecimiento de nuevos públicos?
Una de las claves del modelo es la reducción de las barreras de entrada al entrenamiento de fuerza. La configuración automática evita que el socio tenga que ajustar manualmente cada máquina. “La digitalización de la sala y la automatización de ajustes gustó como complemento a los socios avanzados, y al público que no entrenaba fuerza le pareció un sistema mucho más fácil que el analógico”, señala el responsable. “Mucha gente no entrenaba fuerza por miedo a hacer el ridículo, lesionarse o perder el tiempo. Con EGYM se elimina el miedo a hacer el ridículo porque la máquina indica en tiempo real la velocidad de la fase concéntrica y excéntrica mediante el feedback visual”, explica.
La experiencia también se ve favorecida por el entorno de la sala. “El equipamiento de EGYM es silencioso. Al público general le agrada un entorno tranquilo. Acompañamos el espacio con la decoración y un suelo insonorizado para que sea un lugar agradable y confortable”. La combinación de tecnología y acondicionamiento del espacio ha permitido que el entrenamiento de fuerza sea una opción para un público más amplio, sin limitarse a los socios con objetivos de hipertrofia o experiencia previa.
“El equipamiento de EGYM es silencioso. Al público general le agrada un entorno tranquilo”
El CEM ha ganado en continuidad de los socios: la retención mes a mes entre los abonados consolidados alcanza un promedio del 76%. Además, el Fitness Hub contribuye a mantener el compromiso de los socios mediante las recomprobaciones periódicas de su progreso. Estas crecieron un 13,9% interanual y superaron los registros del año anterior en 10 de los 11 meses analizados. Por cada proceso de acogida -u onboarding- se realizan aproximadamente cinco recomprobaciones, una dinámica que favorece que los socios vuelvan a evaluar su evolución.
El rendimiento del centro también destaca frente a otras instalaciones con un número similar -o incluso superior- de máquinas. Entre los 187 clubes que utilizan el mismo número de máquinas EGYM, el CEM Joan Miró ocupa el tercer lugar en socios activos, con una cifra que multiplica aproximadamente por tres la mediana del grupo. Con 27 máquinas y el Fitness Hub, supera en rendimiento a clubes que cuentan con entre 40 y 60 máquinas.
La retención mes a mes entre los abonados consolidados alcanza un promedio del 76%
La evolución del personal técnico
La digitalización de la sala exigió una adaptación del equipo técnico. “La llegada de EGYM supuso un cambio revolucionario. Invertimos mucho esfuerzo en la implementación, difusión e información para todos los segmentos del club”, explica Puig. “Pasar de golpe a una sala 100% digitalizada implicaba salir de la zona de confort de métodos que llevaban aplicándose desde los años 70 u 80. Tuvimos que realizar un trabajo interno de gestión del cambio”.
El responsable técnico destaca que EGYM está pensado para el socio: “La mayoría de los proveedores diseñan sus productos pensando en el entrenador, con una visión eminentemente técnica; en cambio, EGYM ha creado un producto pensado directamente para el socio. Si al usuario le gusta, al entrenador le va a gustar”.
La responsabilidad de los técnicos también es clave para ampliar los perfiles que entrenan fuerza: “Mediante la labor de divulgación del personal, logramos que perfiles como las personas mayores combinaran el trabajo en el agua con el entrenamiento de fuerza en sala”. Además, trabajan para fomentar la convivencia: “El trabajo de los técnicos es educar en la cultura de comunidad: cuidar, compartir el equipamiento y colaborar. Afortunadamente, tenemos un público y un equipo con los que no se generan problemas de convivencia”. De cara al futuro, Puig apunta a seguir mejorando el seguimiento del progreso. “Con todo el ecosistema de movilidad y fuerza, sería clave que el sistema ofreciera aún más información sobre la evolución de cada socio para ayudar al equipo técnico a adaptar el entrenamiento con mayor antelación”, concluye.
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