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LaLiga, ante su mayor test de estrés: ¿el fútbol europeo es un negocio a prueba de catástrofes?

Los principales dirigentes no auguran cambios estructurales en el modelo de negocio del fútbol, si bien aspiran a una moderación salarial que se pueda prolongar en el tiempo. Sólo LaLiga prevé perder 1.000 millones de ingresos en dos años.

Once temporadas de crecimiento ininterrumpido. Siete temporadas consecutivas en beneficios en España y break even por primera vez en Europa. Unas perspectivas aún mejores tras los últimos contratos de televisión y las inversiones en modernización de los estadios. En las reuniones del sector fútbol sólo se hablaba de romper más récords, de cómo converger con otros sectores para aumentar el negocio. Pero llegó el Covid-19. Las discusiones empezaron a centrarse en cómo recortar el gasto y hoy ya no es tanto quién gana más dinero, sino quién pierde menos en la peor crisis de la industria del deporte en 75 años. “Es la mayor prueba de estrés a la que se ha sometido el fútbol desde que se implantaron el fair play financiero o el control económico”, resume rápidamente Julio Senn.

Socio de Senn Ferrero, ex director general del Real Madrid y ahora asesor del Real Valladolid, es una de las personas que ya vivió las consecuencias de la anterior crisis, la financiera de 2009. Y no hay duda: “Los clubes ahora podrán sobrevivir, pero una pandemia como esta hace diez años hubiera provocado muchas más quiebras y más graves”. “El control económico que se instauró a raíz de aquella problemática es la que está permitiendo que muchos equipos tiren de su patrimonio neto y acudan a los mercados para financiarse”, admite uno de los principales asesores del fútbol español, que prefiere el anonimato. Y no es para menos, entre 1999 y 2010, los clubes de LaLiga promediaron unas pérdidas anuales de 115 millones de euros, mientras que desde 2012 hasta hoy ha sido un beneficio neto de 164 millones, según datos del Consejo Superior de Deportes (CSD) analizados por 2Playbook.

El mismo asesor es de los optimistas, de los que cree que “se recuperará el estado pre-Covid en 2021-2022; recuperando el equilibrio perdido en dos años”. “Aquí no hay un problema de confianza en el sector, que es lo que provocó la falta de liquidez y suspensiones de pago hace diez años, sino de caída temporal de los ingresos por una cuestión concreta”, apuntala Senn. Pero entonces entran los miedos, especialmente entre los gigantes de Europa. “Va a ser una erosión de ingresos dramática para nosotros, que potencialmente se convertirá en una crisis de liquidez para la mayoría de los clubes”, advirtió la semana pasada Andrea Agnelli, primer ejecutivo de la Juventus y presidente de la Asociación Europea de Clubes (ECA).

Javier Tebas, presidente de LaLiga, admite hoy en una entrevista con este medio que el fútbol español ha logrado hacer parte del trabajo en 2019-2020, si bien anticipa que deberá aplicarse un ajuste de 400 millones de euros en la masa salarial para asegurar el reequilibrio. La competición logró unos ingresos récord de 4.610 millones de euros en 2018-2019, pero el dirigente ya avanza que “el impacto conjunto en las temporadas 2019-2020 y 2020-2021 sobre las principales partidas de ingresos se estima entre 500 millones y 600 millones de euros”, el equivalente a un 13% de la cifra de negocio (competiciones, abonados, televisión y comercial). A eso hay que añadir una previsión de que se evaporen 500 millones de euros en plusvalías por traspasos. “Es más difícil de estimar por su variabilidad”, admite, sobre un elemento que ha sido capital para entender que muchos clubes sean muy rentables y otros hayan sufrido mucho estos mseses.

LaLiga prevé que los clubes ajusten su masa salarial en 400 millones en 2020-2021, tras perder 1.000 millones de ingresos en dos temporadas

Varios ejecutivos consultados comparten la visión de que haber trabajado con márgenes de beneficio muy ajustados es los que va a provocar fuertes tensiones de tesorería, pues en muchas entidades ha imperado la idea de maximizar las ganancias, es decir, no buscar un resultado neto alto, sino destinarlo a reforzar la plantilla para optar a más títulos y, por ende, seguir creciendo. Un claro ejemplo es el del FC Barcelona, que en 2020-2021 necesita aplicar un ajuste de 320 millones de euros para cuadrar el presupuesto, y lo hace en un momento de elevado endeudamiento. “Esta crisis demuestra por qué no podemos conformarnos con no perder dinero y devolver la deuda; hay que dar un paso más de balance sólido para aguantar imprevistos”, sostiene un asesor.

La paradoja añadida en todo esto es que el mayor golpe de esta crisis no se lo van a llevar los clubes y pequeños y medianos, como ocurrió en España tras el estallido de la burbuja. Éstos han podido salvar la situación en mayor o menor medida gracias a que partían de una previsión de beneficios, que se han cobrado todas las facturas por televisión y que la merma por ticketing se ha podido compensar con rebajas salariales. Otra cuestión son los grandes, que uno tras otro anuncia pérdidas millonarias porque su negocio por taquilla es millonario y contaban con ingresos accesorios que se han evaporado, como los museos, la restauración o el merchandising. El Barça ha recortado sus ingresos en 200 millones y apunta a unas pérdidas récord de casi 100 millones en 2019-2020; la Juventus anunció este viernes unos números rojos de 71,4 millones; el Borussia Dortmund ha cerrado con un desfase de 44 millones, y el Lyon reclama una indemnización de más de 100 millones a la Ligue-1 por daños. Lejos de estas cuitas de quienes dominan el top 20 europeo, CA Osasuna y RC Celta, cuyo negocio ordinario depende de la televisión en un 75%, obtuvieron importantes beneficios pese al cataclismo.

Eso es posible porque LaLiga es de las pocas que ha podido proteger la televisión y cobrar todas las facturas. Por el contrario, Agnelli desveló que la Uefa ha devuelto 575 millones a los operadores de la Champions League, por los 355 millones de la Premier, los 200 millones de la Bundesliga y los más de 100 millones de la Ligue-1. A eso, hay que añadir el coste de tener miles de butacas vacías cada partido, que ayudan a entender por qué la ECA cifra el agujero de ingresos en más de 4.000 millones de euros respecto a los presupuestos previos al Covid-19.

En concreto, los cálculos de la organización apuntan a que el fútbol europeo recorte un 7% sus ingresos respecto a lo previsto el pasado verano, hasta 20.400 millones de euros excluidas las plusvalías por traspasos. Para 2020-2021, la cifra de negocio debía escalar a 23.000 millones, pero finalmente se prevé que acabe en 20.700 millones de euros, un 10,4% menos. Y eso confiando en una pronta reapertura de los estadios, pues la Premier ya ha advertido que pueden quedarse 600 millones de euros por el camino. “Se va a igualar un poco la competición a nivel de coste de plantilla, pero es un tema puramente temporal como consecuencia de la pandemia”, anticipa Senn, en referencia a la brecha que ya existe entre grandes y pequeños.

Mientras Barça y Madrid generan en torno a 175 millones por matchday, hay equipos que no alcanzan ni siquiera los 3 millones de euros por este concepto. Es más, los cálculos elaborados por 2Playbook muestran que, descontada toda la facturación ligada a la explotación de las instalaciones, la diferencia de ingresos entre los que más y menos facturan en LaLiga Santander bajará de 18,6 veces a 15,6 veces. Si encima se eliminan las plusvalías por traspasos, ese diferencial retrocede a 13,5 veces, y no hay nadie que hoy ponga en cuestión que el mercado de fichajes se va a desplomar en 2020. “Hay estimaciones que dicen que veremos una reducción del valor total del 20% al 30% y eso evidentemente es menos dinero circulando”, admitió Agnelli, en la última cumbre de las potencias europeas.

Ese es otra diferencia capital entre las dos crisis recientes del fútbol español, pues las consecuencias de la pandemia son igual de virulentas en todas las ligas, mientras que la de 2009 se cebó especialmente con España, porque a la crisis bancaria se le sumó la inmobiliaria. Eso permitió que muchos clubes aceleraran su saneamiento con traspasos de futbolistas hacia la Premier League, un grifo que este verano parece cerrado después de dos ejercicios consecutivos en los que vendieron derechos federativos por más de 760 millones de euros, el doble e incluso el triple respecto a los ejercicios posteriores a la crisis de 2009.

El mercado se cierra el 2 de octubre, pero el director de negocio del Real Betis, Ramón Alarcón, admite que “ya hemos superado el ecuador del mercado y no hay ningún agitador; dificulta mucho saber cuál es el margen de maniobra que vamos a tener”. “Mires donde mires, no hay dinero”, zanja. Y el problema es que la gran mayoría basó la sostenibilidad de los proyectos y su masa salarial en base a los traspasos, algo que hoy provoca que los retos para 2020-2021 incluso sean mayores. “Tenemos un mayor conocimiento de lo que sucede, pero la época del año es más compleja y es más difícil controlar la propagación del virus”, lamenta Patricia Rodríguez, directora general del Elche CF y vicepresidenta segunda de LaLiga.

Y la razón no es otra que por taquilla ya se les ha adelantado que piensen en obtener un 50% menos de lo habitual porque hasta enero no se podrá plantear reabrir al 100%, mientras que el verano de 2020 seguramente marcará un récord negativo en término de plusvalías por traspasos, frente al techo que se rompió en 2019 por este concepto. A eso hay que añadir la dificultad para plantear una campaña de abonados en la que no se sabe qué se puede ofrecer y la certeza de que una cosa es la reapertura y otra cuánto tardará la gente en querer o poder volver al fútbol. ¿Los aficionados afectados por un Erte renovarán su carné? ¿Mantendrán los patrocinadores su inversión si ha vencido el contrato actual?

El problema va a ser que es una industria que no estaba acostumbrada a bajar salarios de esta manera

Es algo que muchos dirigentes ya temían por el mes de abril y mayo, cuando negociaban rebajas salariales para cuadrar el presupuesto de 2019-2020 y asumían que tendrían que volver a sentarse en la mesa a negociar con el vestuario incluso un ajuste que puede ser mayor este año. “Se van a tener que renegociar salarios en 2020-2021 para mitigar de nuevo el impacto del Covid en las cuentas, y el problema va a ser que es una industria que no estaba acostumbrada a bajar salarios de esta manera en una negociación en la que intervienen clubes, agentes y jugadores”, advierte Senn.

Ahora bien, ajustes puntuales, matiza Rodríguez, quien piensa que “son cambios que no van a dar la vuelta a lo que conocíamos, en un par de temporadas volveremos a la normalidad”. Pero Ignacio Legido, socio de BDO y expresidente de la AD Alcorcón, añade un nuevo matiz: “Los contratos de los jugadores se verán afectados con nuevas cláusulas que regularán aspectos como la gestión de situación sobrevenidas (como la de pandemias y similares) en sus retribuciones”.

Este es el verdadero caballo de batalla en toda esta reestructuración del sistema, entre defensores de que “la reflexión no se centra en si salarios suben o no, porque igual que con los traspasos subirán si sube el negocio”, y aquellos que aspiran a que esta crisis permita acelerar reformas que rebajen la presión salarial. No queda tan lejos la célebre frase de Miguel Ángel Gil Marín para plantear esta problemática: “¿Para qué sirve facturar más si ese dinero sirve para que un jugador en lugar de dos Lamborghini tenga cinco en su garaje y su agente en lugar de dos casas, tenga cuatro y una finca?”, advertía en enero de 2019.

La ECA abordó rápidamente esta cuestión en su informe de impacto del Covid-19, recordando que la dramática caída de ingresos provocará que el peso de los salarios sobre los ingresos ordinarios pasará de estar por debajo del 60% a representar el 65,7% en 2019-2020 y el 70,1% en 2020-2021, cuando el objetivo para estos dos años es que no pasara del 63%. “Los salarios de los jugadores son un blanco fácil para la opinión, pero un asunto financiero muy complejo de abordar”, admite Hugo Hamon, responsable de finanzas de la ECA.

El gasto en sueldos deportivos del fútbol profesional español se ha doblado en seis años, rebasando los 2.000 millones de euros en 2018-2019

Hay quienes suspiran por un modelo como el norteamericano, en el que hay topes claros de gasto en busca de la igualdad competitiva, pero Hamon asume que “tenemos que pensar en términos generales sobre el impacto a nivel de toda la industria y, al mismo tiempo tener en cuenta las regulaciones y especificidades locales, que tienen un impacto considerable en clubes de todos los tamaños”.

Por ejemplo, en LaLiga sí hay una autorregulación en materia de salarios, un importe que se fija en función de ingresos y obligaciones financieras, que harán que este año se rompa el ritmo de crecimiento de los últimos cursos. El gasto en sueldos deportivos del fútbol profesional español se ha doblado en seis años, pasando de 972,7 millones en 2012-2013 a 1.853,2 millones en 2017-2018, mientras que 2018-2019 fue la primera vez que se rebasaron los 2.000 millones de euros.

Si bien los salarios seguirán pesando porque sin futbolistas no hay espectáculo, hay quienes apuntan a un cambio de comportamiento en el mercado de fichajes. Tras una primera jornada con onces iniciales casi calcados a los del curso anterior, el director general de un equipo de LaLiga SmartBank apunta a que “a lo mejor esta pandemia ayuda a ser más racionales y a no hacer seis o siete fichajes cada año para mirar más a casa”. Es decir, que el debate no sea tanto en cuánto debe costar un futbolista, sino en qué puede aportar al bloque existente o a los jóvenes que suben de la cantera.

Cuidar a los talentos que suben de las categorías inferiores no será el único reto puertas adentro de los gestores, pues como apunta Legido, mantener al personal de oficina en Erte “conlleva un control del gasto, pero también una pérdida de actividad interna del club que puede conllevar a su vez que la reactivación sea lenta”. Y en algún momento habrá que pensar en cómo recuperar al fan, seducir a las marcas y volver a hacer crecer el negocio.

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