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Lululemon y Under Armour: la cara y la cruz de los ‘new kids’ deportivos tras el Covid-19

Mientras que la compañía canadiense de ropa deportiva facturó un 2% más en el segundo trimestre de 2020 pese a la pandemia, la estadounidense redujo sus ventas un 40,6% en el mismo periodo de tiempo.

Lululemon ganó 97,8 millones de euros en el primer semestre.

Lululemon y Under Armour podrían ser las dos caras de la misma moneda. Ambas operan en el mismo sector, la industria deportiva, y se fundaron en la segunda mitad de los años noventa, pero su target es tan distinto como la evolución de su negocio. La primera debutó en la industria deportiva como fabricante de ropa de yoga y en los últimos años ha diversificado hacia el athleisure; la segunda empezó como marca de ropa y accesorios para militares y poco a poco se especializó ropa técnica para deportes con contacto, como el fútbol americano.

Lululemon ha encontrado en el binomio moda-deporte una fórmula ganadora que le está permitiendo sortear los estragos provocados por el Covid-19, mientras que Under Armour atraviesa una situación económica delicada y ha tenido que despedir a más 600 trabajadores.

“No esperamos un regreso rápido a la normalidad”, afirmó Patrik Frisk, que en enero fue nombrado consejero delegado de Under Armour. La compañía está realizando una reestructuración para equilibrar el balance y mejorar su rentabilidad, lo que le costará entre 475 millones y 525 millones de dólares por los elevados costes provocados por los despidos.

Las cifras que ponen de referencia el distinto rumbo que ha tomado el negocio de Lululemon y Under Armour es que la canadiense consiguió facturar un 2% más entre junio y agosto, mientras que en ese mismo periodo de tiempo la estadounidense redujo un 40,6% sus ventas. En otras palabras: Under Armour empeoró su facturación en el segundo trimestre, justo cuando las tiendas pudieron empezar a abrir. Entre enero y marzo, en cambio, redujo su negocio un 22,8%, por el 17% que dejó de ingresar Lululemon. Ambas compañías apuntan al impacto del cierre de tiendas por el Covid-19, pero la afectación entre una marca y otra fue muy distinta.

En el acumulado del año y hasta junio, la empresa fundada por Kevin Plank cerró el primer semestre con unas pérdidas récord de 772,6 millones de dólares (655 millones de euros). La única línea de negocio que subió respecto al primer semestre de 2019 es la de fitness conectado, con un alza del 5,9%. Sin embargo, la venta de prendas técnicas, que suponen un 60% del negocio, retrocedieron un 32,4% interanual. El calzado, por su parte, aportó un 31,5% menos.

Pese a la mejoría del área de fitness, la multinacional ha empezado a sondear la venta de MyFitnessPal, una aplicación de entrenamiento que le permite conocer y conectar con el usuario final. Con esta venta espera captar 420 millones de euros, una inyección de dinero que le permitiría aliviar sus pérdidas. La situación en la empresa estadounidense es complicada, puesto que entre enero y junio perdió 47,2 millones de dólares (39,7 millones de euros).

Lululemon en cambio cerró el semestre con un resultado neto de 115,4 millones de dólares (97,8 millones de euros), un 47,9% menos que durante el mismo periodo del año anterior. ¿La clave? La venta de ropa deportiva que no necesariamente se usa con fines deportivos y el canal de venta online, que supuso un 61,4% de los ingresos totales.

El consejero delegado de la compañía, Calvin McDonald, ha afirmado que “las tendencias de en todo el mundo están cambiando hacia trabajar y ejercitarse desde casa” por lo que “creemos que 2020 será un punto de inflexión para el comercio minorista y Lululemon”. El directivo se ha mostrado “optimista con cautela” de cara al segundo semestre del año, aunque la compañía no ha comunicado previsiones.

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