El Manchester City se expone a la que podría ser la mayor sanción en la historia de la Premier League. Y llega probablemente cuando menos dudas hay sobre la realidad y sostenibilidad de su negocio. Tras ochos años de investigación –y falta de cooperación por parte de los citizen–, la comisión independiente de la Premier League ha considerado probadas todas las acusaciones financieras formuladas contra el club durante el periodo 2009-2018. Es decir, durante todo el periodo en el que Abu Dhabi realizó una inversión de más de 2.200 millones de euros para convertir un club de clase media en una superpotencia del Viejo Continente. Un intento de crear un unicornio del fútbol con las reglas del mundo startup en una industria donde el balance competitivo trata de imponerse a la ventaja financiera. Pero, ¿cuánto dinero puso realmente el emirato y cómo se diseñó el asalto al Big Six inglés?
El fallo hecho público confirma que ya no se está ante la sospecha de que determinados ingresos comerciales pudieron servir para maquillar la dependencia económica del Manchester City respecto a Abu Dhabi. La comisión concluye que el club utilizó contratos simulados para presentar como patrocinio aportaciones que en realidad procedían de su propietario, ocultó costes y remitió durante años unas cuentas que no reflejaban fielmente su situación financiera. En total, aportaciones de capital por más de 1.200 millones de euros y contabilidad alterada en otros 900 millones de libras (1.048 millones de euros) entre ingresos inflados y gastos no declarados.
Unas acusaciones que su CEO, Ferran Soriano, se encargó de rechazar de plano insistiendo en la adecuación al mercado sus contratos comerciales con empresas conectadas directa o indirectamente a su máximo accionista.
El club simuló contratos para presentar como patrocinio aportaciones de su dueño, ocultó costes y remitió cuentas que no reflejaban fielmente su situación financiera
Eso no invalida la otra mitad de la historia. El Manchester City de hoy sí es una de las mayores potencias económicas del fútbol europeo. Cerró 2024-2025 con 694,1 millones de libras (809,3 millones de euros) de facturación y unas pérdidas de apenas 9,9 millones de libras (11,5 millones de euros), después de cuatro ejercicios consecutivos en los que acumuló casi 200 millones de beneficio. El problema ya no es si el negocio actual puede sostenerse. El problema real es cuánto puede costarle ahora la fórmula escogida para llegar hasta aquí.
El dinero compró algo más importante que jugadores: tiempo
Para entender la dimensión del cambio hay que viajar bastante más atrás de Pep Guardiola, Ferran Soriano o incluso de la llegada de Abu Dhabi. En 2005-2006, el Manchester City facturaba sólo 61,8 millones de libras (72 millones de euros). De ellos, 21,8 millones de libras (25,4 millones de euros) procedían del área comercial, mientras que su balance ya acumulaba 64,8 millones de libras (75,5 millones de euros) de pérdidas. Era un club importante en Inglaterra, pero estaba a años luz de la dimensión económica de las grandes potencias europeas y era incapaz de operar sosteniblemente.
Abu Dhabi United Group (ADUG) tomó el control en septiembre de 2008 y alteró por completo la velocidad del proyecto. Dos años después, en 2009-2010, los ingresos ya alcanzaban los 125,1 millones de libras (145,9 millones de euros). Ese salto económico no salió gratis, ya que se hizo a base de fichajes que subieran el nivel deportivo -más ingresos por televisión- y empezaran a atraer patrocinadores para que no todo dependiera del emirato. Invertir a corto plazo confiando en que a medio plazo podría absorber el coste de una plantilla mejorado con más taquilla, patrocinios y premios de UEFA por ir a Champions League.
El City perdió 121,3 millones de libras (141,4 millones de euros) sólo aquella temporada y los números rojos acumulados alcanzaron los 315,7 millones (368,1 millones de euros). La masa salarial ascendía a 133,5 millones de libras (155,7 millones de euros), más que toda la cifra de negocio, y todavía había que sumar 71 millones de libras (82,8 millones de euros) en amortizaciones por la incorporación de sus primeras estrellas.
En los dos primeros años de Abu Dhabi al frente del club, el City ya había doblado ingresos y la masa salarial superaba toda su cifra de negocio
La propia comisión independiente que ha analizado el caso describe ahora con bastante claridad esa primera fase. Tras la compra, ADUG aportó más de 190 millones de libras (222 millones de euros) de capital en su primera temporada completa y otros 295 millones de libras (344 millones de euros) en 2009-2010. El objetivo era construir rápidamente una plantilla, una estructura deportiva, una red comercial y unas instalaciones propias de un club que aspiraba a instalarse en la Champions League.
No deja de ser la lógica con la que muchos fondos de inversión están tratando de entrar en el fútbol europeo, y sobre todo el racional bajo el que opera especialmente todo el ecosistema tecnológico estos días: financiar pérdidas durante una primera etapa para comprar escala, construir producto y ocupar mercado, confiando en que la dimensión futura permita absorber después la inversión. Una start up con muchísimo capital detrás. Con la variable difícil de manejar de los éxitos deportivos y, sobre todo, su encaje con las regulaciones de sostenibilidad financiera y equilibrio competitivo que persiguen tanto UEFA como, con menos ahínco, la propia Premier League.
De 125 a 347 millones en cuatro años
En 2013-2014, apenas cuatro temporadas después, el Manchester City ya facturaba 346,5 millones de libras (404 millones de euros). El negocio comercial había pasado de 52,8 millones de libras (61,5 millones de euros) en 2009-2010 a 165,8 millones de libras (193,3 millones de euros). El club había multiplicado prácticamente por tres sus ingresos. Sin embargo, su pirámide comercial aún seguía dependiendo en exceso de patrocinadores de Abu Dhabi, empezando por Etihad como patrocinador principal de la camiseta y el estadio, pero también Etisalat, TCA Abu Dhabi o Aabar.
Ese año se ganó la primera Premier League con un agónico gol de Sergio Agüero en el descuento de la última jornada, pero también se acumulaba ya un déficit de 685,6 millones de libras (799,4 millones de euros); las aportaciones de capital, entre ampliaciones directas y préstamos posteriormente convertidos, superaban ampliamente los 1.100 millones de libras (1.283 millones de euros). Es el esfuerzo económico que Abu Dhabi asumió públicamente para reducir a menos de una década el tiempo necesario para situarse deportivamente cerca de Real Madrid, Manchester United, FC Bayern o FC Barcelona. Una décima parte respecto a los más de 100 años invertidos por estos clubes para alcanzar su posición dominante en términos de implantación social, audiencia global y generación de negocio con su marca.
Más de 968 millones de Abu Dhabi registrados como patrocinio
El problema para el City es que pronto se empezaron a regular las inyecciones masivas de capital, una guerra en la que LaLiga ha sido el principal azote de proyectos como el del City o el Paris Saint-Germain (PSG). Con la llegada del fair play financiero de UEFA, el semáforo ya no se ponía en verde cuando el accionista estaba dispuesto a cubrir tal cantidad de pérdidas. Competir en la Champions League exigía unos mínimos de sostenibilidad financiera y un techo máximo de pérdidas en ciclos de tres años. Una libra aportada por Abu Dhabi permitía financiar el club, pero no cumplir con el fair play. Una libra procedente de patrocinios, sí.
La comisión sitúa precisamente ahí el punto de inflexión. Su informe considera probado que el City ya anticipaba a finales de 2009 que seguir recibiendo cada vez más dinero de ADUG no solucionaría el problema regulatorio. Para mantener el ritmo de inversión tenía que elevar los ingresos comerciales y reducir la dependencia de las aportaciones del accionista. Es lo que los investigadores denominan Disguised Funding Scheme; básicamente, una estrategia para camuflar la continuidad de las inyecciones de capital como acuerdos comerciales con empresas de Abu Dhabi.
Según la resolución, entre 2009-2010 y 2017-2018 el club registró 949,9 millones de libras (1.107,6 millones de euros) procedentes de determinados patrocinadores de Abu Dhabi. La comisión concluye que esos socios sólo pagaron realmente 119,2 millones de libras (139 millones de euros) y que los 830,7 millones de libras (968,6 millones de euros) restantes fueron abonados por ADUG. Los pagos se fueron duplicando cada año entre 2009-2010 y 2011-2012, para estabilizarse en una horquilla de entre 121,7 millones y 145,7 millones de libras anuales entre 2012-2013 y 2017-2018.
La comisión concluye que los acuerdos recogían importes superiores al valor de mercado, que las marcas sólo estaban obligadas a asumir una parte -nunca superaron los 16 millones de libras por temporada- y que ADUG abonaba el resto. Al contabilizar toda la cantidad como patrocinio, el City inflaba sus ingresos y lograba que su resultado neto no disparara las alertas de los reguladores, si bien continuaban las críticas de parte de la industria por la situación.
Fordham, ¿una empresa pantalla, pero con una sonrisa?
La resolución detalla además cómo estos mecanismos se utilizaron para resolver tensiones concretas con el fair play financiero. En mayo de 2013, a menos de una semana del cierre del ejercicio, una obligación inesperada cercana a 20 millones de libras (23,3 millones de euros) dejó al City unos 9,9 millones de libras (11,5 millones de euros) por debajo del objetivo necesario para cumplir con UEFA. Según la comisión, el club modificó en cuestión de días varios acuerdos con patrocinadores de Abu Dhabi para incorporar nuevos pagos y bonus que permitieron cubrir ese desfase.
Para llevar a cabo su estrategia financiera el club ideó el proyecto Longbow. Y uno de sus casos más sonados fue el que ligó al City con Fordham, una empresa externa a la que el club vendió los derechos de imagen de varios de sus futbolistas por unos 24,5 millones de libras (28,5 millones de euros). La comisión cree que esta sociedad era una empresa pantalla desde la que ADUG canalizó los fondos que necesitaba el equipo inglés para cumplir con UEFA.
La comisión añade que el comportamiento fue intencionado y repite en varios apartados que el club pretendió eludir las reglas. También concluye que, durante la investigación, el City realizó esfuerzos concertados para frenarla y frustrarla. La entidad negó entonces y sigue negando todas las acusaciones y tiene unos días para recurrir la decisión.
El fair play financiero y el dilema del challenger
Hasta aquí sería relativamente sencillo construir una explicación lineal: un propietario muy rico financia pérdidas extraordinarias, convierte parte de ese capital en ingresos aparentes y construye un gran equipo. Pero quince años después esa fotografía ya es insuficiente.
El problema al que se expone hoy el Manchester City es que el club ahora sí goza de la escala global que justifica el precio que ya venían pagando algunos de sus patrocinadores. Desde 2014-2015, su negocio prácticamente se ha duplicado. El área comercial aportó 340,4 millones de libras (397 millones de euros) en 2024-2025; la televisión otros 278,6 millones (325 millones de euros), y el matchday, 75,1 millones de libras (87,6 millones de euros). A ello sumó 95,2 millones de libras (111 millones de euros) en plusvalías por traspasos.
La evolución de la cifra de negocio y del resultado neto –acumula 188,3 millones de libras (220 millones de euros) de beneficio desde 2020-2021– resume bien las dos vidas del proyecto de Abu Dhabi. En la primera -la que investiga la Premier League y podría acabar en sanción histórica-, los gastos se adelantaron durante años a los ingresos y la propiedad tuvo que absorber pérdidas milmillonarias. En la segunda, el propio éxito deportivo y comercial ha permitido ir cerrando esa brecha y ahora el foco de números rojos se centra en el hólding multiclub que gira en torno al club de Mánchester.
Entre 2014-2015 y 2024-2025, el club sólo registró pérdidas importantes durante 2019-2020, coincidiendo con el impacto de la pandemia. En aquella temporada, perdió 126 millones de libras (147 millones de euros). Un roto que ha recuperado holgadamente en apenas cinco años.
Eso sí, en balance todavía conserva 529,3 millones de libras (617,2 millones de euros) de pérdidas acumuladas a junio de 2025. Pero esa cifra explica mucho más el pasado que el presente: en 2014 superaban los 685 millones de libras (798,7 millones de euros).
Los títulos de esta última década le han generado premios y un negocio estable. La Champions League ha multiplicado su exposición internacional, convirtiendo al club en una marca global de primer nivel. Esto ha beneficiado a su negocio comercial –marcas como BYD o Revolut, completamente ajenas a Abu Dhabi, hoy son socios relevantes del equipo–, a su internacionalización en busca de fans de todo el mundo, y a su propio holding, el City Football Group (CFG), con el que opera tanto en esta parcela como en la de la compraventa de futbolistas. A estos les ofrece una escalera y una trayectoria a largo plazo con pasos por uno o varios de sus clubes satélite, incluyendo el Girona FC.
El caso plantea además una cuestión más amplia para el fútbol europeo. Que el Manchester City haya incumplido las normas no elimina el debate sobre los efectos competitivos de esas mismas reglas. Los controles de sostenibilidad son necesarios y evitan en buena medida la quiebra de equipos históricos en caso de que un inversor se quede sin dinero o se canse de ponerlo a fondo perdido, pero la realidad es que impiden -o complican máximamente- el surgimiento de challengers en un corto periodo de tiempo.
Sin embargo, el vínculo entre inversión deportiva e ingresos produce una consecuencia difícil de evitar: en cierto modo se blinda al status quo de clubes históricos que han dominado la escena internacional durante décadas. Un club que genera desde hace años 700 millones puede destinar cerca de 500 millones de euros cada temporada a plantilla deportiva dentro de la regulación vigente. Uno que factura 100 millones no puede reproducir esa inversión aunque detrás tenga un accionista dispuesto a financiarla durante diez años.
El modelo start up a gran escala que siguió el City tiene hoy mucho menos encaje. Un claro ejemplo se encuentra cerca, en España, donde el saudí Turki Al-Sheikh estaba dispuestos a llevar a la UD Almería a altas cotas en muy poco tiempo. Ese era su objetivo, pero se topó con las normas de LaLiga. Sobre todo, y su ejemplo va como anillo al dedo con el City, en patrocinios: en más de una temporada, la gestora del fútbol español aminora el valor real de los patrocinios árabes del equipo indálico. Esto adecúa su límite salarial a las cifras que considera justas LaLiga. Como recordaba una persona de la industria del fútbol a 2Playbook hace seis años, “que un quiosco de Mongolia pague 60 millones por el patrocinio de una camiseta puede que sea en condiciones reales de mercado, pero ¿tiene sentido económico alguno?”.
La propia Premier reconoce implícitamente ese problema en su nuevo sistema. A partir de 2026-2027, su particular squad cost ratio fijará el coste deportivo en el 85% de los ingresos y las plusvalías por traspasos, pero permitirá superar temporalmente ese umbral en determinados supuestos para facilitar fases de inversión y crecimiento.
Es, en cierto modo, una versión regulada y acotada del modelo start up. Se admite adelantar inversión para ascender un escalón competitivo o ganar recurrencia en Europa. Lo que ya no se permite es sostener durante muchos años una estructura deportiva varias veces superior a la facturación existente, y ahí es donde emerge otra paradoja: endurecer las reglas para contener al City ahora favorece a que los citizen preserven su posición frente a otros challengers.
Newcastle, el City que llegó después
El Newcastle United es el mejor ejemplo. El fondo soberano saudí PIF y sus socios han aportado ya cerca de 560 millones de libras (653 millones de euros) de capital desde su llegada en 2021. El negocio ha crecido con fuerza y el club ha regresado dos veces a Champions League en tres temporadas, pero este verano han reculado en su rally inversor para adecuarse a las nuevas reglas financieras. Hoy tiene prohibido recorrer el mismo camino que Abu Dhabi.
Poco después de cerrarse la operación de compra del club, la Premier bloqueó temporalmente nuevos acuerdos con empresas vinculadas a los propietarios y posteriormente reforzó las normas sobre transacciones con partes asociadas. Lo que se toleró durante la primera fase del City pasó a estar mucho más vigilado cuando apareció el siguiente gran inversor estatal.
En sólo dos años, el negocio comercial de los urracas se triplicó hasta 120,2 millones de libras (140 millones de euros), con un peso relevante de compañías saudíes. Pero incluso con ese crecimiento y el respaldo patrimonial del accionista, el Newcastle ha tenido que acompasar la inversión deportiva a la generación de ingresos, producir plusvalías y buscar nuevas operaciones para cuadrar los límites.
Y quizá ésa sea la mayor ironía. El fútbol reaccionó tarde al modelo Manchester City, pero reaccionó. Las reglas que ahora pueden castigar cómo Abu Dhabi construyó una nueva potencia son también las que hacen mucho más difícil que mañana alguien pueda levantar otra con la velocidad suficiente para desplazarla.
El reto regulatorio sigue siendo encontrar el punto medio. Evitar que el dinero sin límites destruya cualquier idea de sostenibilidad o equilibrio competitivo, pero sin convertir los ingresos acumulados durante décadas en una barrera infranqueable para quienes todavía no pertenecen a la élite.
El Manchester City es hoy parte de esa élite. El challenger terminó convirtiéndose en incumbent justo cuando el fútbol empezaba a cerrar la puerta por la que él había entrado.
Sobre Intelligence 2P
Intelligence 2P es la unidad de estrategia e inteligencia de mercado de 2Playbook, cuya plataforma de datos monitoriza en tiempo real el negocio de 60 clubes de LaLiga, Liga F y Primera Federación; 200 clubes de ligas europeas; 22 clubes de ACB y Primera FEB.
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