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Superliga: los grandes clubs de fútbol crean su torneo y rompen un sistema que mueve 20.000 millones

Una decena de clubes, seis de ellos ingleses y entre los que se incluyen Barça y Madrid, han decidido seguir adelante con la idea de una nueva Superliga europea que les garantice su presencia anual. El anuncio torpedearía el comité ejecutivo de mañana.

balón champions league uefa

La actual pirámide competitiva de Europa está a un paso de vivir su mayor terremoto histórico. Doce de los clubes más importantes han anunciado pasada la medianoche un acuerdo para crear la Superliga, que estaría directamente gobernada por ellos y no por la Uefa. El movimiento está liderado por el Real Madrid, acompañado de FC Barcelona y Atlético de Madrid en LaLiga, el denominado Big Six de la Premier League (Manchester United y City, Liverpool FC, Chelsea, Arsenal y Tottenham), y Juventus, AC Milán e Inter de la Serie A. 

Aunque no ponen fecha de inicio a la competición -se especuló con 2022 y los contratos de Uefa van hasta 2024, en un comunicado conjunto indican que esperan “mantener conversaciones con la Uefa y la Fifa buscando las mejores soluciones para la Superliga y para el conjunto del fútbol mundial”. Sobre todo porque el plan no sólo incluye una competición masculina, sino también una femenina que rompería la Women's Champions League. 

El golpe llega unas horas antes de que la reunión en la que la Uefa tenía previsto aprobar en comité ejecutivo la nueva pirámide de sus competiciones de clubes, con el aval de la ECA y las ligas europeas para precisamente evitar una ruptura. Sin embargo, ellos no aceptan que el futuro pase por una Champions League reformada, aunque insisten en que buscarán el consenso con Fifa y Uefa para evitar una salida dura.

“Los Clubes Fundadores creen que las soluciones propuestas por los reguladores no resuelven las cuestiones fundamentales, que son tanto la necesidad de ofrecer partidos de más calidad, como obtener recursos financieros adicionales para todo el mundo del fútbol”, explican en un comunicado firmado por Florentino Pérez, presidente de la nueva Superliga. Un movimiento unilateral al margen del conjunto de clubes europeos, que sí daba luz verde al nuevo modelo de la Uefa.

De hecho, la Asociación Europea de Clubes (ECA), que reúne a 246 equipos, ha emitido un comunicado en el que deja claro que su apuesta continúa siendo la de reformar el sistema bajo el paraguas de la Uefa y que su oposición es firme contra cualquier modelo cerrado de competición a partir de 2024. No hay que olvidar que la entidad la preside Andrea Agnelli, presidente de la Juventus y ahora también vicepresidente de la Superliga.

La Uefa, LaLiga, Premier y Serie A advierten con sanciones deportivas a los clubes rupturistas, entre los que figuran el Big Six de la Premier, Barça, Madrid, Atleti, Juve, Inter y Milan

La reacción del sistema no se ha hecho esperar, con un comunicado conjunto de la Uefa con las federaciones de España, Inglaterra e Italia, así como la Premier League, LaLiga y la Serie A. “Seguiremos unidos en nuestros esfuerzos para detener este cínico proyecto, un proyecto que se fundamenta en el interés propio de unos pocos clubes en un momento en el que la sociedad necesita más que nunca la solidaridad”, denuncian. La Fifa, tras un silencio largo durante el día, finalmente mostró su alineaniento con Uefa al rechazar cualquier competición que no aplique criterios de solidaridad, inclusión, integridad y redistribución económica.

Las represalias podrían ser inmediatas contra estos clubes, según avanzó The New York Times, y anular la presencia de los equipos que decidan romper en la próxima edición de la Champions y sus respectivas ligas nacionales. No es un movimiento menor, pues supondría privarlos a todos ellos de unos ingresos de más de 150 millones de euros sólo en derechos audiovisuales. Según Daniel Geey, abogado experto en derecho deportivo de Inglaterra, los estatutos de la Premier le avalan a expulsarlos.

Sobre este aspecto, el comunicado de federaciones y ligas es algo más tibio y se limita a recordar que “consideraremos todas las medidas a nuestro alcance, a todos los niveles, tanto judiciales como deportivos, para evitar que esto suceda”. “El fútbol se basa en las competiciones abiertas y el mérito deportivo; no puede ser de otra manera”, recuerdan.

Los fundadores de la Superliga, por su parte, sostienen que “este nuevo torneo anual proporcionará un crecimiento económico significativamente mayor, lo que permitirá apoyar al fútbol europeo a través de un compromiso a largo plazo, de que las aportaciones a la solidaridad, crezcan en línea con los ingresos de la nueva liga europea”. Según sus cálculos, podrán inyectar 10.000 millones de euros al sistema a lo largo de un periodo indeterminado. Actualmente, la Uefa transfiere más de 400 millones de euros anuales de la Champions League a equipos que no compiten en Europa.

Muestra de la división que esta ruptura unilateral genera entre los clubes es la ausencia de Bayern de Múnich, Borussia Dortmund y Paris Saint-Germain (PSG). En este sentido, las organizaciones admiten que “agradecemos a los clubes de otros países, especialmente a los clubes francés y alemán, que se han negado a inscribirse”. Y el grito de unidad se hace extensivo al resto de equipos y ligas: “Hacemos un llamado a todos los amantes del fútbol, ​​seguidores y políticos, a que se unan a nosotros en la lucha contra este proyecto si se anunciara”.

El director general de la gestora del fútbol profesional alemán, Christian Seifert, ha salido en defensa de las estructuras actuales, recordando que “sería irresponsable dañar de forma irreparable a las ligas nacionales como base del fútbol profesional europeo”. Semanas atrás ya denunció, sobre los equipos rupturistas, que “la brutal verdad es que algunos de estos supuestos superclubes son, de hecho, máquinas de quemar dinero en efectivo mal administradas que no pudieron, en una década de crecimiento increíble, acercarse a un modelo de negocios de alguna manera sostenible”.

Desde Dortmund, el director ejecutivo del Borussia, Hans-Joachim Watzke, ha recordado tras el anuncio de la Superliga que “FC Bayern Munich y Borussia Dortmund han mantenido una posición 100% coherente en todas las negociaciones” sobre el nuevo formato de la Champions League. Un ataque directo a los clubes que, este fin de semana, se han desmarcado drásticamente del acuerdo ECA-Uefa.

Por su parte, el director general del Bayern y presidente honorífico de la ECA, Karl-Heinz Rummenigge, ha reforzado en un comunicado la oposición germana. El exfutbolista ha asegurado que su club no ha participado en la planificación de una Superliga. “Estamos convencidos de que el actual modelo del fútbol garantiza una base seria”.

Además, el ejecutivo se ha mostrado escéptico con la Superliga: “No creo que vaya a solucionar los problemas económicos de los clubes europeos derivados por el coronavirus. Más bien, todos los clubes de Europa deberían trabajar de forma solidaria para garantizar que la estructura de costes, especialmente los salarios de los jugadores y los honorarios de los asesores, se ajusten a los ingresos para que todo el fútbol europeo sea más racional”.

Los promotores de la nueva competición cerrada han prometido un pago inicial de 350 millones de euros a los clubes que se adhieran y un mínimo de 240 millones anuales

Esa falta de candidatos a formar parte de la Superliga -por ahora sólo doce miembros- está por ver cómo afectaría al plan de negocio que durante meses ha estado diseñando Key Capital bajo el auspicio del Real Madrid. En su momento se filtró que contaban con la financiación de JP Morgan con 6.000 millones de euros, que garantizaba un pago inicial de 350 millones de euros por adherirse a la competición y el seguro de cobrar un mínimo de 240 millones por temporada.

Este elemento es clave, pues de producirse ahora el pago permitiría que los doce fundadores esquiven las pérdidas en 2020-2021. La idea es que los propietarios sean quince equipos, por lo que ese bonus de entrada se situará en 233 millones de euros por club. Este pago, según explican en un comunicado, estará “dedicado únicamente a acometer planes de inversión en infraestructuras y compensar el impacto de la pandemia de la Covid-19”. A cambio, todos aceptarán unas normas de fair play financiero que establecerá un marco de gasto común.

El modelo pasa por una competición de veinte equipos (los quince propietarios y cinco invitados en base a su rendimiento deportivo),  repartidos en dos grupos de diez, según explican los promotores de la Superliga. La temporada comenzará en agosto y en esa primera fase se jugarán partidos de ida y vuelta; los tres primeros de cada grupo se clasificarán automáticamente para los cuartos de final. Los equipos que terminen en cuarta y quinta posición jugarán un playoff adicional a doble partido. Posteriormente se jugarán playoffs de doble partido a partir de cuartos para llegar a la final, que se disputará a partido único, a finales de mayo, en una sede neutral.

Joel Glazer, co-presidente del Manchester United y vicepresidente de la Superliga, defiende que, “al reunir a los mejores clubes y jugadores del mundo para que jueguen entre sí durante toda la temporada, la Superliga abrirá un nuevo capítulo para el fútbol europeo, asegurando una competición e instalaciones de primer nivel, y un mayor apoyo financiero para la pirámide del fútbol en general”.

En cuanto al reparto de ingresos, los borradores filtrados semanas atrás indicaban que los clubes fundadores también se repartirían la mejor parte del bote de los ingresos por televisión. Entre los quince equipos se repartirán el 32,5% del total, y también participarán en el otro 32,5% que se repartirán los veinte clubes participantes. Un 20% se distribuiría por los méritos deportivos de cada equipo en la competición, quedando el 15% restante para una participación comercial.

Los clubes fundadores aseguran que podrán generar muchos más ingresos con su modelo, pero las TV avisan: “la Superliga no tendría más valor de mercado que lo que ya existe”

Y aquí está precisamente el problema, pues todos los operadores audiovisuales y patrocinadores han dejado claro que no hay más dinero para invertir en el fútbol como plataforma de entretenimiento. Al respecto, el director general de BT Sport, Simon Green, aseguró en febrero que la Superliga europea “por supuesto sería atractiva para las televisiones, pero no tendría más valor de mercado que lo que ya existe”.

Dicho de otro modo, los recursos que puedan destinar a la compra de derechos de la Superliga irá en detrimento de los presupuestos que hasta ahora reservaban para comprar la Champions League o las ligas nacionales. Aquí está el verdadero caballo de batalla entre los clubes que quieren la Superliga, pues consideran que los actuales criterios de reparto son injustos, y las ligas nacionales, que perderían atractivo comercial. En el caso de España, Barça y Madrid reciben en torno a un 10,5% del total de los ingresos audiovisuales, porcentaje que consideran que no es comparable a su peso en las audiencias.

Hoy los torneos de clubes de la Uefa generan 3.250 millones de euros brutos, una cifra que los ideólogos de la mayor revolución de la pirámide competitiva aseguran que puede doblarse. En total, las ligas nacionales recaudaron un total de 7.900 millones de euros, importe que hoy podría estar ya rozando los 9.000 millones si se atiende a los nuevos ciclos que se iniciaron a partir de 2019.

Parte de este negocio depende mucho de las suscripciones que adquieren los abonados, y estos también se han manifestado a través de Football Supporters Europe, una plataforma que aglutina a las asociaciones de aficiones del Viejo Continente. En su comunicado también cargan contra el modelo y ponen en cuestión la viabilidad económica de la nueva competición, sustentada principalmete por la televisión.

A este respecto, los expertos recuerdan que el verdadero driver de altas a las plataformas de televisión es la capilaridad geográfica que tienen las ligas nacionales. En el entorno de LaLiga defienden que para ganar suscriptores en Zaragoza o Sevilla, por citar dos grandes ciudades, necesitas un producto en el que sus equipos sean protagonistas. Y es algo que los expertos audiovisuales corroboran: “En Movistar+ tenían más audiencia los partidos de Segunda que cualquiera de la Premier League salvo contadas excepciones”, recuerdan.

La Superliga se compromete a no ocupar el fin de semana, reservado para las ligas nacionales, a las que sólo reservará cinco plazas de cada edición

Muestra de ello son los precios que están dispuestos a pagar los operadores por las ligas internacionales. Movistar+ apenas paga cinco millones de euros por Bundesliga y Serie A, respectivamente, mientras que por la Ligue-1 abona sólo dos millones, según estimaciones del sector. En su día tuvo la Premier League por unos ocho millones, pero Dazn puso sobre la mesa 20 millones que la teleco no quiso igualar por falta de rentabilidad.

En este sentido, no es nada menor la cuestión del calendario. La verdadera revalorización de los derechos de la Superliga vendría sobre todor por la ocupación del fin de semana, pues permite espaciar los partidos durante dos días con muchas más franjas horarias que garantizan prime time en Asia y Estados Unidos. Sin embargo, los ideólogos de la Superliga aseguran que “todos los partidos se jugarán entre semana, todos los clubes seguirán compitiendo en sus respectivas ligas nacionales, preservando así el calendario tradicional que está en el centro de la vida de los clubes”.

Ahora bien, esa opa sobre el fin de semana sí que exigiría una ruptura definitiva con el actual sistema, que reserva el sábado y domingo a las ligas nacionales. Estas ya han dejado claro que no renunciarán a ese derecho, por lo que no habría otra salida, que es especialmente necesaria para clubes como el PSG o los italianos, participantes de unas ligas devaluadas y cuya capacidad de generar ingresos está muy lejos de la que hoy tienen LaLiga o la Premier.

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