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La Hoja de Ruta “Deporte, Industria y Territorio”, impulsada por CEOE junto con las Comunidades Autónomas, abre el camino hacia una política industrial del deporte en España.

Durante décadas hemos contemplado el deporte, principalmente, como una política pública vinculada a la salud, la educación, la competición o la cohesión social. Y hemos hecho bien. Gracias a esa visión, España es hoy una potencia deportiva reconocida internacionalmente. 

Pero el deporte ha cambiado. Y probablemente nuestra forma de entenderlo no ha cambiado al mismo ritmo. Hoy el deporte ha dejado de ser únicamente una actividad o un conjunto de competiciones e instalaciones deportivas.

Hoy el deporte es una industria. Probablemente, una de las industrias con mayor capacidad de transformación económica y territorial de nuestro país.

Una industria formada por miles de empresas que diseñan, fabrican, distribuyen, organizan, innovan, investigan, desarrollan tecnología, generan empleo, exportan conocimiento y atraen inversión. Una industria que conecta sectores tan diversos como el turismo, la salud, la cultura, la movilidad, la inteligencia artificial, la industria audiovisual, la formación o la economía digital.

Sin embargo, seguimos analizando el deporte como si fuera únicamente un sector. Y ahí reside, probablemente, uno de nuestros principales desafíos. Porque las industrias no se desarrollan únicamente organizando eventos. Ni construyendo infraestructuras. Ni aprobando ayudas puntuales.

Las industrias necesitan:

  • estrategia,
  • innovación, 
  • talento, 
  • inversión,
  • seguridad jurídica, 
  • datos,
  •  internacionalización, 
  • colaboración público-privada. 

Y, además, necesitan una visión compartida.

Es decir, necesitan una auténtica política industrial. Ese es, precisamente, el cambio de paradigma al que nos enfrentamos. No se trata de sustituir las políticas deportivas tradicionales. Se trata de complementarlas con una visión económica que permita aprovechar todo el potencial transformador del deporte.

Cuando hablamos de industria del deporte hablamos de fabricantes, empresas tecnológicas, startups, operadores turísticos, universidades, centros tecnológicos, empresas audiovisuales, gestores de instalaciones y un amplio ecosistema de servicios especializados que conforman una cadena de valor extraordinariamente diversa.

Cuando una actividad no se reconoce como industria, tampoco se gobierna como tal. Esa es la razón por la que seguimos abordando muchos de sus desafíos de forma fragmentada, cuando requieren una estrategia común que conecte economía, innovación, formación, turismo, tecnología y territorio.

Por eso resulta imprescindible empezar también a cambiar la forma en la que medimos el deporte. No basta con cuantificar el impacto económico de un gran evento o el número de licencias deportivas. Necesitamos conocer cuál es la aportación real de toda la industria deportiva al crecimiento económico del país.

Necesitamos desarrollar Cuentas Satélite del Deporte que permitan medir de forma homogénea su contribución al PIB, al empleo, a la inversión, a la innovación, a las exportaciones o a la productividad. Las Cuentas Satélite no persiguen únicamente mejorar las estadísticas; permiten gobernar mejor una industria cuya verdadera dimensión económica todavía desconocemos.

En un contexto internacional en el que los países compiten por atraer talento, inversión, tecnología y grandes proyectos industriales, el deporte representa una oportunidad extraordinaria para reforzar la competitividad de España.

España ya ha demostrado que sabe ganar en el deporte. Ahora tiene la oportunidad de demostrar que también sabe construir una gran industria del deporte.

Ese es el cambio de paradigma que inspira la Hoja de Ruta "Deporte, Industria y Territorio", impulsada por CEOE junto con las Comunidades Autónomas. La hoja de ruta propone reconocer el deporte como una industria estratégica y construir un marco estable de colaboración entre administraciones y empresas para impulsar la innovación, el talento, el turismo deportivo, la cultura del dato, la simplificación administrativa y la competitividad territorial.

Porque las grandes industrias no se construyen desde una única política pública. Se construyen conectando empresas, administraciones, universidades, centros tecnológicos e inversión. 

El gran reto de la próxima década no será decidir cuántas competiciones organizamos.

Será decidir cuánto tejido empresarial, cuánta innovación y cuánto talento somos capaces de generar gracias al deporte.

España dispone de todos los ingredientes para liderar esa transformación. Tenemos empresas competitivas, talento, capacidad organizativa, tecnología, destinos de referencia internacional y una extraordinaria red deportiva.

Lo que necesitamos ahora es reconocer que todas esas fortalezas forman parte de una misma industria. Solo cuando una actividad se reconoce como industria comienza a diseñar políticas industriales, atraer inversión, generar innovación, medir su productividad y planificar su crecimiento. Las industrias no nacen: se construyen.

Quizá dentro de unos años sigamos preguntándonos cuántos espectadores asistieron a un gran campeonato o cuál fue su impacto económico. Pero esa dejará de ser la pregunta decisiva.

La verdadera pregunta será otra: ¿estamos construyendo la industria del deporte que España necesita para competir en la economía del siglo XXI?

Porque el futuro del deporte no dependerá únicamente de lo que ocurra en los terrenos de juego. Dependerá de nuestra capacidad para reconocer que, además de un fenómeno social y cultural, el deporte es una industria estratégica.


Inmaculada Benito es directora de Turismo, Cultura y Deporte de CEOE

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