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Comunidad, visibilidad y nuevos ingresos: la receta que impulsa la popularidad del baloncesto

Los avances tecnológicos que facilitan la reducción de costes de las emisiones han posibilitado la aparición de plataformas como Basquet TV, que potencian la visibilidad de las competiciones. La Liga Argentina es uno de los ejemplos más claros.

Liga Nacional de Básquet Argentina 2026

Durante años, buena parte del baloncesto profesional vivió fuera de la pantalla en muchos de sus grandes mercados. La NBA y las grandes competiciones europeas concentraban la atención televisiva, mientras que otros campeonatos de un segundo nivel apenas encontraban espacio en las parrillas. La democratización de la producción audiovisual y la expansión de las plataformas digitales están cambiando ese escenario. Hoy, competiciones como la Liga Nacional de Básquet de Argentina o la Primera FEB española pueden garantizar la emisión de todos sus partidos y convertir esa visibilidad en un activo para construir comunidad, captar datos y abrir nuevas vías de ingresos.  

La transformación del modelo de negocio no pasa únicamente por sustituir la televisión tradicional por una OTT. El cambio es más profundo, tanto en términos de negocio, como de marketing. El partido deja de ser un producto que se emite una vez y se convierte en la materia prima para generar contenido que alimenta las redes sociales durante toda la semana, ofrecer nuevos soportes publicitarios y conocer mejor a los aficionados. En este nuevo modelo, la producción ya no es una barrera de entrada tan elevada y la distribución digital permite que categorías históricamente invisibles puedan competir por la atención. 

Argentina es uno de los ejemplos más avanzados de esta estrategia. El proyecto comenzó en plena pandemia por iniciativa de Fabián Borro, entonces presidente de la Asociación de Clubes, con la retransmisión de la segunda división masculina, la Liga Argentina. La experiencia permitió demostrar que existía espacio para una oferta más amplia y sentó las bases para extender posteriormente el modelo a la Liga Nacional, que es la primera categoría, la competición femenina y la Liga de Desarrollo. Aquella plataforma, Basquet Pass, ahora denominada Basquet TV, ha evolucionado hasta convertirse en una pieza central de la estrategia tecnológica y comercial del baloncesto profesional argentino. 

 

“Necesitábamos que el 100% de la Liga Nacional estuviera disponible para el aficionado, en cualquier punto del país, y darle proyección internacional”

 

“Buscábamos resolver un problema histórico: la mayor parte de nuestros partidos quedaba fuera de la pantalla. La televisión tradicional transmitía únicamente el partido más importante de la jornada, una o dos veces por semana. Necesitábamos que el 100% de la Liga Nacional estuviera disponible para el aficionado, en cualquier punto del país, y darle proyección internacional”, explica Eduardo Tassano, presidente de la Asociación de Clubes y de la Liga Nacional de Básquet Argentina

La solución fue apostar por una plataforma propia en colaboración con un socio tecnológico, Básquet TV. El resultado permitió centralizar la distribución de todas las competiciones profesionales gestionadas por la Asociación de Clubes: Liga Nacional, Liga Femenina, Liga Argentina y Liga de Desarrollo. “Antes de Basquet TV, eso era impensable”, resume Tassano.

El caso ilustra cómo la reducción de las barreras tecnológicas está ampliando las posibilidades de las ligas y los clubes. La televisión convencional obligaba a seleccionar unos pocos encuentros por temporada debido a los elevados costes de producción y distribución. Ahora, los sistemas de producción automatizada, la retransmisión a través de internet, la integración de datos en directo y la producción en la nube permiten escalar el número de partidos con un coste más asumible. 

 

Basquet TV como “cerebro tecnológico” de la competición

Para la Asociación de Clubes, Basquet TV no es únicamente una ventana de distribución. Tassano la define como “el cerebro tecnológico de la competición”. La plataforma ha permitido integrar los sistemas estadísticos en las retransmisiones, mejorar la calidad audiovisual y generar nuevos activos comerciales para los equipos. 

La retransmisión se convierte así en una base sobre la que construir otras piezas de contenido. Repeticiones instantáneas, resúmenes automatizados, highlights y clips para redes sociales permiten prolongar la vida comercial del partido. También aparecen nuevos formatos publicitarios que no existían cuando el producto se limitaba a una señal televisiva convencional. 

“Llegar a más gente y a más lugares es uno de nuestros objetivos, y la tecnología es lo que lo hace posible. Así el básquet se transforma en un producto comercial completo y con el que llegamos a casi todas las provincias del país”, señala Tassano.  

 

 

La evolución tecnológica también ha servido para homogeneizar la calidad de las emisiones. El paso de los antiguos sistemas de producción y distribución vía satélite a la producción en internet y en la nube permite que un encuentro tenga el mismo estándar independientemente del lugar en el que se dispute. 

“Una transmisión con cortes o de baja definición aleja al público al instante. Hoy trabajamos con producción en la nube, lo que unifica el estándar. El mismo partido se ve con la misma calidad en la Patagonia, en el norte argentino o en cualquier país donde nos sigan”, explica. 

La mejora del producto audiovisual tiene un efecto que va más allá de la audiencia. También facilita la comercialización. Según Tassano, una producción de calidad permite a la competición negociar con patrocinadores premium, especialmente exigentes con el entorno en el que aparece su marca. A ello se suma un factor reputacional para jugadores y clubes, ya que una competición que se ve y se produce con estándares profesionales refuerza el valor de todo el ecosistema. La Liga Nacional tiene más de 800.000 seguidores en sus redes sociales y la pasada temporada contó con una cartera de patrocinadores formada por Lüsqtoff, Hipotecario Seguros, Apres Salud, Molten, Catapult y Multiled.  

 

“El básquet argentino es una marca de exportación histórica, y la tecnología nos permite ponerle valor en cualquier mercado internacional”

 

El crecimiento en el mercado local también reduce los riesgos del proceso de internacionalización. Javier Tebas Llanas, fundador de Basquet TV, explica que “en 2020 empezamos y vimos que el modelo tenía sentido para el básquet. Pese a ser en muchos países el segundo deporte, solo se le daba ventana televisiva al partido más interesante de la jornada. Vimos que había un 80% de contenido que no estaba teniendo visibilidad. ¿Por qué no unificarlo y tener una plataforma que nos permita trabajar ese contenido de primer nivel, que no tiene espacio en las televisiones lineales convencionales, pero sí tiene espacio en el mundo de la OTT?”. 

La plataforma impulsada por Tebas Llanas está presente en mercados como Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador y Bolivia, mientras que la Liga Nacional Argentina puede seguirse desde cualquier lugar del mundo. Para Tassano, “el básquet argentino es una marca de exportación histórica, y la tecnología nos permite ponerle valor en cualquier mercado internacional”. El objetivo final es que esta infraestructura tecnológica tenga impacto en la sostenibilidad de los clubes. Más visibilidad debería traducirse en una mayor capacidad para captar patrocinadores, generar ingresos propios y reforzar los presupuestos de los clubes. 

 

La FEB apuesta por su propia ventana de visibilidad 

Así como la liga argentina apostó por crear una estructura propia para centralizar la producción y distribución de contenidos, la Federación Española de Baloncesto (FEB) ha hecho lo propio con sus competiciones. A través del CanalFEB.TV se emiten todos los encuentros de Primera FEB y Liga Femenina Endesa, así como partidos de Segunda y Tercera FEB, y de LF Challenge y LF2, la segunda y tercera división femenina. A ello se le suma el canal de YouTube de la FEB, a través del cual pueden seguirse todos los encuentros de la primera división femenina. 

Este modelo adquiere especial relevancia tras el cierre de LaLiga+. La desaparición de la OTT no pone en peligro la producción ni la emisión de Primera FEB, ya que ambas funciones ya recaían en la Federación. 

El nuevo escenario, de hecho, permite recuperar margen para buscar un socio que amplifique la distribución y para personalizar determinados elementos de la señal. Sin ir más lejos, muchos clubes habían perdido un activo publicitario clave en la inserción de un patrocinador principal dentro de los grafismos de resultado y tiempo de juego en el último año. 

La FEB tenía presupuestados 790.000 euros por derechos de televisión en 2025, aunque no se conoce qué parte de esta cantidad correspondía a los pagos de LaLiga+ por los derechos. El reto pasa ahora por mantener ese nivel de ingresos mientras se preserva una visibilidad que ya está garantizada gracias a la infraestructura propia. 

 

Del espectador anónimo a una comunidad identificada

Uno de los cambios más relevantes está en los datos. Durante décadas, una parte importante de la audiencia permanecía fuera del radar de las competiciones. La digitalización ha modificado esa relación. “Antes vendíamos una entrada física y no sabíamos quién se sentaba en la tribuna; tampoco teníamos información de quién consumía básquet por las pantallas tradicionales”, apunta Tassano. “Hoy el dato es el activo más valioso del negocio del deporte”, asegura. 

La Asociación de Clubes ha complementado la estrategia audiovisual con Basquet ID, una aplicación que centraliza la venta de entradas y ofrece a los clubes herramientas de gestión. El objetivo es conectar los datos del consumo digital con los de la asistencia presencial y conocer mejor a una comunidad que hasta ahora resultaba difícil de identificar.

 

 

La información puede trasladarse directamente al negocio comercial. “Ya no vendemos solo un cartel fijo en la cancha; le ofrecemos a las marcas una audiencia real, con intereses, edades y hábitos de consumo. Eso multiplica el valor comercial de cada equipo”, agrega. 

Es uno de los cambios que explica la apuesta de muchas ligas por controlar su propia producción y distribución. Los derechos audiovisuales ya no se entienden exclusivamente como un cheque garantizado por un operador. Son también una herramienta para construir una relación directa con el aficionado y desarrollar ingresos adicionales.

 

La retransmisión va más allá del partido

Ahora bien, la democratización de la producción también obliga a replantear la explotación de los partidos. Para competir con Netflix, YouTube, creadores de contenido u otras opciones de entretenimiento, las plataformas deben ofrecer algo más. “El partido de 40 minutos ya no es el único producto, sino que es el punto de partida de decenas de contenidos que viven durante toda la semana”, sostiene el ejecutivo, también presidente del Club de Regatas Corrientes. 

En este sentido, el baloncesto tiene una ventaja por explotar. Con un ritmo alto y posesiones de 24 segundos, las mejores jugadas encajan a la perfección para los reels de las redes sociales. La tecnología permite, además, automatizar parte de este proceso y poner el contenido a disposición de la competición y los clubes poco después de que se produzca. 

 

“El partido de 40 minutos ya no es el único producto, sino que es el punto de partida de decenas de contenidos que viven durante toda la semana”

 

La capacidad de generar más contenido con un mismo evento es especialmente relevante para categorías que tradicionalmente no contaban con grandes contratos audiovisuales. La falta de un operador dispuesto a pagar por todos sus partidos ya no supone que el producto carezca de valor. La competición puede generar primero visibilidad y comunidad, y monetizar posteriormente esa atención a través de patrocinio, publicidad, suscripciones…

Este es, en definitiva, el gran cambio que está generando la democratización audiovisual. Para ligas emergentes que viven a la sombra de la NBA, la ACB o la Euroliga, asegurar la visibilidad de todos los partidos es el primer paso para construir comunidad. Y a partir de ahí, transformar esa comunidad en un activo económico. 

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