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El plan de la Superliga, destrozado: el veto francoalemán y el ‘Brexit’ se comen el 50% del negocio

Reino Unido, cuyos equipos anoche dieron marcha atrás, Alemania y Francia son los tres mercados que hoy generan más ingresos para la Champions League, por lo que su ausencia hace imposible su plan de generar 4.000 millones en ingresos anuales.

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¿Puede una competición futbolística facturar más de 4.000 millones de euros sin activos en los tres mercados audiovisuales más fuertes de Europa? Más difícil aún, ¿es posible con el aparente rechazo de tres de los principales compradores de derechos de televisión en el continente? Ese es el desafío al que hoy se enfrentan los promotores de la Superliga, tocada de muerte desde ayer por la noche tras sufrir su particular Brexit. “Esto no va a ningún sitio; uno de los planes de negocio más flojos que se han visto”, sostienen dos brokers audiovisuales, habituados a vender algunas de las principales competiciones internacionales en todo el mundo.

El primer escollo para The Super League es que hoy no tiene clubes en Francia y Alemania, los dos principales mercados audiovisuales para la actual Champions League después de Reino Unido. Allí iba a contar con la fortaleza del Big Six, hasta que ayer por la noche Manchester City, Manchester United, Liverpool, Arsenal, Chelsea y Tottenham fueron anunciando su desvinculación del proyecto. Tocado y hundido en apenas 48 horas que confirmaban las deficiencias del business plan.

En buena parte de los comunicados de retirada, los clubes británicos pusieron al aficionado en el centro del mensaje, dándole el poder sobre la decisión adoptada. “La reacción de los aficionados en los últimos días nos ha dado tiempo para una mayor reflexión. Cometimos un error y pedimos disculpas”, aseguró el Arsenal. “Dadas las circunstancias actuales, reconsideraremos los pasos más adecuados para remodelar el proyecto”, señalaba la Superliga, que ambicionaba generar 3.000 millones al año por televisión y 1.000 millones más en patrocinio, frente a los 2.717 millones y 458,3 millones que genera actualmente la Uefa por estos conceptos sin pandemia.

La Uefa tiene garantizados 465 millones de euros en Reino Unido con BT Sports, otros 375 millones de euros en el mercado galo con Canal+ y beIN Sports, mientras que en el germano logró elevar la cifra a 405 millones de euros gracias a la irrupción de Dazn y Amazon. Sky ya había desistido de pujar para concentrarse en la Bundesliga. Es decir, que estos tres territorios representan prácticamente el 50% de los ingresos audiovisuales que hoy generan los torneos de clubes de Uefa y hoy son terreno prohibido.

¿La razón? Los aficionados alemanes son consumidores especialmente de la competición doméstica y únicamente les llama la atención aquellos eventos en los que puedan aparecer Bayern de Múnich, Borussia Dortmund o, en los últimos tiempos, el RB Leipzig. De hecho, es un territorio en el que incluso LaLiga y la Premier League han sufrido para obtener buenos acuerdos. La afición británica ayer dejó claro que su simpatía por este nuevo torneo iba a ser nula.

Mismo escenario en Francia, donde para más inri el gran comprador de derechos junto a Canal+ es beIN, canal controlado por el emirato de Qatar al igual que el Paris Saint-Germain (PSG). Es más, comparten presidente, Nasser Al-Khelaïfi, quien ayer reafirmó su apuesta por desarrollar las competiciones de clubes bajo el paraguas de la Uefa. “Cualquier propuesta sin el apoyo de la Uefa, que se ha esforzado por promover los intereses del fútbol europeo durante casi 70 años, no resuelve los problemas a los que se enfrenta actualmente la comunidad del fútbol”, recordó en un comunicado.

Su rechazo, que puede interpretarse como un posible golpe a la comercialización de los derechos en Oriente Medio y norte de África, vino acompañado del de los dos tenedores de derechos más importantes en Reino Unido. BT Sport se unió a las voces críticas, asegurando que la Superliga “podría causar daños a largo plazo en la salud del fútbol de este país”. Sky, clave en el mercado británico, alemán e italiano, reafirmó su apoyo a los partners con los que ya trabaja, como son Premier League, Bundesliga y Champions.

“Cuando no tienes ingresos más que los de la televisión, entiendes que la única manera de rentabilizar los ingresos es haciendo partidos más competitivos, más atractivos y que puedan ver todos los fans del mundo de todos los grandes clubes”, defendía la pasada madrugada Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y la Superliga. En privado, entre los partidarios del cambio se sostenía estos días la irrupción de Amazon como potencial salvador.

Nada más lejos de la realidad, al menos hasta 2024, que es cuando vencen los contratos que en los últimos meses ha firmado con la Uefa para emitir su principal torneo de clubes en Alemania e Italia. “Creemos que parte del drama y la belleza del fútbol europeo procede de la posibilidad de cada club de alcanzar el éxito a través de rendimiento sobre el terreno de juego”, aclaró ayer Amazon en un comunicado. Y zanjaba: “No hemos estado involucrados en ninguna discusión sobre la Superliga”.

Este anuncio, a priori, rompe cualquier ilusión de un gran acuerdo a escala global que rompiera por primera vez con la comercialización de derechos país a país o por territorios. ¿Y el resto de los gigantes tecnológicos? Facebook ya anunció hace semanas que dejaría de comprar derechos sobre retransmisiones en directo, Netflix ya aclaró que su foco está en la ficción y ni Apple ni Google tienen unidades de negocio o masa crítica suficiente para generar los más de 2.700 millones que, en una temporada sin Covid-19, la Uefa ya venía generando con los derechos audiovisuales de Champions y Europa League.

Entre los elementos señalados por los expertos como punto débil de una revalorización del negocio de la Superliga está el calendario. Los doce clubes fundadores anunciaron que su intención es continuar jugando entre semana para que las ligas nacionales preserven el carrusel de sábado y domingo. Movimiento político para intentar llevarlas -sin éxito- a su terreno, pero que supone renunciar al prime time de Norteamérica y Asia, dos de los territorios donde sí podría revalorizarse un campeonato llego de históricos con horarios adecuados.

Un elemento más es el de la calidad o cantidad, mix que buscan todas las televisiones para garantizar que los partidos superventas van acompañados de más encuentros que sirven para rellenar horas de programación. La Superliga promete aproximadamente 400 partidos por temporada, por los 420 encuentros que hoy la Uefa garantiza entre Champions, Europa League y Conference League.

Es decir, que aquí la competición privada sí podría tener argumentos a su favor, como defendía Pérez al señalar que unir a las grandes potencias ayudaría a solucionar la falta de conexión con las nuevas generaciones. “Los jóvenes de hoy ya no les interesa el fútbol, y el fútbol se ha de adaptar. Tenemos que cambiar algo para que sea un producto atractivo a nivel global”, decía.

Otra cuestión es la capilaridad del negocio, pues Uefa lo que asegura es venta en todos los mercados europeos con clubes participantes, algo que la Superliga no podría dar. En este sentido, el director general de BT Sport, Simon Green, aseguró en febrero que la Superliga europea “por supuesto sería atractiva para las televisiones, pero no tendría más valor de mercado que lo que ya existe”. Una frase tras la que se esconde el gran miedo y la consecuente reacción de las ligas nacionales, que temen una devaluación de sus derechos si el nuevo formato llama verdaderamente la atención.

En 2019, cuando Football Leaks filtró los borradores de este proyecto, LaLiga encargó un informe a Kpmg para medir cuál sería el golpe en su negocio, con una conclusión demoledora: la devaluación audiovisual de las ligas nacionales superaría el 20%, alcanzando el 41,5% en el caso de la competición española, según el documento al que ha accedido 2Playbook. Es decir, un retroceso de más de 1.700 millones de euros que impactaría directamente en la competitividad de sus clubes respecto a los que asciendan a la Superliga. Pero también en el dinero que llega al resto del deporte español.

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