‘Se busca club social’: así se articula la nueva ofensiva de los fondos de inversión en el fitness

Las firmas de inversión ven una oportunidad en adquirir clubes sociales premium que atraviesan dificultades económicas y empresas familiares que no encuentran relevo generacional para seguir operando.

Reebok Sport Club

En Succession, el hilo argumental gira en torno al debate sobre el futuro de un conglomerado global de medios tras los problemas de salud del patriarca de la familia y propietario de la compañía. Mientras los hijos compiten por el protagonismo en el futuro de la empresa, una de las alternativas que valoran es la venta de la misma a un fondo inversor. Un escenario similar, aunque con menos disputas internas, se reproduce en numerosos centros deportivos que suman décadas de experiencia en el sector: clubes de autor con reconocimiento local y una identidad que les ha permitido convertirse en referentes para un determinado territorio.

Son grandes bastiones del fitness cuya independencia, sin embargo, podría tener los días contados. Y es ahí donde los fondos de inversión y grandes operadores del sector están poniendo el foco. ¿El motivo? Por un lado, los grandes operadores del sector ya están participados por fondos, y es más sencillo invertir en una empresa familiar que no encuentra relevo generacional. “Entrar en una cadena que ya está participada por un fondo es más complicado que hacerlo en una que no cuenta con firmas de inversión en su capital”, reconoce un alto directivo de una cadena de gimnasios,

Tras una primera ola en que las gestoras de fondos han invertido en GO fit, Supera, Altafit, Forus, Enjoy Wellness o Synergym, el capital se ha lanzado a la caza de los grandes clubes independientes o microcadenas familiares que son vistas como puerta de entrada al sector del fitness. “Dónde más cuesta entrar es en clubes sociales porque tienen un capital atomizado y la toma de decisiones es lenta”, reconoce un experto en compraventas. Son numerosas las conversaciones que están vigentes, y el mercado anticipa que habrá más en el futuro. En la mayoría de casos, los activos adquiridos son clubes que atraviesan dificultades económicas, en desuso o que necesitan una elevada inversión en renovación y rebranding.

A diferencia de lo que ocurre los fondos que durante los últimos diez años han invertido en los big players del sector en busca de volumen y de economías de escala, la inversión en clubes y microcadenas familiares pretende crecer en pocas, pero emblemáticas, ubicaciones. Son instalaciones amplias, con zona de aguas, dirigidas al público familiar y con zona de deportes de raqueta, con un claro foco en crear comunidad y fidelizar.

Es el caso, por ejemplo, de Bonasport Club, instalación fundada en 1986 y que cuenta con más de 16.000 metros cuadrados en la zona alta de Barcelona. “Hace cuatro o cinco años hubo alguna aproximación de algún grupo para hacer una oferta, pero últimamente no hemos recibido nada”, admite Eduard Cabré, el gerente del centro. La propiedad del club, que recae en las familias Güell y Navarro, recalca que la vocación de Bonasport es la de seguir siendo un club independiente, por lo que no se plantea una venta en la actualidad. David Lloyd, que está participada por el fondo TDR, es uno de sus inversores minoritarios y, aunque lo ha intentado, no ha conseguido hacerse con el control del club.

Eso sí, por el camino ha adquirido tres clubes a Áccura, ha comprado Reebok Sports Club a los hermanos Carlos y Antonio Sainz y se ha hecho con el antiguo Club de Tenis Manolo Santana de Boadilla (Madrid), que estaba en desuso. Tras años preparando su acelerón en el fitness español, David Lloyd finalmente ha puesto la sexta marcha en España gracias a las operaciones corporativas.

 

Los grandes operadores con fondos en el capital salen de compras

David Lloyd está abanderando este movimiento y sigue atenta a oportunidades. Como admitió Bruce Gardner, director de nuevos clubes de David Lloyd, en una entrevista a 2Playbook, “hay una demanda sin explotar de gimnasios premium para familias en España y estamos buscando proactivamente nuevas adquisiciones y oportunidades de construcción en todas las principales ciudades del país”. Pese a su política de adquisiciones, con la que prevé alcanzar 150 centros deportivos en 2026, David Lloyd también puede ser sujeto de una compraventa, ya que su propietario, el fondo TDR Capital, ha puesto a la venta la compañía por unos 2.000 millones de libras (2.319 millones de euros). 

Otra de las operaciones más destacadas hasta la fecha es la adquisición, por parte de DuIN, la antigua Duet Sports, del Marisma Wellness Center. La gestora de instalaciones deportivas dirigida por el grupo inversor Sixth Street Partners desembolsó 4,42 millones de euros en 2021 para comprar uno de los clubes insignia de Santander. 

Otra cadena de ámbito estatal, Viding Fitness, compró en 2020 el complejo deportivo Ekke, en Lleida. La compañía anunció una inversión de más de dos millones de euros para renovar la instalación y adaptar sus servicios a las últimas tendencias del sector. También se estrenó en Baleares con la compra de la red de centros Illes Fitness Clubs. Otro centro que arrastraba dificultades económicas, el Club de Campo Valencia K7, también ha pasado este año a manos de otro grupo británico, Aspria, que lo ha rebautizado como Espresso K7 Valencia. Anteriormente, este club fundado en 1984 se declaró en concurso y pasó a manos del empresario valenciano Jorge de Fuentes, que no pudo revitalizarlo en plena pandemia. Brian Morris, fundador y director general de Aspria, afirma que el objetivo tras esta compra es “aprovechar su pasado, pero con una perspectiva contemporánea e instalaciones muy mejoradas para adaptarse a la familia moderna y un estilo de vida moderno”.

También en la Comunidad Valenciana, aunque esta vez en Alicante, Sovcom Invest, vehículo de inversión gestionado por el despacho alicantino Rosmedian Law, adquirió a la familia Palacio a principios de 2022 el centro deportivo Arena Alicante. La firma, que cuenta con inversores internacionales, adquirió la concesión del centro de 26.000 metros cuadrados fundado en 2006.

En la Comunidad de Madrid, Smartfit ha debutado este año en el segmento concesional con un macrocomplejo de más de 21.000 metros cuadrados, Hispaocio. La cadena de gimnasios de bajo coste decidió comprar la gestión de este club, cuya concesión administrativa termina en 2030. Se desconocen los detalles económicos de la operación, aunque la compañía invertirá 1,2 millones en reformar y ampliar el centro.

 

Clubes que se resisten a la entrada de fondos de inversión

Bonasport no es el único club que se resiste a su venta. “Hemos recibido intereses porque tenemos un club consolidado y bien estructurado que goza de una posición de casi monopolio en la zona. Entendemos que es algo goloso de cara a inversores, pero no nos planteamos su venta”, explica uno de los responsables del centro Espai Wellness, que cuenta con 8.000 metros cuadrados en Granollers (Barcelona).

En Sevilla, la familia Ordoñez está al frente de Strugal, compañía que controla dos gimnasios, Hispano y Galisport, que juntos suman más de 16.000 metros cuadrados. Fuentes de la cadena admiten que hace algunos años recibieron intereses y propuestas para traspasar ambos centros, pero no se concretaron en ofertas formales por las elevadas pretensiones económicas que les pidieron. “¿Si venderíamos? Si la oferta es indecente, ¿por qué no?”, admite un alto cargo de la empresa.

Una respuesta similar ofrecen las direcciones de otros grandes centros deportivos. “Me han llamado a la puerta algunos potenciales compradores, pero con números irreales que no me interesan para nada”, reconoce Matias Polo, fundador y director del Club Delfos de Cornellà de Llobregat (Barcelona), que pese a dejar constancia que el club de 10.000 metros cuadrados “no está a la venta”, sí reconoce que está dispuesto a escuchar propuestas. ¿El motivo? En su caso, la falta de relevo generacional.

“Me gustaría que en el futuro se convierta en un family club con espacios grandes y polivalentes en el que los niños tengan un espacio concreto para ellos”, añade. Polo da otra clave sobre qué los fondos estudian este tipo de instalaciones: “Convertirse en un centro refugio que alimente socialmente a los abonados y que por una cuota asumible tengas muchos servicios. Cada vez hay más cadenas que miran hacia la mezcla de salud, deporte y gestión del tiempo libre”.

El Aqua Sport Clubs de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) tampoco tiene previsto colgar el cartel de En venta aunque Manel Lucas, gerente, admite que ha recibido propuestas de grandes cadenas que las ha rechazado. El gestor, eso sí, augura que en España habrá “muchas operaciones de este tipo en los próximos años porque el mercado está poco concentrado. “Con grandes redes, los grandes grupos generan ahorros de gastos”, explica.

Sobrevivir a la competencia con un club independiente sin fondos de inversión en el capital pasa por ofrecer una experiencia diferenciadora al usuario e invertir en las instalaciones.  “Para sobrevivir tenemos que seguir innovando y reinvirtiendo para que los usuarios sigan pensando que la competencia, por más nueva que sea, es peor que tú”, ha añadido el directivo de un club que ha destinado 1 millón en transformar el gimnasio en un club multiboutique.  

En Valencia, el propietario de Atalanta Sports Club, Juan Carlos Gómez-Pantoja, sí ha encontrado relevo generacional para los tres clubes de la cadena premium que gestiona más de 20.000 metros cuadrados. “Hemos recibido ofertas, pero no han estado a la altura de lo que valen los centros, que son de propiedad de la familia, y ahora no me planteo vender”, asegura. Carla, Macarena y Juan Carlos, sus hijos, dirigen cada uno de los tres centros de la cadena, aún con el apoyo de su padre.

 

Los clubes socio deportivos, una oportunidad que no siempre requiere un gran coste

Es difícil encontrar parcelas de entre 10.000 metros y 30.000 metros cuadrados donde edificar un macrocomplejo deportivo privado desde cero. Aún más cuando alrededor operan cadenas concesionales, que van de la mano de la Administración para construir grandes centros deportivos municipales.

Este escenario provoca que las cadenas del sector interesadas en estos grandes complejos apuesten por comprar centros ya existentes. “El crecimiento orgánico es cada vez más difícil, es más fácil comprar algo que existe y trabajar a partir de su fondo de comercio”, explica otro directivo de un destacado centro. En este sentido, además de los gimnasios independientes hay otro tipo de centros deportivos que ya están en el radar de los grandes inversores: los clubes socio deportivos.

Son entidades sin ánimo de lucro de larga tradición, pero sin una estructura de dirección profesional. “Muchos de estos clubes mantienen una base de usuarios seinor, pero no retienen a los jóvenes. Sin una gestión profesionalizada los números no salen, lo que propiciará la irrupción de cadenas que entrarán a operar, aportando su know how en fitness y gestión”, explica el directivo de un destacado centro deportivo. “El problema que tienen es que la gente que los gestiona no arriesga ni innova, porque los dirigen con mandatos de cuatro años, lo que provoca que los clubes se queden antiguos”, admite. 

De hecho, ya se han dado algunos casos de cadenas que empiezan a entrar a gestionar complejos de este tipo. Lo hacen, además, buscando fórmulas que no siempre implican un gran desembolso económico para la compra de un club. Es el caso de compañías como Áccura, que, como avanzó 2Playbook, este año se ha hecho con la gestión del Club Tennis-Barcelona Teià durante veinte años, ampliable a diez más, a cambio de comprometerse a invertir 1,5 millones de euros para mejorar las instalaciones del club.

Una alternativa parecida ha elegido otra cadena catalana de gimnasios, DiR, que en 2022 integró a su red de centros el Club de Golf Fontanals de La Cerdanya, pese a que sólo explotará su gimnasio, de más de 2.500 metros cuadrados. Ambas cadenas buscan repetir esta fórmula en otros centros que les cedan la gestión de espacios concretos donde pueden aportar su know how como gestoras expertas en la explotación de centros deportivos con espacios de fitness y raqueta.

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