El deporte, una excusa para hablar del regreso a la normalidad

La vuelta de LaLiga significó el regreso del deporte tras el confinamiento, cuando el público anhelaba entretenimiento en directo. Su reanudación fue entendida por el Gobierno y la sociedad como una clave “del proceso de retorno a la nueva normalidad”.

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Que el deporte es más que deporte es un lema tan facilón como real. No hace falta retrotraerse a los romanos y a su Pan y Circo para reflexionar al respecto, basta con que llegue a nuestras vidas un virus mortal y contagioso para que se constate la importancia e influencia de esta industria en la sociedad. De repente, muchos españoles se dieron cuenta de su relación inherente con el deporte, escenificada en tantos aspectos y ocasiones que resulta imposible de explicar en un único relato. El parón del deporte en el confinamiento, el momento de mayor demanda de contenidos de entretenimiento, chocó a la sociedad, de modo que la reanudación de LaLiga fue vista por muchos como el regreso a la normalidad, sin público en las gradas, pero dispuesta delante del televisor.   

El propio Gobierno, a través de la presidenta del Consejo Superior de Deportes (CSD), Irene Lozano, situó al deporte “en primera línea del proceso de retorno a la nueva normalidad”. La vuelta a los entrenamientos de los deportistas profesionales fue, si recuerdan, una de las primeras medidas de alivio del confinamiento. La dirigente, además, remarcó el papel clave del fútbol como “una de nuestras locomotoras”, pero también como ejemplo ante la sociedad.

“Los profesionales del deporte han hecho gala de una gran capacidad de sacrificio y de enorme solidaridad, contribuyendo al sostenimiento del sector en estas circunstancias críticas, y mandando mensajes importantes, de moral y resiliencia, al conjunto de la ciudadanía”, recogió el CSD al justificar la relevancia del deporte en protocolo básico de actuación para la vuelta de los entrenamientos y el reinicio de las competiciones.  

La propia industria, y no solo deportiva, tuvo que adaptarse a la situación que vivía –y aún vive– el país. El partido más importante de todos se jugaba en casa, donde, por ejemplo, la radio fue fiel compañera. Una radio, acostumbrada a vestirse de corto los fines de semana, que, también de repente, no tenía partidos que narrar ni jugadas sobre las que discutir. Aunque en esta lista de agraviados directos e indirectos por el parón total de las competiciones hay muchos más damnificados, el terremoto que se vivió en las ondas fue, quizá, el mejor ejemplo mediático de la anormalidad de un mundo sin deporte que seguir.

“El deporte funciona como una especie de elemento que genera una situación de normalidad en la sociedad”, apunta Joseba García, sociólogo e investigador de la UPV/EHU. La vuelta al fútbol, como deporte rey en España, también dejó a las claras la fuerza de los clubes. García recuerda el conflicto que se generó también con el retorno de LaLiga sin público: “Hay mucha gente que no sólo necesitaba la vuelta del fútbol, sino ir al fútbol”. El fútbol –y el deporte– como nexo de unión y de costumbres para millones de personas en este país.

La presidenta del CSD, Irene Lozano, situó al deporte “en primera línea del proceso de retorno a la nueva normalidad”

“Hay un sentimiento de comunidad muy importante en el deporte, y en especial, en el fútbol. Cuando uno va a San Mamés –García reside en Bilbao– no va sólo a ver un partido; para sus socios y aficionados, el Athletic es mucho más que un club: es familia, añoranza, alegrías, penas... Además, no podemos olvidar ese tercer tiempo o esas reuniones con amigos para vivir un derbi o un encuentro importante; todo eso se paró en seco con la pandemia, y es algo que no se ha de obviar”.

El sociólogo, de hecho, recalca que “el fútbol es un elemento que puede parecer muy básico, de hooligan, pero el tiene un sentimiento colectivo y de comunidad, que va mucho más allá del mero entretenimiento”. Se repite eso de que el deporte es mucho más que el deporte. “La actividad del deporte profesional trasciende al deporte: en muchos casos, ha forjado la identidad de una persona; el fútbol como una especie de filiación de sangre”.

Además del fútbol profesional, con la nueva normalidad volvió también el baloncesto de máximo nivel. La Liga Endesa cerró su temporada con el play-off, disputado por primera vez en una sede burbuja que se creó con éxito en Valencia: en lo deportivo y en lo social, pues sus aficionados pudieron seguir los partidos en directo, evitando así perder el enganche a su deporte favorito. Un ejemplo: la audiencia creció un 28% respecto a los partidos de la temporada regular. La fase final tiene más interés, pero el dato es claro.

Más allá de España, el deporte también ha sido ejemplo de la estabilización de la pandemia. Nueva Zelanda, donde el rugby es religión, se creó una competición excepcional (Super Rugby Aotearoa) en la que participaron las franquicias del país. Pero la noticia no abrió los informativos por la vuelta a los campos de varios de los mejores jugadores de rugby del mundo, sino porque sirvió para reunir a su población. Tras ser uno de los países que mejor controlaron y erradicaron el coronavirus, el Gobierno neozelandés permitió la vuelta del rugby sin condiciones. La imagen, con estadios llenos y los asistentes sin mascarillas, valía más que mil palabras. Una muestra de fortaleza y buena gestión a nivel internacional en la que el deporte sirvió de modo excepcional.

 

El ejemplo del Black Lives Matter

“Sinceramente, la tesis de que el deporte es un idiotizador es muy débil”, destaca García. Sólo hace falta echar una mirada, dice: “El deporte es multifuncional: está la parte más evidente, la de la competición, pero tiene en circulación muchos más elementos, más complejos, en los que entran, por ejemplo, el imaginario de la representación del club en su territorio, el arraigo de un equipo a su ciudad... Hay muchas capas”.

Una de esas capas es la de la reivindicación. “Lo que ha sucedido en la NBA es un hecho importante. Si esos jugadores no fueran millonarios y reconocidos, seguramente los mirarían con recelo en Estados Unidos”, apunta el sociólogo en relación al movimiento Black Lives Matter. En “esa identificación zafia de los negros como conflictivos” los deportistas tienen un poder, ya que “vivimos en una coyuntura de reivindicación muy mediatizada”. Y a pesar de todo ello, para algunas personas, el deporta es sólo una actividad física.

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