En los próximos tres años, el software de gestión de gimnasios tendrá un papel más activo en la gestión del negocio. Hasta ahora, gran parte de su función ha consistido en registrar lo que ha sucedido. El siguiente paso será ayudar a los equipos a convertir los datos de los que ya disponen en acciones concretas en el momento oportuno, sin esperar que las personas, que ya tienen una elevada carga de trabajo, tengan que supervisar cada indicador por sí mismas.
La inteligencia artificial puede gestionar consultas rutinarias, hacer que el seguimiento de los socios sea más constante y señalar aquellas situaciones que requieren atención. Esto permite liberar recursos, pero no convierte al software en el cerebro del gimnasio. Las personas siguen aportando criterio, empatía y conocimiento del entorno local. Y los socios siguen acudiendo a los gimnasios por la conexión humana.
El mayor reto está en la adopción. Por mi experiencia, la tecnología en sí suele ser la parte más sencilla. Para que funcione en el día a día, es necesario cambiar procesos, decidir qué tareas debe gestionar el sistema y definir claramente en qué momento debe intervenir una persona. Los operadores que empiecen por aplicaciones prácticas y logren implicar a sus equipos aprovecharán mucho más el potencial de la inteligencia artificial. La tecnología permite liberar recursos. Las personas convierten esa capacidad en una mejor experiencia para los socios y en un negocio más sólido.
Romain Bonnaud es responsable de PerfectGym en España y director comercial para el sur de Europa.
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