Mucho más que un golpe de castigo: las lesiones más temidas del rugby y cómo prevenirlas

El rugby es uno de los deportes más exigentes y completos. Sin embargo, su alta intensidad eleva el riesgo de lesiones como la conmoción cerebral, las roturas del ligamento cruzado anterior o las patologías del hombro.

Huesitos La Vila cae ante el Cisneros

Fuerza, velocidad, coordinación y contacto. El rugby combina múltiples capacidades físicas que explican por qué es uno de los deportes con mayor valor formativo y desarrollo muscular. Se trata de una modalidad con una exigencia física que supone un reto constante para el cuerpo médico. Y es que los jugadores suelen sufrir determinadas lesiones, motivo por el que la prevención, el diagnóstico precoz y la rehabilitación especializada se convierten en pilares clave para que puedan competir con seguridad y continuidad.

Las conmociones (con una incidencia aproximada de 13 por cada 1.000 horas de juego), junto a las lesiones de rodilla y hombro, son las patologías que más tiempo de baja suponen. El patrón de estas dolencias está condicionado por los impactos, los cambios de dirección y las situaciones de contacto.

 

Las lesiones que más frenan al jugador

“La conmoción cerebral es especialmente relevante por su impacto neurológico”, advierte el Dr. Vicente Carratalá, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Valencia, responsable del cuidado de la salud del equipo de rugby Huesitos La Vila, equipo de División de Honor. Es una lesión traumática que afecta al cerebro y se produce generalmente por un impacto en la cabeza, aunque también puede provenir de un golpe en otras zonas del cuerpo. De hecho, se trata de la lesión más frecuente asociada al rugby, debido a la alta frecuencia de choque entre jugadores. Las conmociones provocan dolores de cabeza, visión borrosa, confusión y desorientación o pérdida de memoria a corto plazo, entre otras. 

Una reincorporación prematura puede aumentar el riesgo de complicaciones, por lo que el reconocimiento precoz de los síntomas resulta esencial. “Esta lesión es relevante no tanto por su frecuencia, sino por su potencial impacto sobre el sistema nervioso central”, comenta el Dr. Carratalá.

Junto con la conmoción, el experto define la lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) como “una de las más graves, ya que compromete la estabilidad articular y suele requerir tratamiento quirúrgico, con un periodo de recuperación de entre 6 y 9 meses”. Esta lesión, sufrida más por las jugadoras que por los jugadores, genera grandes limitaciones y puede facilitar la aparición de futuras dolencias si no se rehabilita correctamente. Se trata de una ruptura, total o parcial, o el estiramiento excesivo de dicho ligamento, que está provocada por un fuerte golpe al lado de la rodilla, una sobreextensión de esta o un cambio de ritmo, de dirección o aterrizaje brusco. 

 

 

El hombro es la tercera gran zona crítica. Luxaciones, inestabilidad y roturas del labrum aparecen con frecuencia en placajes y caídas. Las luxaciones de hombro son las que más días de baja causan entre los jugadores del deporte del oval, provocadas por los impactos en la zona, tanto en los choques entre deportistas como en las caídas. 

 

Dr. Vicente Carratalá, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Valencia.

 

Más allá del contacto

Aunque el contacto es inherente al rugby, no es el único factor que explica la aparición de lesiones. Tienen una incidencia destacada una técnica incorrecta, mala preparación física y alimentaria, la fatiga, el sobreentrenamiento, la no recuperación de una lesión previa y hasta un terreno de juego en mal estado o el uso de equipamiento incorrecto. Los especialistas subrayan también el papel de la concentración. La falta de atención en acciones de alta exigencia, especialmente en lesiones como el LCA, puede ser determinante incluso sin la intervención de otro jugador.

De ahí la importancia del trabajo en prevención y seguridad que se realiza desde las federaciones de rugby. “Es un deporte de mucho contacto; sus normas se han adaptado para evitar el daño a sus jugadores. Aspectos como la prohibición de placajes por encima de la cintura ayudan a evitar traumatismos torácicos debido a impactos de alta energía”, explica la Doctora Paz Lillo, especialista del Servicio de Traumatología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y de Olympia Centro Médico Pozuelo.

 

Prevención activa y rehabilitación especializada

Prevenir lesiones y hacer una recuperación adecuada de cualquier dolencia son factores cada vez más influyentes que pueden marcar la diferencia en la élite. Para ello, cada deporte tiene sus métodos. El rugby basa la prevención en la fortaleza física y la técnica de los placajes, saltos y aterrizajes. Si bien se acostumbra a relacionar el peso de los jugadores con una mayor probabilidad de lesionarse, la Dra. Lillo lo desmiente. “Si un jugador de mucho peso tiene una buena tonificación, no tiene por qué sufrir más”, asegura la especialista de Quirónsalud, grupo que colabora también con el Olímpico de Pozuelo Rugby Club. 

El programa de entrenamiento estándar para la correcta preparación de cara a la actividad física debe incluir calentamiento adecuado, además de diferentes ejercicios para preparar el físico y la técnica del deportista. En el rugby, el control del salto y el aterrizaje es clave, con ejercicios para controlar el equilibrio y la forma de realizarlos correctamente. También son relevantes los ejercicios que involucren la fuerza y resistencia, tanto de tren superior como de tren inferior. 

 

El rugby basa la prevención en la fortaleza física y la técnica de los placajes, saltos y aterrizajes

 

El fortalecimiento cervical ayuda a reducir la aceleración de la cabeza en impactos y puede disminuir el riesgo de conmoción. En la rodilla, el trabajo de cuádriceps, isquiotibiales y glúteos protege el LCA, mientras que el fortalecimiento del manguito rotador y la musculatura escapular resulta clave para estabilizar el hombro. El Dr. Carratalá confirma la eficacia del enfoque de estos programas de entrenamiento, destacando que “una musculatura fuerte y equilibrada mejora la estabilidad dinámica de las articulaciones y reduce significativamente el riesgo de lesiones ligamentarias”. 

Con todo, el riesgo de lesiones nunca será nulo. Por eso es importante contar con un equipo especializado. “Desde el punto de vista médico, sabemos que un jugador con una musculatura bien desarrollada y un buen control neuromuscular tiene un menor riesgo de sufrir lesiones graves, por lo que en el Hospital Quirónsalud Valencia trabajamos en coordinación con fisioterapeutas y preparadores físicos en programas específicos de prevención”, destaca el Dr. Carratalá.

La rehabilitación de las lesiones depende de cada jugador, de cada caso y de la gravedad de la misma. En todas ellas, independientemente del tipo de lesión, es clave un correcto seguimiento y respetar los plazos de recuperación para evitar posibles recaídas.

 

Dra. Paz Lillo Jiménez, especialista del Servicio de Traumatología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

 

Un deporte exigente, pero con grandes beneficios

La concienciación de los deportistas sobre las lesiones ha fomentado una responsabilidad y compañerismo que actúa como medida preventiva. Más allá del riesgo de sufrir estas patologías, el rugby es un deporte que aporta importantes beneficios para la salud. Pese a su dureza, es uno de los deportes más completos desde el punto de vista físico. Favorece el desarrollo de fuerza y masa muscular, mejora la densidad ósea, optimiza el control neuromuscular y potencia la capacidad cardiovascular. Además, es un deporte que conlleva trabajo en equipo y disciplina, teniendo también un papel beneficioso en la salud mental. 

En un deporte donde el contacto es inevitable, la clave no está en eliminar el riesgo, sino en gestionarlo. La combinación de seguimiento médico, programas de prevención y protocolos individualizados permite que los jugadores continúen compitiendo al máximo nivel sin renunciar a los beneficios que aporta esta disciplina.

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