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Ligue-1: debacle de Estado que la aleja de la élite

Con una pérdida de ingresos de cerca de 1.000 millones en 2020-2021, la competición francesa ha solicitado un rescate público a un Gobierno, el de Emmanuel Macron, que le dio el gran golpe de la Covid hace un año con la cancelación de la temporada.

repor6 La Ligue 1, una debacle de Estado que la aleja de la élite

Hace justamente un año, el 30 de abril de 2020, la Ligue-1 pinchó el balón. Cerró la temporada, repartió el título y dijo adiós a los descendidos con diez jornadas por disputarse. El Gobierno de Francia le había obligado dos días antes a suspender definitivamente la competición, forzando al fútbol profesional a cumplir con las medidas antiCovid impuestas a la población.

La decisión costó 243 millones de euros a los clubes. Las televisiones se negaron a realizar el último pago por un torneo que no había terminado. Pero, ni el presidente francés, Emmanuel Macron, ni las televisiones son las guillotinas del fútbol galo. Antes de la Covid, las pérdidas agregadas de la Ligue-1 y la Ligue-2 superaban los 160 millones de euros.

Encarando el tramo final de un nuevo ejercicio, los clubes franceses condenan el “abandono” del Gobierno. Uno de los más críticos fue el presidente y dueño del Olympique de Lyon, Jean-Michel Aulas, que ha formado parte de la comitiva de la liga (LFP) que se ha reunido en los últimos meses con el Ejecutivo. Prevén perder 1.000 millones de ingresos este ejercicio.

Y de momento, el rescate público ni está ni se le espera. Tampoco el de muchos accionistas que llegaron con el sueño de sacar partido a una de las canteras de Europa, como demuestra el anuncio del fondo King Street de llevar a concurso al Girondins de Burdeos por su negativa de aportar más recursos.

La liga francesa firmó un préstamo de 224,5 millones con garantía estatal

“No queremos pedir al Estado que compense la caída de los ingresos audiovisuales tras el fracaso con Mediapro, puesto que los clubes ya han realizado grandes esfuerzos para adaptarse a esta importante caída de ingresos, sino que el Gobierno participe en ayudar a los equipos profesionales a superar la crisis generada por la Covid-19”, clama la gestora del fútbol galo.

Una llamada de emergencia ante una situación límite. “Sin una reducción salarial drástica de los jugadores, el modelo actual no se sostiene”. Así de rotundo se mostró Jean-Marc Mickeler, presidente de la Dirección Nacional de Control de Gestión (Dcng), y competencia de la LFP francesa, en plena segunda ola de la pandemia. Para sobrevivir, la liga solicitó a los clubes una reducción del 30% de la masa salarial de sus plantillas deportivas con el fin de “equilibrar las cuentas”.

Contra la falta de liquidez y las deudas acumuladas, la Ligue-1 firmó en mayo de 2020 un préstamo de 224,5 millones de euros, con garantía estatal, para pagar a los clubes la factura audiovisual que no llegó tras el cese anticipado de la campaña.

Un parche en forma de crédito puente que deberán devolver con los ingresos que obtengan durante los próximos años, obligando con ello a que la temporada se complete sin sobresaltos. Y en tiempos de pandemia e inestabilidad, ese requisito tenía pocos visos de cumplirse.

 

 

Tras el arranque de 2020-2021, su nuevo socio audiovisual en el mercado nacional, Mediapro, solicitó a la LFP un descuento del 25% en su factura por los derechos de TV de la campaña actual, ante la imposibilidad de rentabilizar el negocio de los bares y cumplir un plan de negocio que jamás pensó en que pudiera producirse tal crisis. La liga no lo aceptó y el grupo liderado por Jaume Roures abandonó el fútbol francés previo pago de 100 millones de euros. Fue el inicio de una nueva gran crisis.

Antes, la Ligue-1 sí había aceptado una rebaja de 19 millones en su contrato exclusivo de comercialización internacional con beIN, pasando de 70 millones a 51 millones de euros, según desveló L’Equipe. El resultado de todo ese proceso negociador no es que haya acabado siendo beneficioso.

 

De vuelta a Canal+ cobrando la mitad

Sin su gran sustento económico, la LFP salió al mercado a por un nuevo socio en plena tormenta y con el tiempo en su contra. Rota la relación con Mediapro, si no encontraba un relevo pronto se quedaría sin señal televisiva, la única ventana al mundo con los estadios cerrados. Confiaba en mantener o reducir mínimamente las cifras del acuerdo con Mediapro y beIN Sports, que iban a pagar 1.153 millones de euros anuales entre 2021-2024, un 60% más que el contrato del anterior ciclo con Canal+.

Sin embargo, la vuelta del gran grupo audiovisual francés vino con factura: un 50% menos de emolumentos (670 millones de euros) y contrato por un año. Ahora el fútbol galo deberá volver a poner sus derechos a subasta sabiendo que la única compañía audiovisual con interés real y capacidad de cierta inversión será la plataforma de televisión de pago francesa, que ha logrado recuperar un contrato histórico. “Una quimera”, aseguró su salvador, que en 2019-2020 ya dejó un agujero de 300 millones tras el final abrupto de la competición.

Por la parte comercial, 2020-2021 descató por la venta del naming right de la Ligue-1 a Uber Eats, que releva a Conforama con un contrato valorado en cerca de 15 millones de euros por año. En este ascenso se suma el relevo del title sponsor de la Ligue-2, donde la empresa india de neumáticos BKT releva a Domino’s Pizza hasta 2024, aportando hasta 2,5 millones anuales. A finales de abril,  la Ligue-1 firmó un acuerdo por cuatro temporadas con Decathlon para que se convierta en su proveedor de balones a través de Kipsta. La alianza arrancará en 2022-2023 y se desconoce el montante de la operación.

 

 

Los clubes, entre la Bolsa y la venta a fondos

Este escenario de inestabilidad y crisis interminable del fútbol francés ha impactado de golpe a los clubes. Entre los grandes, el más poderoso, el PSG de Neymar y Mbappé prevé perder 204 millones de euros en 2020-2021, un 60% más que el ejercicio anterior. Un derrumbe por la pandemia que ya le ha costado 330 millones de euros. Deberá vender futbolistas para cuadrar cuentas. Otros clubes han innovado. Es el caso del Olympique de Lyon, que ha ofrecido pagar salarios a cambio de acciones de su hólding para compensar unas pérdidas que, sólo en el primer semestre de 2020-2021, suman 50 millones de euros.

Por su parte, un histórico como el AS Saint-Etienne está a punto de cambiar de manos mientras pelea por no descender a Segunda División. Sus dueños, Roland Romeyer y Bernard Caïazzo, han contratado a una empresa especializada para la búsqueda de un nuevo inversor para que “haga crecer el club y perpetuar su identidad”.

Como solución a sus problemas, el fútbol francés apuesta por dar entrada a fondos de inversión a su negocio televisivo. Por el momento, ya ha logrado luz verde del Gobierno francés para trasladar parte de su actividad comercial a filiales coparticipadas.

La LFP podrá traspasar su negocio audiovisual a una mercantil, a la que podría incorporar nuevos inversores que inyecten recursos al proyecto. Eso, siempre y cuando el Senado ratifque la propuesta de ley promovida por La República en Marcha, el partido de Emmanuel Macron.

Para posibilitar esta fórmula de explotación, la nueva Ley del Deporte incluirá la opción de que los derechos audiovisuales y comerciales de una liga profesional puedan traspasarse a una sociedad cooperativa de interés colectivo. El nuevo texto también quiere dar mayor seguridad a los operadores audiovisuales, de modo que se refuerza la lucha contra la piratería. A falta de liquidez o ayudas directas a los clubes, Francia intenta restablecer la seguridad al fútbol francés vía televisión. Sólo les falta encontrar comprador.

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