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El Barça necesita recortar 165 millones en 2020-2021 para esquivar pérdidas y salvar patrimonio neto

FC Barcelona: historia de una obsesión por los 1.000 millones de euros

Josep Maria Bartomeu quiso en 2015 convertir al club en el primer milmillonario del fútbol, desatendiendo al último número de la cuenta de resultados: el beneficio. Años después, récord de ingresos, pero también de deuda, gasto y mínimos de rentabillidad.

“Queremos ser el primer club en llegar a los 1.000 millones de euros de facturación”. “Estamos un paso más cerca”. “No estamos aquí para dar beneficios, sino para ganar títulos”. “No podemos competir con los clubes-estado”. Estas frases se han repetido como mantra en ruedas de prensa, corrillos y asambleas del FC Barcelona desde 2015. Era la cifra que debía resumir el mandato de Josep Maria Bartomeu, pero, de tanto mirar el número de arriba, se olvidaron de la última fila de la cuenta de resultados. Esta es la historia de una obsesión por ser milmillonario, que ayuda a entender por qué la junta podría ser forzada a dimitir. La decisión ya sólo está en manos de los socios si se confirma que los promotores de la moción de censura han reunido los avales necesarios.

Nadie podrá discutir a la junta actual que su etapa se saldará con beneficios si el cálculo se remonta a 2010-2011, cuando Sandro Rosell era su líder. El saldo positivo desde entonces ha sido de 192,4 millones de euros y sólo un primer ejercicio en pérdidas, de 9,3 millones. Con ese cojín, se podrán absorber sin problemas los números rojos de casi 100 millones de euros que provocará la crisis del Covid-19 en las cuentas de 2019-2020. El problema es si ese cajón da para aguantar un año más de crisis como 2020-2021, el endeudamiento adicional que eso supondrá y cómo eso trastoca definitivamente el gran legado que pretendía esta junta: el Espai Barça.

Versionando a Mario Vargas-Llosa, muchos se preguntan: “¿En qué momento se jodió el Barça?”. La línea del tiempo nos sitúa en 2014-2015 si nos referimos a la situación deportiva e institucional, y a 2017-2018 en el plano económico. El protagonista de ese giro es el mismo y no es otro que Neymar. La fórmula para ficharlo desembocó en la dimisión de Rosell en 2014 tras una denuncia en la Audiencia Nacional y en la admisión de culpabilidad por parte club por delitos fiscales en 2016. La salida del futbolista en 2017 supuso el mayor traspaso en la historia del fútbol (222 millones de euros), pero también fue la entrada en una espiral de gasto y deuda que hace temblar los cimientos del Camp Nou.

Mientras el Real Madrid ganó LaLiga Santander y 320.000 euros en la temporada Covid-19, el Barça se fue de vacío en cuanto a títulos, sufrió la mayor derrota sobre el césped de su historia (2-8 contra el FC Bayern) y aún no sabe cómo cuadrar unas cuentas hinchadas artificialmente con traspasos en el corto y medio plazo. Sólo reducciones de sueldo y despidos pueden dar aire a las finanzas culers en los próximos doce meses.

La salida del brasileño instaló en los despachos de Aristides Maillol la impresión de que jugar activamente en el mercado de traspasos iba a ser el acelerador para llegar los primeros a la meta de los 1.000 millones de euros. Se apostó fuerte por la incorporación de grandes estrellas, pero también jóvenes potencialmente revalorizables con los que generar únicamente plusvalías (Marlon, Yerry Mina, Todibo…). Inversiones financieras más que deportivas, modelo de éxito en clubes como Sevilla FC, Borussia Dortmund u Olympique de Lyon.

Con una diferencia: estos clubes definen su masa salarial a partir de las plusvalías que generan en verano y no a la inversa, mientras el Barça fue dejando los deberes por hacer para el último día. Así es como en 2018-2019 se salvó el beneficio neto con una venta firmada a cinco días del cierre contable, la de Jasper Cillessen al Valencia CF mediante trueque valorado en 35 millones de euros por el que a cambio asumía al portero Neto por 26 millones y otros 9 millones en variables. Es una jugada que se ha repetido este año, con la venta de Arthur a la Juventus por 72 millones a cambio de quedarse con Miralem Pjanic por 60 millones. Operaciones cortoplacistas que no han liberado masa salarial, pues para salvar los números de un año han perpetuado un volumen de gasto en nóminas y amortizaciones que se aspiraba a rebajar.

Así es como se ha llegado a una situación que para muchos es insostenible, sobre todo cuando se han evaporado más de 200 millones de ingresos ordinarios en el primer curso Covid-19 y se necesita un ajuste de 320 millones más para ahora. Es algo que se venía reclamando desde la comisión económica descafeinada que se diseñó en 2015 y desde una parte de los socios que pedía prudencia de cara a afrontar las obras de remodelación del estadio y el nuevo Palau Blaugrana.

Tras unos primeros cinco años de contención, en el que las nóminas deportivas estuvieron en torno a 220 millones de euros, la consecución del triplete disparó esa partida a 310 millones, según el sistema de cálculo de LaLiga. La lógica invitaba a pensar que, siendo una situación excepcional, la situación se resolvería a la baja, pero no. Ese nivel de gasto se incrementó a más de 330 millones en los dos años siguientes, y el desequilibrio alcanzó máximos con la renovación de los pesos pesados (Leo Messi, Gerard Piqué, Luis Suárez, Sergio Busquets, Jordi Alba) y la llegada de estrellas que suplieran a Neymar, situando la factura anual en más de 490 millones de euros.

En la industria del fútbol, si bien entienden que Messi sea el mejor pagado del mundo, no se comparte que el techo se situara en 50 millones netos por curso. “Javier Faus tenía razón cuando decía que no se pueden revisar contratos al alza cada seis meses, porque situar en esas magnitudes la escalera salarial explica esta tensión económica”, señala un asesor financiero de clubes, quien inexorablemente lleva la comparativa al Real Madrid: “Florentino Pérez despachó a Cristiano Ronaldo cuando pidió una subida de 21 millones a 40 millones de euros netos; aquello desvirtuaba una escala en la que nadie cobra más de 15 millones y en la que, posición por posición, el Barça incluso paga el doble”, añade.

La pérdida de ortodoxia financiera empezó con el cese del director general, Antoni Rossich, en 2014, la decisión de Faus de no continuar en la junta continuista de 2015 y la dimisión del presidente de la comisión económica, Ramón Adell, tras esos comicios y tras recibir presiones de Bartomeu para firmar la compra de Arda Turan por 45 millones pese a que no era recomendable financieramente.

El de las amortizaciones es el otro talón de Aquiles de la gestión de los últimos años. Mientras el Real Madrid destinó los 100 millones de Ronaldo a rebajar deuda y darse un año de transición, el Barça quemó la caja que dejó Neymar rápidamente con más de tres fichajes en los que se han alcanzado los nueve dígitos: Dembelé, Coutinho y Griezmann. Estos movimientos han provocado que las amortizaciones de inmovilizado por adquisición de jugadores hayan pasado de una media de 60 millones anuales entre 2011-2012 y 2016-2017, a más de 130 millones por campaña desde entonces y al menos hasta 2022-2023.

Al frente de esta política han estado Bartomeu y Óscar Grau, director general y al que se le dieron importantes atribuciones en materia futbolística con un organigrama en el que la dirección corporativa recaía en Jordi Joly, encargado con Pancho Schröder, director de finanzas y relaciones estratégicas, de evitar que las costuras se rompan ante las necesidades del área deportiva. No ha sido sencillo, y al final se ha acabado tirando de endeudamiento para cumplir todos los pagos, aunque sea a costa de dejar a la entidad en una situación de abultado apalancamiento.

Si se mantiene el sistema de cálculo de deuda neta con el que se quiso blindar la ortodoxia en los estatutos, esta cifra pasó de 247 millones a 490 millones de euros entre 2016-2017 y 2017-2018, alcanzando un récord de más de 600 millones de euros en 2018-2019. El cierre de este año aún no es público, pero el agujero de 100 millones se tendrá que cubrir con nuevos créditos y ya es público que se logró un importe similar con el aval del Estado durante la pandemia. “A nosotros todavía nos deben varias facturas, nos han pedido aplazamientos y están regateando con las órdenes de compra”, admite un importante proveedor del club.

Enrique Tombas, hombre fuerte de la junta en materia económica hasta su dimisión por el Barçate junto a otros cinco compañeros en marzo de 2020, siempre defendió que “estamos en una situación confortable y financiaciones con este tipo de entidades son la prueba del algodón”. Razón no le faltaba, pues en dos años lograron 220 millones en emisiones de bonos que desplazaban su pago a 2023-2024, es decir, a una nueva junta directiva. ¿El problema? A toda esta mochila hay que añadir los 700 millones del Espai Barça, a la que habrá que sumar unos intereses de 115 millones de euros adicionales.

El Barça aún debe aprobar la financiación con Goldman Sachs para el Espai Barça, que ronda los 700 millones de euros

La operación está coordinada por Goldman Sachs, pero aún debe ser ratificada por la asamblea de compromisarios. Y ese no es el único obstáculo, pues Bartomeu pedía ocho años de carencia (margen para pagar deudas previas y asegurar que las obras están listas) y hay quien duda que los bancos vayan a estar dispuestos a mantener una estructura en la que la devolución se fía exclusivamente a los ingresos adicionales del estadio una vez terminen las obras. “Salir al mercado ahora a pedir que la deuda se soporte con estos ingresos es impensable porque la situación actual pone en duda la explotación de los estadios tal y como veníamos conociéndola”, explicaba días atrás en 2Playbook el director de la firma de inversión Rights & Media en España, Pedro Caro.

Esta es la vía de ingresos que más ha sufrido la crisis del Covid-19, con todos los estadios cerrados y ninguna previsión de cuándo podrán reabrir en España. El escenario más optimista plantea la reapertura para principios de 2020-2021, lo que plantea un descenso del 50% sobre un negocio que, en el caso del Barça, ya superaba los 160 millones de euros anuales. Es, junto al Real Madrid, el club que probablemente más necesita que también haya una rápida reactivación del turismo internacional, pues el grueso de este negocio corresponde a los visitantes puntuales que, al venir, pagan visita al museo, entrada al partido y, como no, compran algo de merchandising como recuerdo.

Precisamente la división de retail es otro de los negocios que más están sufriendo la pandemia y donde los analistas marcan otro error estratégico de Bartomeu. La junta siempre se quejaba amargamente de que Deloitte, su anterior auditor, no les dejaba anotarse los ingresos brutos que generaba la sociedad compartida con Nike para explotar esta actividad, y que sólo se podía apuntar el fee que percibía. En 2018, aprovechando la renovación del contrato, el Barça decidió asumir el control para pasar de 25 millones a al menos 60 millones de facturación en términos contables, pero también cargado a su estructura una plantilla formada por más de 250 personas. Casi todos ellos fueron incluidos en el expediente de regulación temporal de empleo (Erte).

El club siempre se escudó en que así tenía más libertad para abrir nuevos campos en las licencias de producto, pues Nike siempre puso el foco en sus prendas blaugrana y no tanto en la búsqueda de licenciatarios. “Aún no entiendo que asumieran el riesgo de consolidar a tantos empleados; el Real Madrid ha recuperado ese mismo control, pero aliándose con Legends, y otros grandes de Europa se han acabado aliando con Fanatics, que conoce mucho mejor el mercado”, sostiene un alto ejecutivo del retail deportivo.

El club no tiene asegurados dos de sus tres principales patrocinadores más allá de 2020-2021

Hoy ese contrato con Nike es el más importante, pues supone cobrar 105 millones al año y permite generar unas ventas de más de 60 millones anuales en producto antes de la pandemia. Después le siguen Rakuten y Beko, con 55 millones y 19 millones de euros al año, cuyos contratos vencen este año y difícilmente vayan a superar, y quien sabe si mantener, unas cifras pactadas cuando estaban Messi y Neymar. “Son más creativos que en el Real Madrid, pero su soberbia les ha hecho perder grandes relaciones como las de Audi o Suning”, señalan. “Han incumplido sistemáticamente muchas cláusulas que se incluían en los acuerdos, como si estuvieran haciendo un favor al cumplir por lo que se les paga”, critica un intermediario.

Al menos el club logró finalmente recuperar los derechos sobre el ecommerce, algo que en principio aceptaron dejar en manos de Nike contra toda lógica si lo que se quería es acelerar la generación de ingresos. Eso se logró dentro del plan digital del Barça, una de las pocas cosas en las que sí existe consenso dentro de la industria. La estrategia contempla que esta actividad genere 300 millones de euros anuales en ingresos a partir de 2025, cuando se espera que se hayan consolidado tres productos clave: la OTT BarçaTV+, a la que se ha dado gas con producciones audiovisuales que diversifican la oferta más allá del deporte; la venta online de merchandising y entradas a través del programa de fidelización Culers, y una ofensiva clara en eSports, a través de la que se ha logrado una importante alianza con Tencent en China. Una expansión que contrasta con la hibernación de las franquicias de fútbol femenino y futsal en Estados Unidos.

Pero ni esa jugada de impacto mediático salió bien, porque un día después de su presentación estalló el denominado Barçagate, que por ahora se ha saldado con una investigación policial, el despido de la compliance officer y la suspensión de empleo, que no de sueldo, de Jaume Masferrer, estrecho colaborador de Bartomeu, dircom en la sombra durante años y a quien se señala en la orden de trocear facturas del encargo a I3 Ventures de monitorización en redes sociales para burlar los controles internos. “Hay ejecutivos que han sufrido por negarse a cargar esas facturas a su presupuesto”, añaden fuentes internas, sobre un caso que no está cerrado y resume a la perfección la desconexión que existe desde hace meses entre la junta y el vestuario.

“Hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y van tapando agujeros”, sentenció Leo Messi en agosto, cuando con una entrevista decía que se quedaba y que Bartomeu le había faltado a la palabra. Él se refería al área de fútbol, pero recordemos en los despachos: desde 2015, el presidente ha cesado a dos directores generales, ha acometido cuatro remodelaciones del comité de dirección y ha quitado y entregado competencias de forma continuada. “Ahora muchos ya piensan en buscar otro trabajo; es el problema del Barça, que nadie lo ve como la cima de una carrera profesional, sino el trampolín para irse a otro lado”.

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