Los grandes premios de verano ponen al límite tanto a las motos como a quienes las pilotan. Con temperaturas que pueden superar los 35 grados, mientras el asfalto alcanza más de 50 grados, cada carrera se convierte en una prueba de resistencia en la que el calor pasa de ser un condicionante externo a convertirse en un rival más. Así será este próximo fin de semana en Motorland Aragón, cuando empiece el decimotercer GP de la temporada. Bajo un mono de cuero, casco y protecciones, el organismo trabaja para mantener la temperatura corporal mientras afronta un esfuerzo físico comparable al de otros deportes de alta intensidad.
Por eso, en MotoGP el rendimiento no depende únicamente de la preparación técnica o física. La estrategia médica también forma parte de la competición. Desde semanas antes de cada gran premio, el equipo sanitario de MotoGP, junto con los fisioterapeutas de Quirónprevención y Quirónsalud, adapta los protocolos de hidratación, recuperación y prevención de lesiones a las características de cada circuito.
Competir durante cerca de tres cuartos de hora dentro de un mono de cuero limita la capacidad del cuerpo para disipar el calor. Mientras el piloto mantiene un nivel máximo de concentración y soporta fuertes aceleraciones y frenadas, su organismo activa todos los mecanismos posibles para regular la temperatura corporal. Eso sí, a mayor temperatura “más difícil es para el organismo regular su fisiología”, explica el Doctor Ángel Charte, Director de MotoGP Medical Team de Quirónsalud. El riesgo más frecuente es la deshidratación, lo que conlleva “mareos, vértigos, vómitos, fatiga, dolor de cabeza y sensación vasovagal”. De hecho, en los grandes premios celebrados en países asiáticos, donde “la humedad y la temperatura del asfalto son muy elevadas, al terminar muchos pilotos entran en un estado semilipotímico”, afirma.

El incremento de la temperatura corporal obliga al organismo a enviar una mayor cantidad de sangre hacia la piel para favorecer la disipación del calor. Ese mecanismo reduce el volumen disponible para abastecer a la musculatura y obliga al corazón a trabajar a mayor intensidad. Paralelamente, la pérdida de líquidos y electrolitos a través del sudor incrementa la sensación de fatiga y acelera la aparición del cansancio muscular.
El calor multiplica la carga física sobre un cuerpo que ya trabaja al límite
Aunque muchas veces la imagen del piloto sujetando la moto durante las frenadas hace pensar que el esfuerzo se concentra en los brazos, la realidad es mucho más compleja.
“Durante una carrera de MotoGP la musculatura más demandada es la del tren superior, con especial importancia en toda la región del antebrazo. No obstante, el cuello, la columna lumbar y otras articulaciones también acumulan mucha carga. Con el calor, la demanda y la percepción de fatiga son aún mayores”, explica Carlos Crespo, fisioterapeuta del MotoGP Health Center Quirónprevención.
Según el especialista, el aumento de la temperatura corporal central hace que el organismo desvíe “más flujo sanguíneo hacia la superficie como mecanismo de termorregulación”. A ello se suma la deshidratación, que incrementa la frecuencia cardíaca y termina provocando una fatiga muscular superior a la que se produce en condiciones ambientales más favorables.

Pero la exigencia va mucho más allá del tren superior. Aunque es cierto que los hombros y los antebrazos soportan una enorme carga durante las frenadas, “todas las partes del cuerpo trabajan. La posición sobre la moto exige una gran flexión de cadera, rodilla y tobillo, mientras la columna permanece completamente acoplada al depósito y las cervicales deben mantenerse extendidas para conservar la visión. Las piernas también soportan un importante esfuerzo en cada apoyo sobre las estriberas y los aductores trabajan continuamente para estabilizar el cuerpo sobre la moto”, añade Crespo.
La planificación médica comienza antes de viajar al circuito y se adapta tanto a las condiciones meteorológicas como a las características técnicas del trazado. De ahí que los pilotos ya de por sí “tengan muy presente la hidratación durante todo el fin de semana, debido al gran esfuerzo físico que realizan”, sostiene Ángel Charte. “Tanto individualmente como los equipos, toman medidas para mantener el máximo de rendimiento a pesar de las temperaturas elevadas. También puede variar la alimentación en fines de semana más calurosos, donde prevalece la dieta ligera”, afirma el Director de MotoGP Medical Team de Quirónsalud.
La deshidratación incrementa la frecuencia cardíaca y termina provocando una fatiga muscular superior a la que se produce en condiciones ambientales más favorables
La hidratación constituye uno de los pilares de esa preparación. No se trata únicamente de beber agua, sino de mantener un equilibrio adecuado de líquidos y electrolitos que permita conservar el rendimiento físico durante todo el fin de semana.
Para los fisioterapeutas, además, la recuperación empieza prácticamente cuando termina la carrera. “Los cuidados de un deportista deben abarcar una visión de 360 grados: alimentación, hidratación y control del sueño son imprescindibles. Desde la fisioterapia utilizamos técnicas como la crioterapia, la presoterapia, los masajes de recuperación y tecnologías como las cámaras hiperbáricas, la luz roja infrarroja o la radiofrecuencia para acelerar la recuperación fisiológica”, explica Crespo.
No todos los circuitos castigan igual al organismo
La preparación médica también cambia según el escenario. Silverstone y MotorLand Aragón representan dos ejemplos opuestos de cómo un circuito modifica la carga física y fisiológica de los pilotos.
En Silverstone predominan temperaturas más suaves y un trazado de curvas rápidas y enlazadas que mantiene una elevada exigencia cardiovascular. El trabajo continuo del cuello y los hombros aumenta para soportar las fuerzas laterales, mientras que las condiciones meteorológicas -con lluvia en muchas ocasiones- añaden un esfuerzo extra en términos de concentración y fatiga visual.
“Silverstone puede parecer menos agresivo físicamente por sus frenadas, pero exige una concentración extrema y un trabajo constante durante toda la vuelta. No existe ningún circuito poco demandante”, resume Crespo. De cara a este fin de semana en MotorLand Aragón se plantea un desafío completamente distinto. El calor extremo incrementa la pérdida de líquidos y eleva el estrés térmico, mientras que sus fuertes desniveles y frenadas concentran una gran carga sobre piernas, espalda y tren superior.

“La comparación entre ambos circuitos refleja perfectamente cómo cambia la fatiga según la temperatura. En Aragón el calor incrementa la percepción del esfuerzo y las fuertes frenadas generan una gran demanda física, aunque la larga recta ofrece un breve margen de recuperación antes de volver a exigir al máximo al piloto”, señala el fisioterapeuta.
¿Cambia la planificación en función del Gran Premio? Charte asegura que desde el punto de vista médico el protocolo siempre es el mismo, aunque reconoce que en carreras donde las temperaturas no son elevadas hay menos probabilidad de deshidratación. “Con todo, el piloto suele trabajar siempre con temperaturas altas por el calor que emite la moto y por el mono que lleva puesto”, describe el responsable del MotoGP Medical Team de Quirónsalud. En algunos casos, se les ve con un chaleco refrigerado para mantenerse frescos, algo que también utilizaron los jugadores de fútbol de la Selección Española durante el mundial.
Recuperarse para volver a competir apenas unas horas después
El trabajo médico no termina cuando cae la bandera a cuadros. De hecho, una parte importante del rendimiento del fin de semana depende de la capacidad para recuperarse antes de la siguiente sesión. “El calor extremo activa todos los mecanismos de termorregulación y genera una pérdida importante de electrolitos. Por eso la hidratación previa y posterior es imprescindible, especialmente en un deporte en el que los pilotos están expuestos no sólo al calor ambiental, sino también al del asfalto y al generado por el propio equipamiento de protección”, explica Crespo.
Aunque técnicamente sería posible hidratarse durante la carrera, la elevada intensidad del esfuerzo y el nivel de concentración requerido hacen que apenas se utilice esa opción. De ahí que toda la estrategia se centre en optimizar la hidratación antes de la salida y acelerar la recuperación nada más finalizar la prueba mediante reposición de líquidos, crioterapia y el resto de los protocolos fisioterapéuticos.
En un campeonato donde las diferencias se miden en décimas de segundo, el calor también forma parte de la competición. Gestionarlo correctamente no sólo ayuda a mantener el rendimiento, sino que constituye un elemento esencial para proteger la salud de unos pilotos que, cada verano, llevan su organismo al límite sobre un asfalto que supera los 50 grados.
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