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Grano a grano, golpe a golpe, se fue marchitando la rosa superliguera y se quedaron tres pétalos, el Real Madrid, el FC Barcelona y la Juve, la ‘vecchia signora’.

Toma 1

Allá por 1993, Bill Murray y Andie McDowell protagonizaron una película de Harold Ramis, en clave de fantasía y de comedia, sobre la base de un hecho real, que no es otro que el de la espera, por los granjeros estadounidenses, de cuando finaliza el invierno.

Para ello, una marmota ha de salir de su escondite invernal, lo que dará el fin o no de esa estación. Pues bien, el egoísta y maleducado periodista que interpreta Bill Murray se ve atrapado, día tras día (y no sabemos por cuantos meses... o años) en la repetición de la misma jornada, en un pueblecito americano.

Se levanta por la mañana, con un sonido de música de la radio de la habitación de su hotel y, sorprendido los primeros días, ve que se reiteran los hechos, con lo que, una vez asumido que está en un bucle temporal, ya utiliza ese hecho para, por ejemplo, ser un virtuoso del piano, aprender francés o conocer todos los nombres de los habitantes del pueblo.

Me recordaba esa película, salvando las distancias, la tan traída y llevada “Superliga”, que, con ese nombre u otros parecidos, vuelve cual golondrina por primavera a animar nuestras vidas futbolísticas y jurídicas. No es un hecho anual, pero sí que ha estado, cual marmota, invernando y despertándose de cuando en cuando.

Remontaría más lejos, seguramente por el año 1991, su primera aparición en público, aunque la que recuerdo fue la del famoso “Proyecto Gandalf”, de 1998, en la que se embarcaron varios clubes del continente (como ahora, en este último acto teatral). El propio nombre impuesto a esa “nueva realidad” del fútbol, es un guiño al Hobbit del escritor inglés J.R.R. Tolkien, que me leí en mi tierna juventud.

Ese mago iba a cambiar el mundo del fútbol europeo, con un proyecto que quería crear una llamada “Nueva Liga Europea de Fútbol”, para establecer una competición entre los principales clubes de fútbol del continente, sobre todo, con unas bases que pasaban por unos hechos de gran relevancia, ya que se decía que debía “garantizar a éstos la propiedad y el control de la nueva competición…”.

Y no es esta sino la gran batalla que se anunciaba entonces y que se sigue recreando ahora, cual reiteración ad aeternum. Porque, se han repetido los intentos entre 2000 y 2020, pero muy poco publicitados, con gestiones aquí y allá, con informes que informaban de las posibilidades, pero también de los inconvenientes y, sobre todo, de las consecuencias.

Los clubes de entonces, y los que han ido saliendo o entrando no son los mismos, aunque el que podríamos llamar “núcleo duro”, si se ha mantenido, si bien los alemanes y los franceses no han querido entrar en el juego (¿final?) y algunos equipos no eran ya lo suficientemente “ricos” como para ser bienvenido en este club.

 

Toma 2

Si el despertar de Bill Murray fue amable y se encontró, un día cualquiera, con una vida que volvía a la normalidad, aquí no ha sido así y, 24 horas antes de que la UEFA decidiera aprobar el nuevo modelo de su Champions League, se dio un golpe de efecto, con el Real Madrid anunciando la creación de esa Super Liga, con doce equipos creadores, tres que iban a ser pronto invitados y, al parecer, ya estaban apalabrados.

Luego, vino el cataclismo. Decía Monterroso en, quizá, el cuento más famoso de la historia de la literatura, que: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Y me vino a la cabeza esta joya de los relatos porque, con tantas veces que he querido encontrarle no ya significado, sino representaciones de la realidad, lo acaecido con la Super Liga y su anuncio, me rememoró mis desvelos y me dio una (posible) solución.

Si, el dinosaurio todavía estaba allí y ese “todavía” es con lo que no contaban los Ocean Twelve (Steven Soderberg dixit) y cuando se despertaron de su sueño superliguero, la UEFA-Dinosaurio estaba “todavía” mirándolos a los ojos y diciéndoles, con esa mirada retadora: os habéis despertado demasiado pronto.

Y esa bofetada de realismo les vino enseguida, en apenas unas horas (dicen las malas lenguas que alguien se fue de la húmeda y largó, antes de tiempo, al amigo brontosaurio (siempre creí que era ese género y perdóneme el maestro Monterroso si era otro). Pero es que ese dinosaurio pesado, grandísimo, pero con un cuello tan largo que podía llegar a todos los sitios, es la representación que también me hago de la Uefa. Y después iré a ello.

Con chivatazo o sin él, lo cierto es que nuestros doce grandes clubes parecían enanitos tras la primera bronca del brontosaurio. El mismo día no, pero casi, varios de los amigos para siempre se diluyeron cual azúcares y se marcharon uno a uno, aunque los ingleses, cual flota de corsarios, lo hicieron al unísono.

Grano a grano, golpe a golpe, se fue marchitando la rosa superliguera y se quedaron tres pétalos, el Real Madrid, el FC Barcelona y la Juve, la vecchia signora. Los hispanos, por mucho que les duela a algunos, tienen ese punto rocoso, el de los saguntinos que se tiraban al fuego y al hierro antes de rendirse a los cartagineses, el de los numantinos que prefirieron suicidarse antes de dejar que los romanos les esclavizaran, o el de los conquistadores, como Lope de Aguirre, aquél loco que dibujó como nadie el legendario Klaus Kinski, en la fábula fílmica de Werner Herzog.

Así, nuestros equipos y la vieja enamorada piamontesa resistieron y siguen resistiendo, a fecha de hoy. Pero, el dinosaurio seguía allí y no iba a dejar que su presa se marchara con tanta facilidad.

 

Toma 3

Porque, si bien parecía que todo podía quedarse en un statu quo, en una guerra de trincheras donde se tirarían, de vez en cuando, algunas bombas o gases lacrimógenos, no lo fue, porque Mister Brontosaurio, una vez la pata sobre la cabeza, quería aplastarla.

Y, el viernes 7 de mayo, se publicó una “declaración de compromiso” de los clubes negacionistas (palabra tan de moda ahora) se separaron definitivamente de sus amigos del alma, haciendo causa común con la Uefa y asumiendo una culpa, mea culpa que va a dar que hablar.

Y sí, porque una declaración formal de compromiso por parte de los nueve secesionistas es lo que recibió Uefa y también firmó ésta. Y dice, sin querer repetir todos y cada uno de los puntos que ahí se encuentran, que, fueron malos chicos y que se arrepienten de sus fechorías, pidiendo perdón a sus aficionados, federaciones, ligas, a los otros clubes europeos y a la Uefa.

Pero, esas disculpas no han sido todo, sino que el documento indica, según le propia página de internet del máximo organismo europeo, que se les ha “reintegrado”, de forma total y final. ¿Reintegrados? ¿Es que, en algún momento, estuvieron fuera o excluidos? Ese reintegro, esa vuelta al orden me recuerda uno de los cuadros que más me han fascinado, “La vuelta del hijo pródigo”, del indescriptible Rembrandt.

Así, siguiendo la bíblica parábola del hijo pródigo (o del padre misericordioso, como también se le denomina), la Uefa abre los brazos a quienes la negaron, se fueron y han de volver al redil para pedir perdón al padre que les acoge de nuevo, “reintegrándoles” a la familia, de forma total y final...

Ahora bien, si en el cuadro y en la biblia el padre perdonaba y no pedía nada más, aquí tenía un cierto resquemor por la partida filial y no se ha dejado reintegrar sin ciertas gabelas. Porque, bien está lo que bien está, pero marcharse tiene un precio, aunque se le perdone al hijo pródigo.

Aquí, una simple donación (sic), que no sanción, de 15 milloncejos y un 5 por cien de lo que hayan obtenido todos ellos en esta temporada europea, por su participación en competiciones Uefa. Esto también se “acepta” y no es una medida disciplinaria. Ese puntal legal es de interés, porque no hay culpa con una pena posterior, sino solo una mala conducta (niños, niños, a ver si me enfado) que tiene un precio, pero que vosotros me vais a dar, porque yo, quizá, no pueda pedíroslo según mis propios reglamentos. Aquí hay tema.

Pero, por si se les ocurriera hacer más cosas feas, se comprometen a ser sancionados, ahí sí, con 100 millones de euros si “buscaran jugar una competición no autorizada”. Pero, ¿autorizada por quién? ¿Y si se van y lo autorizan otros estamentos?

 

Toma 4

Aquí, la película se divide en dos, con una escena del dinosaurio que mira a los tres que quedan y sus ojos les advierten de que pueden ser sancionados si no se acogen a esa maravillosa “declaración de compromiso”.

Y, sinceramente, esto ya es delicioso, para un jurista, porque se ha dicho y escrito que habrá sanción a los pródigos que no quieran volver a casa, que serán dos años, o, más comedida, la Uefa dice que ese asunto será “inmediatamente llevada a los órganos disciplinarios competentes de la Uefa”.

Bueno, veremos si esos órganos pueden encontrar motivos de sanción (me guardo mi opinión y si algún club quiere contratarme, perdón por ser tan directo, ya sabe dónde estoy) y de qué tipo. Philip K. Dick, el alucinante (en el sentido estricto de la palabra) escritor de ciencia-ficción ya escribió otro relato (este más largo que el de Monterroso) llamado “Minority Report”, donde se condenaba y se ejecutaba a quienes tenían en su mente la idea de perpetrar un crimen. Quizá el dinosaurio lo haya leído.

Y, por otro lado, los tres resistentes han dado otro golpe sobre la mesa, diciendo que sus traicioneros hermanos tienen un compromiso firmado y que se reservan acciones legales por los daños sufridos y a sufrir... Y los hermanitos comentan por ahí que no, que, si no eran el 70%, la sociedad se podía disolver. Y con nueve de doce fuera, el cálculo está claro.

 

Toma final

El propio banco protector de esa criatura, JP Morgan, tuvo su especial mea culpa, diciendo que no midió bien y que, “ha aprendido para el futuro”. Es decir, que aún se piensa continuar, a pesar de que el dinosaurio todavía está y estará allí...

Y, como un The End de una película de vaqueros, con los malvados diezmados y los buenos galopando hacia el desierto de Arizona, recordemos que el fútbol es ese maravilloso espectáculo, que jugamos (casi) todos de niño, en la calle de una ciudad, o en la era de un pueblo y que, todavía (como el dinosaurio), nos reserva sorpresas, como la de ese Villarreal CF, único equipo “no-superliguero”, que ha llegado a una final europea esta temporada.

Por ello, la toma no puede ser final, sino que habrá segunda, o más, parte, porque la Superliga se puede hacer, sí, pero con consecuencias y se puede estar en una competición, pero dejando de comparecer en otra. Y, con las sanciones a los tres mosqueteros que quedan, ahí habrá pelea, que ni Muhammad Ali contra George Foreman, en la famosa batalla de todas las batallas, “The Rumble in the Jungle”. Eso, quizá, nos espere no en la selva de la caótica Kinsasa, sino en Nyon, un pacífico pueblo a las orillas del quieto lago Lemán...

 

Juan de Dios Crespo Pérez, director de departamento deportivo de Ruiz-Huerta & Crespo y profesor de Derecho Deportivo en la ESBS European Sport Business School.

 

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