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En el ámbito de corporate finance y la banca de inversión, el valor de un activo no depende únicamente de sus balances pasados, como pasó, por ejemplo con la fallida operación de compra del Sevilla por parte del grupo inversor de Sergio Ramos.

El principio de acuerdo alcanzado por Leo Messi para adquirir el 100% del Club Deportivo Eldense marca un hito en la industria de la inversión deportiva. Sujeto a la correspondiente due diligence y a la autorización del Consejo Superior de Deportes (CSD), el astro argentino pasará a controlar una entidad de LaLiga Hypermotion con una estructura modesta (un estadio para 5.800 espectadores y unos 3.500 abonados en una ciudad de 55.000 habitantes). Aunque no es la primera inversión de Messi en un club de fútbol, sería es la primera en un club profesional, con una generación de ingresos de cierta relevancia por derechos de televisión y taquillas, al contrario que clubes aficionados de divisiones inferiores.

A primera vista, un análisis financiero clásico basado en flujos de caja descontados (DCF) sobre unas previsiones con una capacidad de generación similar a la actual (incluso sin descender de categoría) o múltiplos de EV/EBITDA se podría tildar el precio de la transacción de desorbitado para la escala operativa actual del club alicantino, si las cifras que se rumorean son ciertas (más de 12 millones de euros). Sin embargo, en el ámbito de corporate finance y la banca de inversión, el valor de un activo no depende únicamente de sus balances pasados, como pasó, por ejemplo con la fallida operación de compra del Sevilla por parte del grupo inversor de Sergio Ramos. Aunque en este caso, las razones seguramente sean diferentes.
 

 

Mientras que la propuesta liderada por Sergio Ramos para adquirir el Sevilla FC respondía a la compra de un activo consagrado en el fútbol europeo con un peso sentimental determinante, la operación de Messi en Elda carece por completo de lazos afectivos y de unos intangibles fuertes. Se trata de un movimiento corporativo puro en el que el inversor identifica un activo "infravalorado" en relación con el potencial transformador que su propia figura aportará al plan de negocio (no infravalorado necesariamente a valor actual)

Como se ve, siendo las dos tesis de inversión distintas, ninguna tiene su punto central en magnitudes tradicionales económicas de valoración. Sin embargo, seguramente en ambos casos se hayan tenido en cuenta esas valoraciones tradicionales a modo de suelo o valoración mínima de la que partir para determinar el precio, como cifras objetivas (o menos subjetivas) Hay que recordar que valor no es lo mismo que precio.

 

¿Por qué pagar por encima de los múltiplos de EBITDA?

En el M&A convencional, adquirir una pyme corporativa o un club con ingresos recurrentes acotados por un precio elevado generaría reservas entre los analistas. No obstante, cuando en una transacción irrumpe un comprador con el alcance global de Messi, la valoración fundamental se apoya en tres palancas de crecimiento:

 

  • Exportación instantánea de Brand Equity: La llegada de Messi convierte a una entidad local en una plataforma publicitaria internacional. Los patrocinios, acuerdos comerciales y venta de indumentaria no crecen de forma incremental, sino de manera exponencial.
  • Ecosistema de sinergias horizontales: Con vinculaciones previas en proyectos de formación como la UE Cornellà o el Deportivo LSM en Uruguay, la integración del Eldense abre la puerta a un circuito integrado de captación, desarrollo y revalorización de futbolistas jóvenes.
  • Arbitraje de categoría (Upside de Primera División): El hipotético ascenso a LaLiga EA Sports supone un salto radical en ingresos por derechos de televisión y patrimonio neto del club. La prima pagada hoy descuenta la opción financiera de convertir un activo de Segunda en una propiedad de élite.

Esto denota que no es lo mismo un tipo de comprador que otro, tanto para clubes de fútbol como para cualquier tipo de empresa.

 

Lecciones para el M&A tradicional

Esta adquisición ilustra un principio clave en operaciones corporativas avanzadas: el valor de un activo puede estar directamente condicionado por quién toma su control.

En operaciones donde el comprador aporta un activo intangible (ya sea una tecnología propietaria, una red de distribución global o una marca personal imbatible), los múltiplos históricos de facturación quedan obsoletos, al igual que un DCF ordinario. Aceptar una valoración inicial elevada resulta una decisión racional siempre que el plan de negocio posterior garantice una expansión drástica de los márgenes y del mercado direccional. Y cuando el comprador tiene capacidad adquisitiva reconocida, como en este caso, existen menos reticencias a ello.

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