Hablar de fútbol y geopolítica es hablar de sinónimos. Lo era hace un siglo, hace medio y lo sigue siendo hoy, con la misma fuerza, aunque con diferentes actores y, probablemente, distintos objetivos. El Mundial de este verano en Norteamérica, disputado en Estados Unidos, México y Canadá, ha sido el último ejemplo de ello. Un torneo mediáticamente monopolizado por el primero de estos países, y en particular, por la influencia de su presidente, Donald Trump. La posición de fuerza adquirida por el gigante americano era inimaginable hace sólo unos años. A comienzos de 2010, el mapa de poder del fútbol global estaba perfectamente delimitado: Europa albergaba el poder financiero e institucional, redactando las reglas de juego, controlando las grandes confederaciones –desde 1998 la FIFA sólo conoce presidentes suizos– y organizando las ligas y torneos más rentables del planeta.
Sin embargo, en la última década, este mapa ha cambiado radicalmente en línea con la globalización en el control y la financiación del deporte rey. Un rediseño impulsado por dos grandes tipos de capital externo: el estatal con fines diplomáticos y turísticos, encabezado por los países del Golfo, y el financiero privado norteamericano, enfocado en el rendimiento y el potencial de los activos del fútbol, tal y como subraya el informe ‘Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas’, elaborado por World Football Summit con motivo del décimo aniversario de la celebración de su primer evento.
El colapso chino frente a la estrategia integral de la Saudi Pro League
En este periodo, no todos los proyectos estatales han sido exitosos. China intentó convertirse en superpotencia en 2015 a golpe de talonario, desembolsando traspasos récord para su Superliga e invirtiendo en el capital de una veintena de clubes europeos. Uno de ellos el Atlético de Madrid, donde Wanda fue accionista y se promocionó como primer title sponsor del Estadio Metropolitano. Sin embargo, en plena pandemia, el Gobierno chino cambió de idea, abogó por la contención y todo el proyecto se desmoronó. Quebraron la gran mayoría de los clubes profesionales, incluyendo el Jiangtsu Suning, propiedad del grupo Suning, el mismo que era dueño del Inter de Milán. En 2024, inmerso en graves problemas de liquidez, el holding chino perdió el control del campeón de la Serie A. El fondo estadounidense Oaktree se quedó con el equipo por apenas 395 millones por el impago del préstamo que concedió al club para sobrellevar la fuerte caída de ingresos generada por la Covid-19.
En el extremo opuesto se sitúa la estrategia de Arabia Saudí bajo el paraguas de Vision 2030. A diferencia de China, la apuesta del país del Golfo buscaba construir una industria sólida con una mirada a largo plazo. Tras la entrada del Fondo de Inversión Pública (PIF) como nuevo propietario de los cuatro grandes clubes del país (Al-Nassr, Al-Hilal, Al-Ittihad y Al-Ahli), la Saudi Pro League (SPL) no sólo atrajo a figuras como Cristiano Ronaldo o Karim Benzema, sino que desarrolló una estrategia para hacer global y atractiva la liga. El Al-Hilal fue vendido recientemente dentro de ese plan de crecimiento.
Omar Mugharbel, CEO de la SPL, explicó en WFS Riyadh 2025 algunos de los avances obtenidos en estos últimos años en materia de audiencias e internacionalización: la liga superó los 120 millones de visualizaciones en YouTube en sólo dieciocho meses, con emisiones en portugués para Brasil y en mandarín para China, mientras prepara también la oferta en español e indonesio. Cabe recordar que la liga saudí se puede ver en España a través de Movistar Plus+.
El ejecutivo español Esteve Calzada, CEO del Al-Hilal, participó en WFS Asia 2024, donde recordó que “en algunos otros países en el pasado hubo mucha inversión en jugadores, como en China, donde firmaron grandes nombres, pero eso por sí mismo no conseguía ninguna tracción”. “La razón (del éxito a futuro) es la pasión genuina de los aficionados”, apuntó.
La palanca del Mundial en el soft power
Al mismo tiempo, Arabia Saudí también arrancó a trabajar su exposición en el tablero internacional. En la Premier League, compró el Newcastle United a través de PIF, que también es socio de la FIFA. Aunque, si hay dos operaciones que muestran la fortaleza adquirida por el país árabe en el soft power (poder blando) del fútbol son la inversión de 1.000 millones de dólares en DAZN, el nuevo gran socio audiovisual de FIFA, y la entrada de Aramco, la petrolera nacional, como principal patrocinador del mismo organismo con un contrato de 100 millones de dólares anuales.
Estos acuerdos le permitieron sumar posiciones en la industria del fútbol e impulsaron su gran proyecto: el Mundial masculino de 2034. Este campeonato es, sin duda, el cenit de Vision 2030 en lo relativo al deporte. El roadmap para albergar el torneo incluye la construcción de hasta 11 estadios nuevos de primera categoría y 228.100 habitaciones de hotel repartidas por cinco ciudades. “La gente siempre viene a Arabia con una percepción y se va con hechos. Un Mundial en Arabia Saudí es una oportunidad para maximizar ese impacto”, aseguró Hammad Albalawi, director de estrategia y planificación del comité organizador del Mundial 2034, en WFS Europe 2024.
Anteriormente, también sacaron provecho de la palanca del Mundial otros países emergentes, y con ganas de influir en la geopolítica internacional durante la última década, como Brasil, Rusia y Qatar. Este último país tiene en Nasser Al-Khelaifi una figura clave de la gobernanza y la estrategia internacional del fútbol de la última década. El presidente del Paris Saint-Germain (PSG) y representante del país en sus inversiones deportivas a través de Qatar Sports Investments (QSI), asumió la presidencia de la European Football Clubs (EFC) –antigua ECA– tras el desafío de la Superliga europea. En ese momento su influencia creció todavía más e hizo valer la buena senda de su club, al menos en lo deportivo y estructural, para coger un asiento en la mesa que gobierna el fútbol. Este verano, con la crisis generada por Gianni Infantino y su intento de vender parte del negocio del Mundial a inversores privados norteamericanos, fueron muchos los que citaron su nombre como potencial relevo del suizo en la FIFA. Sin embargo, Al-Khelaifi –que controla el grupo de medios beIN Sports– asegura estar “muy feliz” en su actual cargo, por lo que seguirá ejerciendo su influencia desde un segundo plano.
La invasión estadounidense: una apuesta puramente comercial
Por otro lado está la hoja de ruta del capital norteamericano. En su caso, la visión de los inversores estadounidenses se ciñe a la parte comercial y de negocio. El fútbol se ha convertido en esta última década en unos de los activos más atractivos para el capital riesgo y eso se evidencia en las grandes ligas. En la Premier League, la Serie A y la Ligue 1, los propietarios norteamericanos ya son mayoría o se acercan a ella. Sólo Bundesliga, por su particular regla del 50+1, y LaLiga, que es más restrictiva en las finanzas y con propietarios ya consolidados en Primera División, sobreviven a la invasión yankee.
La MLS ha disparado su valoración con la llegada de Leo Messi y la estrategia nacional de hacer del soccer la tercera gran competición del deporte estadounidense, lo que ha generado que muchos inversores apuesten por Europa como un mercado maduro, controlado y, sobre todo, con un ticket de entrada más bajo que el de su liga local. Aunque al mercado la estabilidad es lo que más le importa –y eso lo ofrece el deporte norteamericano con sus ligas cerradas–, al capital norteamericano también le atrae el modelo escalable, deportivo y de negocio, del fútbol europeo.
El Wrexham AFC de los hollywoodienses Ryan Reynolds y Rob McElhenney es un claro ejemplo de éxito. En Europa “puedes conseguir que los clubes asciendan y crear modelos de negocio que realmente tengan sentido financiero”, aseguraba Jordan Gardner, inversor y actual presidente del consejo de administración del Kelty Hearts FC, en WFS Europe 2022.
En clave futura, los dos próximos Mundiales masculinos marcarán cómo navegará la industria del fútbol en la geopolítica internacional. El de 2030, por su descentralización, con sedes en España, Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay, lo que supone un reto mayúsculo y una macedonia de actores con intereses diversos, así como diferentes niveles de influencia en el ecosistema global del fútbol. Y, sobre todo, el Mundial 2034, porque marcará la capacidad de Arabia Saudí de rentabilizar en su casa, en su fútbol, su multimillonaria inversión en infraestructuras, clubes y visibilidad global.
Sobre ‘Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas’
Este análisis forma parte de la serie de contenidos elaborada a partir del informe Football 2016-2026: La década que reescribió las reglas, desarrollado por World Football Summit. Las claves de la influencia del fútbol fuera del césped será uno de los ejes centrales del programa de WFS Madrid 2026, que se celebrará los días 15 y 16 de septiembre en La Nave. Los lectores de 2Playbook tienen un 15% de descuento a través de este enlace.
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