El PGA Tour lanza un órdago a los golfistas que se marcharon al LIV Golf. El circuito norteamericano empieza a aceptar el regreso de golfistas que se marcharon al circuito saudí en los últimos años, pero con una serie de condicionantes. El primero en hacerlo es Brooks Koepka, que vuelve al PGA cuatro años después, pero aceptando “penalizaciones económicas” como parte de un nuevo programa de reincorporaciones, del que también podría beneficiarse Jon Rahm.
“Creo en la dirección que está tomando el PGA Tour con un nuevo liderazgo, nuevos inversores y un programa de acciones que les da a los jugadores una participación significativa en la propiedad”, ha explicado Koepka. El golfista norteamericano también ha reconocido comprender que “la decisión conlleva penalizaciones económicas y las acepto”. Por ello deberá hacer una donación de 5 millones de dólares (4,3 millones de euros) al circuito. Además, los que sigan su camino también se quedarán fuera del capital del PGA durante los próximos cinco años y no podrán acceder al programa de bonos de 100 millones de dólares (85,7 millones de euros).
El PGA Tour estima que Koepka perderá entre 50 y 85 millones de dólares (42,8 y 68,5 millones de euros) en posibles ganancias. “Significa una de las mayores repercusiones financieras en la historia del deporte profesional”, tal y como ha afirmado el consejero delegado del PGA Tour, Brian Rolapp.
El programa permite a los golfistas que han estado fuera del circuito por al menos dos años solicitar una reincorporación. Sin embargo, el programa solo está disponible para los que hayan ganado el Players Championship o uno de los cuatro Majors desde 2022. Es decir, esto abre la puerta para la vuelta de Jon Rahm, así como de Bryson DeChambeau y Cameron Smith.
Se desconoce si el golfista español seguirá el mismo camino que Koepka. Para ello tendría que renunciar a un contrato que le garantizó unos 525 millones de dólares (449,7 millones de euros) durante cuatro años. En el caso de Koepka, su contrato con el circuito financiado con capital saudí estaba valorado en 120 millones de dólares (102,8 millones de euros). Los golfistas que se reincorporen deberán competir en al menos 15 eventos del PGA durante 2026.
Ahora bien, el límite para unirse a este programa se cierra el próximo 2 de febrero, por lo que las próximas semanas serán claves para saber si las grandes estrellas del LIV Golf hacen el camino de vuelta al PGA Tour. A falta de entente entre los dos grandes circuitos, esta puede ser una de las últimas oportunidades de reunir a los mejores golfistas del panorama internacional bajo el mismo ecosistema. “Este plazo es único y definido, y no sienta precedente para situaciones futuras. Una vez cerrado el plazo, no hay garantía de que esta opción vuelva a estar disponible”, ha advertido Rolapp.
La guerra abierta entre el PGA Tour y el ambicioso proyecto del LIV Golf, impulsado por el fondo soberano de Arabia Saudí (PIF), ha marcado la actualidad de este deporte durante las últimas tres temporadas. Mientras se exploran vías de integración tras un preacuerdo firmado hace más de dos años, la falta de consenso sigue bloqueando el pacto final. Hasta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se involucró el pasado febrero, en su llegada a la Casa Blanca, en las negociaciones entre ambos circuitos para desencallar la situación y facilitar la fusión.
El circuito estadounidense rechazó el pasado abril una oferta de 1.500 millones de dólares (1.285 millones de euros) del fondo soberano saudí (PIF) para entrar en su negocio comercial. La negativa del PGA Tour, entre otras cuestiones, se debía al rechazo a que el principal ejecutivo del PIF, Yasir Al-Rumayyan, fuera copresidente del circuito unificado. También por las diferencias en la concepción del modelo competitivo. LIV Golf defiende una combinación de circuitos tradicionales individuales junto con su nuevo formato por equipos, mientras que PGA Tour buscaría únicamente un único enfoque, más tradicional.
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