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El Real Madrid busca un caballero blanco entre fondos internacionales que tumbe el tándem LaLiga-CVC

Key Capital, el principal asesor financiero del club y cerebro de la Superliga, sondea a grandes firmas de inversión para intentar que presenten una oferta más atractiva al fútbol español. Su único objetivo es demostrar que la valoración es baja.

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“La negociación se ha hecho sin un proceso competitivo”, denuncia El Real Madrid. “Ni siquiera muestra opciones entre más competidores para poder evaluar las ventajas y desventajas”, remacha el FC Barcelona. Y esa es la vía que a contrarreloj está intentando explotar Florentino Pérez para poder llegar a la asamblea del 12 de agosto con una oferta alternativa a la planteada por CVC para inyectar 2.700 millones de euros en el fútbol español. Una búsqueda de un caballero blanco que ha recaído en Key Capital, según confirman fuentes del private equity a 2Playbook.

La firma financiera es la que ha asesora históricamente al Madrid en todas sus grandes operaciones corporativas, y es la que en las últimas 72 horas ha estado llamando a grandes fondos internacionales en busca de una propuesta que presente un plan de negocio más favorable: mayor valoración, menos retorno exigido, menos tiempo en asociación.

Las conversaciones están siendo dirigidas por Anas Laghrari, hombre de confianza de Pérez, quien ha estado en contacto con fondos asiáticos y de Estados Unidos en busca de esa contraoferta. ¿El interrogante? Si aspira a que esa propuesta pueda materializarse de verdad o únicamente evitar que dos tercios de los equipos de Primera y Segunda División aprueben la denominada LaLiga Impulso. Aún le quedan 96 horas para lograr su cometido.

De momento, lo único que habrá sobre la mesa es una operación que valora la gestora del fútbol profesional español en 24.250 millones de euros, equivalente a 15,1 veces su ebitda en 2020-2021. El fondo tomará una participación del 10,95% del holding a la que se traspasará todo el negocio comercial de la competición, además de entrar con una cuenta en participación en el área audiovisual, cuyo control y poder de decisión seguirá estando en las oficinas del número 60 de Torrelaguna.

Pese a que el Barça mantuvo hasta siete reuniones con LaLiga y estaba al corriente de las condiciones del acuerdo (incluso había dado el sí), el mismo día que anunció que Leo Messi no continuaría también emitió un comunicado oponiéndose finalmente al plan. “Su importe no es congruente con los años de duración y quedan afectados una parte de los derechos audiovisuales de todos los clubes para los próximos 50 años”, criticó.

Su presidente, Joan Laporta, concretó algo más en la rueda de prensa que ofreció el viernes, asegurando que “no me pueden hacer aceptar una operación que pensamos que pagan una tercera parte de lo que nosotros creemos. Entiendo que algunos clubs lo acepten, pero nosotros somos el Barça”. Es decir, que en su opinión LaLiga debería estar tasada en 72.750 millones de euros, próxima a la capitalización bursátil que pueden tener multinacionales españolas como Iberdrola o Banco Santander, atendiendo al cierre del pasado viernes.

El Real Madrid, que calificó a CVC de “fondo oportunista”, no ha entrado a valorar las tasaciones, pero sí ha cuestionado que “las condiciones económicas pactadas con el fondo CVC le dan unas rentabilidades de más del 20% anual”. En cambio, desde LaLiga indican que la rentabilidad anual bruta para la firma de inversión, el denominado Wacc, es del 9,3%, por debajo de la tasa de descuento de entre el 10% y el 11% que suele aplicar el private equity a la inversión en negocios maduros.

Por ponerle números redondos, el retorno que aproximadamente podría obtener CVC a lo largo de todo el contrato ronda los 9.000 millones de euros; es decir, unos 180 millones por campaña. Con un matiz: se trata de un contrato de cuenta en participación, por lo que la firma sólo recibirá estos ingresos si efectivamente el negocio de LaLiga crece a los ritmos previstos durante las próximas cinco décadas. Es la misma fórmula que el Real Madrid utilizó con Providence, que ya ha puesto 250 millones en el área de patrocinios del equipo blanco y hoy tiene muy difícil recuperar su inversión.

Al margen de la valoración de los activos de LaLiga, el otro punto fuertemente criticado por Barça y Madrid es el de la duración del contrato, de cincuenta años. Según la junta de Laporta, es “inapropiado la firma de un contrato de medio siglo ante las incertidumbres que siempre rodean el mundo del fútbol”, posición compartida por su eterno rival y aliado desde el lanzamiento de la Superliga europea.

Y aun así, en la Superliga también se proponía una asociación que excede cualquier ciclo audiovisual, pues el compromiso que debían adquirir los equipos fundadores era por 23 años. Es el tiempo que exigía JP Morgan a cambio de poner sobre la mesa un préstamo inicial de 3.525 millones de euros, al que sumado los intereses permitirían al banco de inversión obtener 6.100 millones, según los documentos internos que desveló Der Spiegel en abril.

La arquitectura era muy similar a la planteada por CVC a LaLiga, en tanto que el banco adelantaba el dinero para las inversiones necesarias a cambio de una participación en los ingresos futuros; entre 100 millones y 350 millones de euros por equipo, con los dos españoles en la franja alta. Además, durante los primeros años de explotación del torneo, ambos tenían garantizado un fee adicional de 30 millones cada uno.

El paso previo era que los quince clubes fundadores (incluidos de inicio Barça, Madrid y Atlético de Madrid) mejoraran sustancialmente sus ingresos respecto a lo que les ofrece la Uefa Champions League. El plan de negocio de Key Capital y Florentino Pérez aseguraba que el nuevo proyecto generaría 4.000 millones de euros por temporada, de los que 264 millones irían directos a las arcas de JP Morgan y, descontados los costes de organización, quedarían 3.146 millones a repartir.

¿Cuál es la diferencia, entonces? Que los protagonistas de El Clásico sí consideran que el futuro de la industria del fútbol pasa por un torneo que blinde la presencia continua de las grandes franquicias del continente porque, bajo su prisma, es lo que permitirá atraer a una audiencia joven que cada vez tiene más propuestas alternativas de entretenimiento. Ahí sí están dispuestos a ligarse a largo plazo (es más, ya lo han hecho y son los únicos que siguen junto a la Juventus), por lo que consideran que un plan a cincuenta años con LaLiga puede comprometer su devenir futuro.

Pese al frenazo inicial de la operación Superliga, los tres promotores que aún permanecen han ido logrando esquivar las sanciones de la Uefa amparándose en los tribunales españoles. Es un tiempo necesario para la negociación en la que Pérez aspira a tener voz y voto, después de que el regulador haya dejado claro que sólo conversará sobre el futuro del sistema de competiciones de clubes con la Asociación Europea de Clubes (ECA). Esta, nuevamente vuelve a estar bajo la influencia del Bayern de Múnich y, paradójicamente, el Paris Saint-Germain (PSG), los únicos dos gigantes del fútbol que rechazaron entrar oficialmente en la Superliga desde un inicio.

Porque, si hay algo que demuestran todos estos movimientos, es que la reestructuración de la pirámide competitiva está en marcha y en los próximos meses deberán buscarse acuerdos para esa reordenación. Y LaLiga, con la colaboración de CVC, claramente ha lanzado el mensaje de que ellos como liga nacional no cederán terreno. El dinero lo mueve todo, y eso ya lo vio el Big Six de la Premier League, los primeros en borrarse si el macroplan de Pérez exigía unilateralidad e incertidumbre frente a la certeza de que el fútbol inglés hoy es lo más rentable.

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