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Fuerza, recuperación y prevención: así se supera el inicio de temporada en el baloncesto

En las primeras jornadas, los jugadores acumulan entrenamientos y partidos después de meses fuera de la competición. En esta fase, pequeñas molestias o una recuperación insuficiente pueden convertirse en un problema mayor si no se detectan a tiempo.

NP Quirónsalud se suma al inicio de la temporada acb como Proveedor Médico Oficial de la Supercopa Endesa Badalona 2026

Las primeras jornadas de Liga Endesa no solo son una tarjeta de presentación de los nuevos equipos y plantillas, sino que para el jugador suponen un cambio brusco en su organismo. Después de meses de preparación, el calendario introduce de golpe una elevada combinación de partidos, entrenamientos y desplazamientos. La clave no está únicamente en entrenar o descansar más, sino en gestionar de manera individualizada la carga, detectar las señales de fatiga y atender las pequeñas molestias antes de que se conviertan en lesiones que obliguen al jugador a parar. 

En el baloncesto, esa exigencia física se mide en algo más que  en minutos de juego. Cada encuentro combina aceleraciones, frenadas, saltos, aterrizajes, contactos y cambios de dirección que requieren una elevada capacidad muscular y neuromuscular. Cuando estos esfuerzos se repiten sin una recuperación suficiente, la fatiga puede acumularse y afectar tanto al rendimiento como a la capacidad del jugador para tolerar nuevas cargas. 

Como proveedor médico oficial de la ACB en todas sus competiciones, Quirónsalud contribuye al cuidado de la salud de los deportistas también a través de la actividad de sus hospitales, que prestan servicio médico oficial a muchos de los clubes. 

 

De la carga competitiva a la fatiga

El comienzo de temporada es una fase de adaptación. Después de meses de preparación progresiva, el jugador pasa a encadenar esfuerzos intensos y situaciones competitivas que exigen repetir acciones explosivas, mantener la coordinación y tomar decisiones con rapidez incluso cuando aparece el cansancio.

“Cada sesión genera una cierta fatiga y un grado de estrés fisiológico. Se producen alteraciones transitorias en la función muscular, se consumen reservas energéticas y se acumula daño muscular microscópico. También se exige mucho al sistema nervioso”, explica el doctor Enrique Puche, especialista en cardiología y experto en medicina deportiva del Hospital Quirónsalud Málaga, servicio médico oficial del Unicaja Baloncesto.

Esta respuesta es normal y forma parte del proceso de adaptación. El problema aparece cuando el siguiente esfuerzo llega antes de que el organismo haya recuperado suficiente capacidad para afrontarlo. Además, no todos los jugadores soportan la misma carga de la misma manera. Por eso, el seguimiento debe ir más allá del número de minutos o de las sesiones realizadas.

 

 

“La clave está en detectar tendencias, no en alarmarse por una medición puntual”, señala Puche. Una mala noche o un día de cansancio no indican necesariamente un problema. Sin embargo, si durante varios días coinciden una fatiga creciente, un deterioro del sueño, una mayor percepción de esfuerzo y una caída del rendimiento, conviene revisar la carga y valorar si es necesario introducir ajustes.

El objetivo del seguimiento es evitar que la fatiga se acumule sin control. Para ello, la comunicación entre el jugador, los preparadores físicos, los fisioterapeutas, el equipo médico y el cuerpo técnico resulta esencial.

 

Recuperar también es entrenar

El entrenamiento proporciona el estímulo, pero la recuperación permite al organismo adaptarse a él. Por eso, entrenar más no significa necesariamente mejorar más. Si los esfuerzos se encadenan sin suficiente descanso, la fatiga puede terminar comprometiendo tanto el rendimiento como la disponibilidad del jugador para los próximos compromisos. 

En este proceso, el sueño ocupa un lugar central. La recuperación neuromuscular, la regulación de diferentes procesos fisiológicos y la capacidad de mantener la atención y la toma de decisiones dependen de un descanso adecuado. Los partidos que terminan tarde, la activación física y emocional posterior a la competición, las llegadas de madrugada y los entrenamientos tempranos pueden reducir el tiempo disponible para dormir.

 

Entrenar más no significa mejorar más. Si los esfuerzos se encadenan sin descanso, la fatiga puede terminar comprometiendo el rendimiento

 

Para un deportista adulto, lo recomendable es dormir entre siete y nueve horas, aunque las necesidades individuales pueden ser mayores en periodos de entrenamiento intenso o competición frecuente. Más allá de dormir el número adecuado de horas, también importa la calidad del sueño, la regularidad de los horarios y la sensación de recuperación al despertar. Además, el descanso tampoco se limita a dormir. La alimentación, la hidratación y una planificación adecuada de las sesiones forman parte del mismo proceso. 

Por eso, la recuperación debe planificarse con el mismo rigor que el entrenamiento. El jugador que ha disputado muchos minutos puede necesitar una estrategia distinta a la de quien apenas ha participado. Del mismo modo, una semana con varios partidos y desplazamientos debe contar con una planificación especial. 

 

 

Cómo detectar las molestias antes de convertirse en lesiones

Una de las dificultades de la prevención es distinguir entre las sensaciones habituales después de un esfuerzo intenso y las señales de que puede estar apareciendo un problema físico. El doctor Diego Giménez, jefe de traumatología del Hospital Quirónsalud Murcia que ejerce como servicio médico oficial del UCAM Murcia CB de la Liga Endesa, asegura que le preocupa especialmente “el dolor que aparece durante el ejercicio y que cambia el gesto. El jugador que empieza a correr distinto, que salta con una pierna más que con otra o que evita un cambio de dirección”.

También conviene prestar atención a las molestias que aparecen repetidamente en la misma zona y cada vez lo hacen antes, a la hinchazón, a una rigidez que no desaparece o a una pérdida de fuerza respecto al nivel habitual. En los tendones, la rigidez matutina o la molestia al tocarlos pueden ser señales tempranas de sobrecarga. 

Hay otros avisos menos evidentes. Las piernas pesadas durante varios días, la sensación de no recuperar entre sesiones, dormir mal, la irritabilidad o la pérdida de motivación pueden reflejar una acumulación de carga. La recomendación es actuar antes de que la molestia limite de forma importante la actividad. “Terminar el entrenamiento a toda costa es la forma más rápida de convertir una molestia en una baja”, advierte Giménez. La prevención no elimina por completo el riesgo de lesión, pero permite identificar situaciones que requieren una respuesta antes de que se agraven y una pequeña molestia se acabe convirtiendo en una baja de larga duración. 

 

 

La fuerza se trabaja durante toda la temporada

La preparación muscular es otra de las piezas esenciales para que un jugador de baloncesto afronte los desafíos de la temporada. Los músculos y los tendones deben tolerar saltos repetidos, aterrizajes, contactos, aceleraciones, frenadas y cambios de dirección. Para responder a estas demandas, no basta con llegar en buenas condiciones al inicio de la liga, sino que es necesario mantener la capacidad física a lo largo de toda la temporada. 

“Todavía hay quien ve la fuerza como algo de pretemporada, y es un error. Mantenerla durante la competición es parte del cuidado del jugador”, afirma Giménez. Los programas preventivos pueden combinar fuerza, equilibrio y agilidad. 

La estrategia sí que debe cambiar a medida que avanza la temporada. Durante la pretemporada se construye una base física que permita tolerar las exigencias posteriores. Una vez iniciada la competición, el objetivo es mantener la fuerza y la potencia con un volumen de trabajo compatible con los partidos. 

 

 

Esta planificación también debe ser individual. Un jugador con antecedentes de lesión puede necesitar un trabajo específico, mientras que otro puede tolerar mejor determinadas cargas. No se trata de entrenar siempre al máximo ni de eliminar el trabajo físico cuando empieza la liga. Se trata de encontrar la dosis que permita mantener las capacidades necesarias sin añadir una exigencia innecesaria.  

Para Giménez, es fundamental “gestionar la carga durante meses, en lugar de reaccionar únicamente cuando aparece una lesión”. Eso implica evitar esfuerzos innecesarios, mantener el trabajo de fuerza con una dosis compatible con los partidos, escuchar las sensaciones del jugador y entender que dormir, alimentarse bien, hidratarse y descansar también forman parte del entrenamiento.

El doctor Puche concluye que “lo que buscamos es que el deportista disponga de tiempo y recursos suficientes para recuperarse y adaptarse antes de volver a afrontar una exigencia similar”.

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